Una noble corrida de Jandilla, una terna con entrega

por | 26 Ago 2015 | Temporada 2015

BILBAO. Segunda de las Corridas Generales y cuarta de abono. Algo menos de media plaza. Seis toros de Jandilla, sin remate los cuatro primeros y con más cuajo los dos últimos, todos de buen y variado juego, con excepción del 2º.  El Presidente decidió que se le diera la vuelta al ruedo al 4º. Juan José Padilla (de grana y oro con cabos negros), ovación y vuelta tras aviso. Manuel Jesús “El Cid” (de marino y oro), silencio y una oreja tras aviso. José Garrido (de fucsia y oro), una oreja y ovación.

Además de lo muy participativo que estuvo toda la tarde el ganadero desde el callejón, en una actitud bastante impropia, mucho se hablará de la corrida que con el hierro de Jandilla se ha lidiado en la segunda de estas Corridas Generales. No le van a faltar críticas, entre otras cosas porque hubo cuatro reses sin la presentación mínima que se supone que exige Bilbao, aunque se taparan con la cara algo ofensiva. Pero debe reconocerse que, si exceptuamos al que hizo 2º –de mal juego y el de menor trapío–, el conjunto derrochó nobleza y clase, en sus diferentes variantes. Y así, el 3º, que metía con muy buen son la cara, era un toro muy exigente y con sus complicaciones, al que había que poderle; excelso de nobleza resultó el 4º, un lujo de toro; de bravura y entrega el 5º; de muy suaves embestidas el que abrió plaza y con calidad pero carente de fondo el 6º, que se acabó en un suspiro.

Borja Domecq  quería el indulto para el 4º, como se enteraron hasta los que estaban en el graderío alto. Lo que pasó es que solo lo pedía él, ni el torero hizo el menor amago a este respecto. No se puede dudar que a la muleta llegó con gran nobleza y clase este “Ferretero”, con un galope magnífico;  pero no ocurrió igual durante el primero tercio. Y en una plaza de primer orden, parece poco razonable un indulto cuando la suerte de varas tuvo que ser prácticamente simulada. Para los muy quisquillosos sólo queda una duda y lo es por comparación: si se acepta como bueno y proporcionado –que se acepta– el criterio presidencial de decretar la vuelta al ruedo para este toro, ¿por qué no decretó otro tanto con el soberbio “Malvarroso” que echó el lunes Moisés Fraile?. Pero lo dicho, esos son matices para los quisquillosos.

En cualquier caso, perteneciendo al género al uso de “los toros que no molestan” que salen a diario por las ferias, los de Jandilla tuvieron un plus mayor de interés para los aficionados. Y desde luego, encantaron a los espectadores, que con toda lógica se fijan menos en la suerte de varas –que esta tarde no existió– o en ese pequeño detalle del remate de los toros.

Sentado todo lo cual, comencemos por lo más paradójico: Juan José Padilla con un lote de ensueño para el torero se fue de vacío. Dicho así, en frío, resulta una verdad que a la vez encierra una mentira. Se fue vacío si miramos al dichoso marcador; pero convenció a todos con su forma templada de torear. El origen de la esta paradoja se encuentra en su mal uso de la espada en los dos toros. Pero a ambos los toreó con un temple y una cadencia de excelente nota, muy por encima de lo que luego se le ve en otras plazas. Un taurino diría con toda propiedad que el jerezano “se gustó”, porque en el ruedo bilbaino dejó series templadísimas, ligadas y con hondura.  Incluso se esmeró, sin alardes, en los dos tercios de banderillas y sus lances de recibo al que abría plaza tuvieron usía. Una de las tardes más rotundas de Padilla, si no fuera por esa dichosa espada…

Noticia muy grata de reseñar: “El Cid” se reencontró consigo mismo, con su sentido del temple, con su hondura, pasando de muleta al buen 5º. Los aficionados desearíamos que con este “Engorroso” –que de tal no tuvo nada–  el torero haya vuelto a cogerle el sitio a los toros, ese sitio que hace unas temporadas le quitó una dura cornada. Y es que en su estilo y en su aire, cuando “El Cid” le echa la muleta a los morros y trae a su enemigo despaciosamente y por abajo, es toda una bendición, una  belleza. Justo y bien ganado el trofeo que le concedió don Matías. Con su primero, el ya referido 2º de tan poco juego,  Manuel Jesús no se anduvo con contemplaciones y visto lo visto optó por abreviar, como era de toda lógica.

Recibido con un cariño manifiesto tras su apoteosis novilleril del pasado año, a poco supo la actuación de José Garrido: después de su firmeza y su torería con el exigente 3º, todos estaban a la espera de que el 6º respondiera unos mínimos para que el extremeño le formara un lío. No pudo ser, el ultimo de “jandilla” dimitió de todos su cargos nada más iniciarse el último tercio.

Pero con el 3º , cuya faena de muleta principió con un airoso farol de rodillas, dejó expuestas con toda claridad las sólidas razones que le dan derecho a reclamar un sitio en los carteles. Tiene Garrido un corte hasta exquisito en el manejo del capote. Muestra de ellos fueron la docena de lances excelentes, varios de ellos para hacer un cartel, con los que recibió al que cerraba plaza. Pero luego, cuando llega la hora de la muleta y la espada conjunta con una gran capacidad los terrenos que pisa, la firmeza de sus zapatillas y la estética en el movimiento de los brazos y la cintura para manejar las telas. Pese a las brusquedades que sacaba en ocasiones su enemigo, ante este 3º se pudo ver a torero muy suelto, con la cabeza clara y el corazón en su sitio. Por eso llegó con tanta fuerza a los tendidos. Bilbao, en fin, no ha hecho más que confirmar lo mucho que se espera del torero extremeño.

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Taurología

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