Una semana para preparar dos citas importantes: el 17, en el SIMA; el 18, en la Comisión Ejecutiva

por | 10 Feb 2014 | Reportajes

Dentro de una semana –exactamente el próximo lunes día 17–  concluye el plazo dado por el Servicio Interconfederal de Mediación y Arbitraje (SIMA) para que la mesa negociadora alcance un acuerdo sobre el Convenio Colectivo Nacional Taurino. Y para el día siguiente, el martes 18, está prevista la reunión de la Ejecutiva de la Comisión Taurina, la primera que se celebra con el Pentauro aprobado. Se viven, pues, los prolegómenos de dos citas que pueden resultar con algún grado de trascendencia  para la Tauromaquia.

Nada se sabe acerca del desarrollo de las negociaciones sobre el Convenio. Y eso no es, en principio, mala noticia: quiere decir que las partes siguen hablando y que nada ha hecho, por el momento, que alguno se levante de la mesa. La experiencia en este tipo de reuniones enseña que cuanto menos ruido extraño tengan alrededor, más fácil resulta que dentro de la sala de reuniones  lleven a buen puerto un acuerdo.

Pero dentro de unos pocos días saldremos de dudas. Y así sabremos si, al final,  prospera la fórmula del convenio hasta ahora tradicional a tres bandas; si se impone, como quiere la patronal, la de dos acuerdos diferenciados: los matadores con sus cuadrillas por un lado y los empresarios y los matadores por otro; o si, sencillamente, se mantiene el desacuerdo y tiene que intervenir el SIMA.

Mientras  tanto, vamos a dejarles trabajar tranquilamente, que ya llegará el momento de valorar los resultados finales. Eso sí, por el bien de todos deseemos que de estas reuniones salga una solución, la que sea, pero que resulte estable y duradera.

También sin ninguna información preliminar –aunque en este caso entran bastantes dudas de si es realmente lo mejor– se prepara la reunión de la Ejecutiva de una Comisión que a ciencia cierta no resulta fácil de calificar: en realidad, viene constituyéndose y operando con arreglo a la orden ministerial de ECD/1000/2013, de 4 de junio, propia de la antigua Consultiva; pero esta norma no le faculta para adoptar ninguna decisión de carácter ejecutivo, que es precisamente la novedad incorporada por la actual Ley en la ahora denominada Comisión Nacional de Asuntos Taurinos.

Por eso, hoy  es el día en el que no se sabe si en esta ocasión se hará de acuerdo en la nueva condición de Comisión Nacional de Asuntos Taurinos –lo que reglamentariamente sería dudoso, si es que antes el BOE no nos da una sorpresa–, o seguirá manteniendo el régimen competencial y composición de la antigua Comisión Consultiva, que está derogada con la entrada en vigor de la nueva Ley.

Como la Comisión en vigor es la de Asuntos Taurinos, que sin embargo tiene pendiente su desarrollo normativo, lo que en cualquier caso no pueden ejercer los reunidos –se llame como se llame a la sesión– son unas facultades ejecutivas que aún no están definidas, y para las que, además, no están habilitados: se le habilitó como consultores, no para otra cosa.

Es comprensible que para el ministerio de Educación, Cultura y Deportes no resulte fácil entrar en este cierto galimatías y proceder a establecer el nuevo estatus de la Comisión, porque en ese empeño tiene muchas teclas que tocar. Entre otras cosas, porque tiene que hacer el verdadero milagro de la cuadratura del círculo: reducir el número de integrantes, mantener los grados necesarios de su representatividad real y formar un conjunto verdaderamente operativo, para que, además, “todos queden contentos”, sin todo lo cual corre el peligro cierto de resultar un intento fallido, o al menos de tener unos dudosos apoyos en la realidad taurina.

Si acudimos al viejo dicho del pensador, cuando se trata de hacer todas esas cosas a la vez se quedarán a un paso de incurrir en una contradicción en sus propios términos. Y es que se trata de cuatro elementos que reunidos en uno sólo sin ningún genero de matización,  no resultan fáciles de compaginar, salvo que se acuda al malhadado “dedazo”, que no es solución, sino más bien  todo lo contrario. Circunstancialmente, además, no parece que ese sea el modo de actuar del actual Departamento que lleva los asuntos taurinos. Cabría pensar que para los dirigentes públicos la obligación de salvar estas dificultades, como diría el castizo, “entra dentro del sueldo”; pero eso no deja de ser un criterio de muy poco recorrido.

Pero, en otro ámbito, si se trata de poner en marcha el Pentauro sin mayores dilaciones, que la cosa no anda como para gastar el tiempo en reuniones de café, carece de sentido hacerlo desde un organismo no debidamente constituido en su condición ejecutiva, de acuerdo con el espíritu y la letra de la Ley vigente.

Sin  embargo, como en la vida todo se vuelven matices, a todo lo anterior cabe una salvedad bastante razonable: que la reunión de la Ejecutiva –que en simultáneo está en el paradójico proceso de desaparición y de reconstitución en cuanto se refiere a su composición y  competencias–, se haga, precisamente, para informar y pedir aportaciones acerca  de cómo debe regularse la Comisión futura, que será de nueva planta.

Se trata de una salvedad que no hay que descartar, entre otras cosas porque nada hay más contraproducente –sobre todo en los asuntos públicos– que los interesados se enteren que ya han dejado de serlo por las páginas del BOE, sin que nadie les haya advertido antes. Los tiempos no parece vayan por semejantes usos.

Pero, además, sería bastante oportuno que la reunión que ahora se anuncia para el día 20 se dedique, precisamente, a esa tarea –que no es pequeña, ni marginal– del diseño de la Comisión naciente, haciendo una primera lectura de lo que será la futura Orden ministerial que está pendiente de dictarse. Por un lado, los integrantes de la Ejecutiva saliente tienen la experiencia acumulada en estos meses de trabajo; sería contraproducente y casi un despilfarro no aprovechar sus sugerencias nacidas de la práctica. Pero, por otro lado, son buenos conocedores de una materia difícil y muy ajena a lo político: cuáles son los criterios más sólidos para garantizar que quienes, dentro del mundo taurino, sean llamados a colaborar con la nueva Comisión Nacional tengan la condición inexcusable de ser realmente representativos –-no sólo en términos nominales o estadísticos– de los distintos sectores.

Cumpliendo estos dos objetivos la reunión de la Ejecutiva, con independencia del apellido que se le coloque, habría cumplido la más importante misión, desde que se reconstituyó: dar paso a un nuevo organismo comúnmente consensuado. Y eso en la esfera de la Tauromaquia constituiría todo un hito, un algo nunca visto.

Nota al margen
En ocasiones las cuentas se hacen un poco al tran-tran. El “paro estacional” de la Consultiva va de 1998 hasta febrero de 2013, esto es: 15 Ejercicios. Y a la hora de decidir quien fue menos diligente en convocarla, la realidad es que las responsabilidades se reparten casi a partes iguales: desde el 1998 –cuando se reunió la Consultiva con Mayor Oreja como ministro– hasta abril de 2004 gobernaba el PP; entre 2004 y 2011, lo hizo el PSOE; entre diciembre de 2011 y hasta febrero de 2013 –que es cuando se “reconstituyó”–, de nuevo el PP. 

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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