Una mirada analítica: Concepción de la historia taurina

por | 9 Oct 2012 | Tribuna Abierta

El hombre desde siempre ha sentido la necesidad de comunicarse, impulsados por esta necesidad de representar el mundo real comienzan las primeras muestras artísticas, la pintura rupestre en paredes y lo que hoy en día podríamos llamar techos en las cuevas donde habitaban nuestros ancestros dejan constancia que en lugares como Francia y España existieron los primeros bóvidos animales de característica musculosa y fuerte, miembros de familias estructuradas; las figuras y siluetas de los toros en el período 33.000 – 9.000a.C. para ser más exactos en el paleolítico superior, demuestran que para el hombre de esta época que pintaba con grasa de animales y pigmentos naturales esta representación del toro era mágica, imponente y sagrada para su cotidianidad.

De los años 3000 y 1400 a. C. en la isla de Creta, se conoce un mito que por su valor simbólico vale la pena traer a este texto “Minos y el Minotauro”. Este mito hablará de uno de los hijos de Europa y Zeus: Minos, quien al morir su padre adoptivo Asterión heredó el reino de Creta y desterró a sus hermanos Radamantis y Sarpedón.

Minos para conseguir el poder suficiente para vencer y desterrar a sus hermanos, quienes también aspiraban al trono, pidió ayuda a Poseidón, dios de los mares, quien hizo que de entre las olas surgiera un hermoso toro blanco y le dijo a Minos que tenía que sacrificarlo en su honor. Sin embargo, Minos extasiado por la belleza del toro decidió sacrificar otro, lo que despertó la ira de Poseidón. Éste hizo que Pasífae sintiera una pasión incontrolada hacia el toro, que culminó con la unión entre la mujer y el astado. De dicha unión se engendró un ser mitad humano mitad toro: el minotauro llamado Asterión.

Minos encerró al minotauro en una construcción laberíntica llena de habitaciones y pasillos ciegos construida por el gran arquitecto Dédalo. El minotauro se alimentaba de carne humana y cuanto más crecía más salvaje se volvía. Por aquel entonces Creta entró en guerra contra Atenas quien sucumbió ante el gran poder de Minos y tuvo que pagar un tributo de siete jóvenes y siete doncellas cada nueve años para servir de alimento al minotauro. Veintisiete años después entre los jóvenes que los atenienses tenían que ir a Creta se encontraba el héroe Teseo, hijo de Poseidón. Éste con la ayuda de Ariadna, la hija de Minos, quien le entrego un largo hilo para que después de matar al minotauro pudiera salir del laberinto consiguió derrotar a la bestia y liberar así a Creta de su maldición.

Entenderé este mito desde mi punto de vista comparando la realidad actual de fiesta de los toros, y es que desde la cultura pre – helénica la belleza del toro y su bravura ha sido importante para la cultura taurina, ¿Por qué no sacrificar este hermoso toro blanco? En esta línea de pregunta retorica les diré que para un torero y los aficionados se exige un toro de excelente encaste, encornadura y pelaje, la construcción laberíntica de la que nos habla el mito alude a las plazas grandes del mundo dónde llegan los animales a su fiesta y Teseo representa la fuerza de los toreros, lo eterno ya quién fue él con su inteligencia que logró mostrar su agilidad por encima de la bravura de este animal, son los toreros quienes han aprendido las técnicas que culturalmente se han transmitido de generación en generación, Teseo al liberar a Creta de la maldición lo espera una multitud afuera del laberintico lugar, esa misma multitud que hoy asisten en la actualidad a las graderías alabando a Teseo, ovando los toreros.

En el II milenio a.C, se comienzan a conocer una serie de prácticas o celebraciones taurinas que tienen lugar en la región de Tesalia, los que podríamos llamar los primeros toreadores de la historia gracias a su facilidad para montar a caballo, estos jinetes encelaban a los toros, haciendo que los siguiesen para quitarles fuerza, de esta época conocemos hoy en día técnicas como el rejoneo o los rejoneadores, pero los caballeros de tesalia no utilizaban métodos como las banderillas si no que cuándo el toro se hallaba exhausto se lanzaban sobre él agarrándolo por su encornadura y luego forcejeaban con ellos hasta quebrar su cuello.

La presión popular por parte de los antitaurinos para esta práctica cultural también data su propia historia, a finales del siglo XVI el Papa Pio V publico la bula “De Salutis Gregis Dominici” en la cuál se prohibían los espectáculos taurinos, considerando según los argumentos morales que esta tradición era totalmente ajena al cristianismo, así que todos los fieles que asistieran a prácticas taurinas quedarían bajo la pena de ex comunión, en 1577 tras la muerte del Papa V y con la nueva sucesión del Papa Gregorio XIII se moderó esta bula y fue publicado un nuevo documento “ Exposis nobis super” donde se abolía esta pena canoníca de ex comunión, ya que el rey Felipe II solicitó que se aboliera la misma, no hay constancia alguna de que fuera aficionado a la fiesta de los toros, pero diremos que la censura de esta misma y la no censura esta ligada estrechamente con la economía así que el toro y su posible sufrimiento no es tenido en consideración; de 1550 se conoce la defensa del doctor Juan de medina, catedrático de Teología de la Universidad de Alcalá de Henares, contra los moralistas no admitía que las corridas de toros fuera una fiesta ilícita y pecaminosa.

Nace el toreo a pie en el siglo XVIII con la llegada de la casa de Borbón al trono de España y el gran monarca Felipe V, quién motiva a la nobleza y a su pueblo a atender las costumbres del ejercicio del toreo, modificando técnicas como picar con vara y el toreo a pie, el 14 de Junio de 1928 se publica en “La Gaceta” un Boletín Oficial del estado donde se hace obligatorio utilizar en cada corrida de toros el peto protector para los caballos de picar con el fin de defender al caballo porque la existencia de ellos se estaban agotando con tanto equino malherido o muerto por las astas de los toros, en la primera novillada de la temporada de 1927, celebrada el 6 de marzo en Madrid se ensayaron varios modelos de peto protectores para los caballos, se presentaron petos de diferentes materiales entre ellos caucho, cuero, rejilla metálica recubierta de tela y algodón con refuerzo de cuero siendo este último el más aceptable, luego de esta novillada experimental los picadores protestaron contra la peligrosidad del peto argumentado “Nos escurrimos sobre el peto a riesgo de venirnos al suelo” ¡Como si antes no se cayeran y muchas más veces! Entre los beneficios que el peto ha aportado a los picadores, se puede considerar ahorro de trabajo y saber, y la casi extinción total de riesgo.

A partir de los cuatro años de edad el toro está en condiciones para ser lidiado, escogidas las reses que se destinan a una corrida, se procede a su traslado desde la dehesa a los corrales de la plaza, la conducción se efectúa en camiones los toros son acondicionados en cajones de madera con barras de hierro, los vaqueros a caballo aíslan los toros elegidos del resto del ganado y los llevan al encerradero, arropados por los cabestros. El encerradero es un conjunto de pequeños corrales que se comunican entre sí y que van disminuyendo de tamaño progresivamente, las bardas son amplias, forman auténticos pasillos y están provistas de barandillas a ambos lados permitiendo a los vaqueros trasladarse de extremo a extremo, toda la tropa toros y cabestros entran en el primer corral, los vaqueros desmontan los caballos y suben a los pasillos desde ahí van pasando a toro por toro a través de las distintas corraletas hasta llegar a la última. Durante la mañana del día en que se ha de celebrar la corrida, mientras el matador descansa y, con el sueño dispone su cuerpo para el esfuerzo físico que derrochara en la arena junto sus compañeros de cartel, a los toros se le verifica el sorteo y el apartado de las reses; tal como exige el reglamento taurino, los toros han de llegar a los corrales de la plaza en que tengan que lidiar con veinticuatro horas de anticipación como mínimo, esta espera devuelve vigor a sus músculos y desentumece sus miembros sensiblemente resentidos a causa del viaje en los cajones, a las diez de la mañana se efectúa el segundo reconocimiento de los toros por los subdelegados de veterinaria, el delegado del empresario de la plaza y el delegado representante del ganadero, minutos antes de las doce del medio día, en presencia del delegado de la autoridad de cada uno de los matadores se realiza el sorteo de reses, primero se forma un lote por cada espada, procurando que sea equitativo se anotan los números en un papel de los toros, y se echan a suerte así cada matador sabrá que toro lidiar, a los doce se hace el apartado, consiste en colocar a cada toro en un compartimiento individual en el que ha de permanecer hasta que lo suelten para pisar el ruedo.

A hora y media de la corrida el matador empieza a vestirse en la habitación del hotel donde se hospeda, en la sala contigua al dormitorio se ve recogido el traje de luces sobre una silla; doblada en la silla esta la taleguilla sobre ella el chaleco, la faja, la corbata, la montera, en el respaldo la chaquetilla y en el suelo las zapatillas; el acto constituye una autentica ceremonia todo un ritual, lentamente el matador se pone en las piernas la taleguilla, el mozo de estoquees le ayuda pendiente de cada mínimo detalle, cuidando de que le ropa se ajuste correctamente al cuerpo, mientras el torero habla de toros, de corridas pasadas pero nunca sobre la corrida futura es normar verles fumando un cigarrillo mientras el mozo le ata los machos, este le entrega la camisa desdoblada el matador se la pone y dispone a abotonarla y luego se pone la corbata, con su traje de luces puesto aún sin la chaquetilla entra en la habitación y en su mesa de noche están los santos de su devoción enciende un velón y ora por su vida, al terminar se pone la chaquetilla dobla el capote en el brazo y coge la montera, dirige una última mirada a las imágenes de la mesa y sale de la habitación. Al salir del hotel le espera un vehículo con su cuadrilla dentro de él.

En el patio los picadores están cansado a los caballos para que, al salir al ruedo, se queden quietos delante del toro y sean dóciles a la brida, la multitud se agolpa en torno al torero cuando este baja del vehículo, el matador se encuentra preocupado, se abre paso y entra en la plaza de toros se reúne con sus compañeros y con los banderilleros en el patio de cuadrillas en espera que comience la corrida.

Abren paso los alguaciles, siguen los matadores con sus banderilleros y picadores y van cerrando el paseo la mulillas del arrastre con los empleados que prestan sus servicios en el ruedo, majestuosos y solemnes vestidos con su traje de luces y con capote en mano van avanzando los toreros para cambiar su saludo con el presidente de la corrida y así van acercándose al palco presidencial para inclinar su cabeza, sujetando la montera en la mano, terminado el paseo cambian los capotes bordados por los de brega y los alguaciles vuelven hacia el presidente para pedir la llave que simbólicamente, cierra la puerta de los toriles.

Suena timbales y clarines, gira la puerta de toriles y el toro con su derroche de energía, fuerza y bravura pisa el ruedo de la plaza.

El peón es el encargado de correr al toro para que el matador de turno observe la particularidad de este al embestir al enemigo, el toro noble y bravo acude desde lejos ante el primer capotazo, corre agarrándose la tierra, toma el engaño con facilidad y, cuando esta cerca de el baja la cabeza hasta que sus cuernos rocen la arena, sigue el capote sin atolondrarse y hace el viaje que el peón le indica, cuando el peón remata, dándole salida larga por el último vuelo del capote se esconde detrás del burladero el toro se encoge, mueve las orejas y busca con celo. El matador, espera muy erguido la impetuosa vestida del toro, al llegar a su jurisdicción corre los brazos y tuerce un viaje recto con su capote ayudado por el aire formado entre la encornadura del toro que lo embiste una verónica. El toreo perfecto exige que se mantenga una distancia igual y constante entre la cabeza del toro y el engaño, comienza la faena de la muleta que sirve para preparar al toro para la muerte, aquí es donde se mostrara la suerte suprema, la estocada el punto crucial de la lidia, el acto de hundir el acero en el cuerpo del toro. La faena de muleta adquiere preponderancia no solo como preparación, si no, como manifestación artística del diestro que ahora ejecutará la acción con la mano izquierda.

Las faenas de toros han evolucionado extraordinariamente desde aquel II S a.c que los toreadores se abalanzaban encima del animal, al público le gusta ver torear; ahora tan sólo queda preguntarse ¿qué va a ser de la fiesta del siglo que viene? O mejor ¿cómo va a ser la fiesta del siglo que viene? La respuesta la tienen en sus manos los reglamentos taurinos, los ganaderos cuidando la bravura de sus toros, los toreros buscando su arte personal para demostrar en el ruedo, los empresarios que han de cuidar el atractivo de los carteles y no subir mucho las localidades, los críticos taurinos que con sus escritos deben pensar en orientar a sus lectores sean o no aficionados, y los aficionados en saber distinguir el toro bueno del toro malo que no nos metan “gato por liebre” Así se mantendrá una línea de comunicación entra la fiesta de los toros para que no se adultere y no desaparezca.

Fuentes Bibliográficas

El mito de la semana: Minos y el Minotauro. En blogs Crónica de un cinéfilo

García, J. J. (1996). Lectura Para Los Estudiantes de la Escuela Taurina (ed 2005). Cali: Escuela de tauromaquia Santiago de Cali.

►La versión original de este artículo puede consultarse en:
http://marcelagallegocam.blogspot.com

La autora:

Marcela Gallego Henao reside en la ciudad de Medellín (Colombia). Estudió Administración Empresarial y Bancaria, aunque posteriormente cursó Comunicación y Lenguajes Audiovisuales. En la actualidad se centra en el Marketing para Políticos Usando Social Media, el mundo de la web 2.0 y en desarrollo con Personal Branding.

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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