Urdiales se consagra en Bilbao con una faena grandiosa

por | 29 Ago 2015 | Temporada 2015

BILBAO. Sexta de las Corridas Generales y octava del abono. Algo más de media entrada.  Toros de Alcurrucén, bien presentados y de muy guapa lámina, desigual en su juego, con ejemplar magnífico que fue el 4º. Diego Urdiales (de grana y oro), una oreja y dos orejas. Sebastián Castella (de tabaco y oro), ovación y ovación. Miguel Ángel Perera (de pizarra y oro), palmas y ovación. Diego Urdiales salió a hombros por la Puerta Grande.

Acudamos a la expresión del viejo torero: “Así se torea, sí señor”. Como en la tarde de este 29 de agosto ha hecho Diego Urdiales en el ruedo de Vista Alegre ante dos toros con el hierro de Alcurrucén. Qué lección tan magistral, tan rotunda. Cuánta verdad en todo lo que ha hecho. No estará en ese carrusel –preñado de intereses, por cierto– del círculo de los oficialmente elegidos; le cuesta un mundo torear con más frecuencia, porque las empresas lo aparcan a la vera del camino; pero puede afirmarse que resulta extremadamente difícil encontrar en todo el escalafón un torero que haga el toreo con la pureza, la hondura y la autenticidad de este Diego Urdiales.

En todas las artes grandes se observa como su sublimación nace de su propia sencillez, no de lo rebuscado e incluso de lo obtuso. Basta darse una vuelta por el Museo del Prado, por ejemplo. Esa y no otra resulta ser  la características esencial que define precisamente a la concepción del toreo que desarrolla Urdiales, que no necesita de recreaciones ni de originalidades, se basa en el toreo de siempre, en  el toreo eterno. No hay más que volver a revivir su faena con ese magnífico toro que atendía por “Favoriito”. Aquello fue un conjunción perfecta del temple, con el poder y la hondura, ateniéndose en toda su pureza a los cánones propios del arte tal como siempre lo han entendido los grandes maestros.

No había destacado especialmente “Favorito” en los dos primeros tercios. Pero en cuanto Urdiales le puso la muleta por abajo, sacó todo lo muy bueno que llevaba dentro. Así se sucedieron las series sobre una y otra mano. Muy de verdad, citando dándole el medio pecho al toro, echándole la muleta a los morros suavemente, para luego traerlo lentamente dominado por abajo hasta muy atrás, sin descomponer la figura, ni descargar la suerte. No necesitó de más, de ninguna suerte de reolinas encadenadas, ni de pases de nueva invención, ni de eso que ahora llaman “arrimones”;  le bastó su pura sobriedad y su toreo auténtico para provocar una explosión de emoción a los tendidos, la mayor que se ha producido en estas Corridas Generales. Luego se entretuvo, marcando bien la suerte, en recetarle un estoconazo en la yema, de la que el de Alcurrucén rodó patas arriba. Y ya fue la locura, tanta que hasta don Matías sacó en simultáneo los dos pañuelos blancos. Respetando la opinión en contrario, ha sido la faena de la feria y una de esas 3 ó 4 verdaderamente importantes de esta temporada que se recordarán así que pasen los años.

También el riojano dejó momentos excelentes con el toro que abría plaza, que tenía sus peplas, porque protestaba en cuanto no se le mantenían las distancias exactas que quería, como muy a regañadientes aceptaba el cuarto muletazo de una serie. Pero Urdiales se impuso con decisión y el de Alcurrucén acabó por entregarse. Otra buena estocada completó el cuadro para que pudiera pasear una oreja.

Después del soberano guantazo que supuso la corrida de Bañuelos, el sexteto que la Casa Lozano trajo a Bilbao parecían para una exposición. Con todo su trapío de toros de Bilbao, qué seis ejemplares más guapos. Muy diversos da capa y todos en el filo de los 550 kilos. Como esto no es una naranja mecánica, luego cada uno salió con sus propias características. Salvo el 3º y el 6º –el lote de Perera–, que fue el malo del reparto, todos se dejaron hacer, cada cuál a su modo y a su medida. Dicho quedó la excepcional calidad de “Favorito”, ninguno de sus hermanos llegó a su altura, pero se podían manejar, aunque no regalaban comodidades, pero cuando iba muy sometidos seguía los engaños, bien que de forma desigual. Quizá pudieron dar mas juego 2º y 5º si no hubieran sido picados con tan poca fortuna. En cualquier caso, más fáciles o más complicados, toda la corrida permitió que la tarde tuviera su emoción y que el personal no tuviera que mirar el reloj.

Sebastián Castella, que reaparecía después de la lesión en El Puerto, dejó constancia de la buena etapa que atraviesa. Se le vio poderoso a la hora de someter a su primero, aunque la limpieza de los muletazos fuera desigual, lo mismo que su enemigo. Calidad tuvieron buena parte de sus series con el 5º, especialmente sobre la mano derecha, pero supeditado por las informalidades del “alcurrucén”, que unas veces iba más largo y otras protestaba. A ambos los mató con limpieza.

También Miguel A. Perera sacó a pasear su firmeza ante los toros, su afán por no dejarse ir la tarde, que el sorteo no le puso fácil. De hecho, apenas lee permitieron esbozar sus conceptos del toreo. Otra cosa no era posible, para disgusto del torero extremeño.

Nota al margen
Al no estar repuesto de la lesión que sufre Antonio Ferrera, la Junta Administrativa ha contratado para su sustitución a Rafael Rubio "Rafaelillo", que formará terna con Manuel Escribano y Paco Ureña para la lidia de la corrida de Victorino Martín en la última de feria.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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