Valor a espuertas del colombiano Sebastián Ritter, con una pésima novillada de Carmen Segovia

por | 27 May 2013 | Temporada 2013

MADRID: Decimo novena de abono. Casi dos tercios de entrada. La fuerte tormenta caída antes del festejo, dejó el ruedo en mal estado. Novillos de Carmen Segovia muy desigualmente presentados y de mal juego. Tomás Campos (de nazareno y oro), silencio tras aviso y silencio. Curro de la Casa (de burdeos y oro), palmas tras aviso y silencio tras dos avisos. Sebastián Ritter (de azul celeste y oro), silencio y palmas tras aviso.

La novillada de Carmen Segovia era, realmente, una novillada; es decir, no se trataba de esas novilladas que han solido salir en Las Ventas que eran absolutamente desproporcionadas  y que en más de media España pasarían por corrida de toros y además de las serias. Pero no fue brava, sino todo lo contrario: de muy escaso juego, con las caras siempre por las nubes, con cabeceo permanente y sin un solo recorrido con claridad y clase. Ni los espadas que actuaron esta tarde, ni otros que se pusieran en su lugar, tenían el menor margen para cuajar esa tarde que de seguro habían soñado para su paso por la feria más importantes del año taurino.

La tarde no fue afortunada, desde luego. Pero tampoco indiferente. Para el aficionado tuvo sus cosas a valorar. Lo que no podía tener eran esas decenas de muletazos amontonados con mayor o menor interés.

Y así, por ejemplo, tuvo su interés el colombiano Sebastián Ritter. Había defraudado mucho su paso por Sevilla, pero en Madrid fue otra cosa.  Por lo pronto maneja bien el capote, con variedad y con templanza. Y con la muleta, si se permite la expresión, es un torero con el sello de Antonio Corbacho: quietud extrema, impávido ante los parones y sacándose a los enemigos por sitios inverosímiles. Y todo eso sin un gesto extraño, sin alocamientos. Su faena ante el 6º, uno de los de más trapío del conjunto, tuvo valores muy estimables. Y si lo llega a matar, con toda justicia habría paseado una oreja. Este no era el torero que se vio en la Maestranza.

Desde luego poco se le pudo ver en esta tarde a Tomás Campos, que abría la terna. Pero si dejó claro que tiene un innegable sentido del temple, dentro de un de toreo recio. Su lote fue, sencillamente, imposible. Su crédito sigue abierto, como abierta sigue teniendo la asignatura de la espada.

Completaba la terna Curro de la Casa. A parte de no echarse para atrás frente a las dificultades de sus dos enemigos, dejó destellos a recordar. Por ejemplo, su forma de pasar con muleta a su primero, aunque fue imposible la ligazón.  Con su primero dejo, además, una excelente tanda de naturales. También el de Guadalajara tiene que sin superar la asignatura de la espada, que por poco hace que le manden al corral a su segundo. Habrá que volverlo a ver en mejores circunstancias.

Pero, como resulta evidente, el resultado final de la tarde no puede ser satisfactorio. Sobre todo para los toreros, que esperarían otra cosa buen distintas. Sin embargo, con lo que mandó doña Carmen Segovia poca tela había que cortar.

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Taurología

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