Una miurada con menos burbujas de las habituales

por | 10 Jul 2011 | Temporada 2011

PAMPLONA. Sexta del abono de San Fermín. Lleno. Toros de Miura, de excelente presentación y con las características propias de la casa. Juan José Padilla (de azul Bilbao y oro), silencio y ovación. Rafael  Rubio “Rafaelillo” (de grosella y oro), un  aviso y silencio. Serafín Marín (de rosa y oro), palmas y silencio.
 
Después de un encierro rápido y limpio, sin más incidencias que las inevitables contusiones,  quien no estuviera informado del cartel no necesitaba pedir explicaciones; nada más asomar la cara por la puerta de toriles, ya dejaban ver su carnet de identidad. Toros de trapío considerable, con caras abiertas y fuertes, largos y musculados y con  flexibilidad en el cuello. Todos se dejaron pegar fuerte en el caballo, pero luego en la lidia tuvieron un cierto punto de decepción. Que un “miura” embista cansino, aunque sea con poco viaje, nunca está en  el programa de estas tardes. Los más típicamente “miuras” fueron los dos últimos, que tenían muy vivo todos los espíritus de Zahariche. Para el torero, el  más potable fue el cuarto, con algo más de recorrido.
 
Pero en el ánimo estaba que íbamos a la miurada  sanferminera, que es un poco como doble miurada;  es decir, dispuestos al sobresalto. De ahí que luego el desencanto llegara a los tendidos. Sin embargo, el peligro existía, aunque quedara menos visible der lo que es tradicional. Con un toro de esta Casa, nunca se puede andar con tonterías. Por eso, ni en los casos de las embestidas cansinas como las de esta tarde, dejan de tener méritos los toreros que se ponen delante; en esta ocasión, los tres lo tuvieron, aunque sólo sea por el hecho de haber matado la corrida dignamente.
 
Curtido ya en mil batallas, Juan José Padilla mató la corrida sin agobios. Más centrado con las banderillas en el cuarto que en su primero, en ambos se mostró animoso. Quizás se le podría haber pedido un pasito más, con un toreo menos mecánico, con el cuarto que a la postre fue el único “miura” con posibilidades reales. En ambos estuvo expeditivo con la espada, con su peculiar modo de taparle la cara a los toros.
 
A “Rafaelillo” nadie le ha regalado nada. Se ha ganado un sitio, bien que en este corte de carteles, por méritos propios. Sólo con verle matar como lo hizo en sus dos toros de hoy –en uno de ellos salió con la taleguilla rota por la cintura— ya es para respetarle. Pero es que, además, siempre estuvo ahí, tratando de lucirse con ocasión y sin ella. Más mérito tuvo, desde luego, su esforzado trasteo con el quinto, que tenía su guasa.
 
Por lo demás, para ser su primera tarde con esta ganadería, Serafín Marín impuso su bien aprendido oficio sobre las dificultades. Alargó todo lo que pudo las embestidas del tercero, aguantándole las miradas y los amagos.  Lidió sin problemas al complicado sexto.
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Taurología

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