Vicente Barrera y su época

por | 27 Jul 2011 | La Tauromaquia de los grandes maestros

El autor añade: "Nunca presumió de valiente, pero lo fue. Su cabeza, despierta e inteligente, le hizo conocer pronto el instinto, vicios y cualidades de los toros. Su toreo, en fin, reunió todas las cualidades necesarias para ser figura de su época. Y lo fue".

Vicente Sobrino recuerda que “cuando Vicente Barrera toma la alternativa, en 1927, la tauromaquia centra sus valores en toreros como el Niño de la Palma, Antonio Márquez, al que llaman el “Belmonte rubio”, Marcial Lalanda, Cagancho, Chicuelo, Gitanillo de Trina, Félix Rodríguez y el mexicano Armillita, Y, además de todos ellos, Juan Belmonte que, precisamente le concedería la alternativa al valenciano. Pero el llamado “Pasmo de Triana” está en orilla distinta al resto, No cuenta, desde luego, en la manada de toreros que intentan ocupar la primera fila. De todo ese abanico de lidiadores, Marcial Lalanda es el gran jefe. Desde la muerte de Joselito, primero, y Granero, después, es el torero de Vaciamadrid quien ejerce el mando dentro y fuera del ruedo”.

 
“En los tres primeros años de alternativa –continúa narrando–, Barrera toma posiciones para un despegue posterior. Su pronta madurez y regularidad en el ruedo, le hizo avanzar sin excesivos problemas dentro de un entorno de toreros de estilos opuestos al suyo. Cagancho, Gitanillo, Chicuelo, Félix Rodríguez, incluso el azteca Armillita, son claro exponente del toreo artista. De pellizco. De impronta genial, pero de ciertas limitaciones en actitud. No obstante, Barrera, la tarde de su confirmación, sufre en sus carnes la gozosa reacción del público madrileño, cautivado sin condiciones por un genial Chicuelo. Ese día el sevillano inmortaliza a “Corchaito”, de Graciliano Pérez Tabernero, Más Barrera es toreo de largo recorrido. Y tras aprobar con nota alta sus primeros años de matador, le llega su mejor época a partir de 1930. Aparecen entonces Manolo Bienvenida, matador de toros en 1929, y Domingo Ortega, con alternativa a principios de 1931. Barrera, Bienvenida y Ortega son los tres tenores de la que dio por llamarse “edad de plata del toreo”. Con Bienvenida y Ortega en los ruedos, Barrera alcanza la plenitud. Son los dueños de una situación en la que Marcial Lavanda, amo y señor de la década anterior, se ve arrollado por la fuerza juvenil de la terna de moda”.
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