Una hipotética alianza Martínez Uranga-Lozano en Madrid, podría vulnerar la competencia

por | 16 Feb 2011 | Punto de vista

En los mentideros taurinos se especula en estos días con una posible alianza de la empresa de la familia Martínez Uranga con los hermanos Lozano para pujar en su momento por la adjudicación de la plaza de Las Ventas. De confirmarse, la noticia podría encerrar aspectos de alguna preocupación.
 
Partimos, como es lógico, del principio elemental de que en una economía de libre empresa, las alianzas, los acuerdos, las fusiones o cualquier otra figura mercantil es algo a decidir por las partes. Pero eso no obsta, como bien especifica la propia legislación, para que estos movimientos estén sujetos a determinadas limitaciones, en aras de las propias leyes de los mercados.
 
No hay que descubrir a estas alturas que Las Ventas constituye el escenario estratégicamente más importante para la generalidad del orbe taurino. Ya sea entre los toreros, ya entre los ganaderos, ya entre los propios empresarios, cuanto ocurre en torno al ruedo de la calle de Alcalá tiene una trascendencia muy superior a la de cualquier otra plaza, hasta el punto de condicionar a todas las demás. Por eso, se hace necesario que el tratamiento que se otorgue a la adjudicación de esta plaza no puede decidirse con esos criterios localistas que se aplican a las demás plazas, incluso de primer nivel.
 
Pero también resulta indispensable tener en cuenta que nos estamos refiriendo a dos de las grandes empresas, de esas que tienen realmente poder de mercado. Por eso, cuanto en ellas ocurra no puede tener la misma trascendencia que entre las demás empresas. Y aquí, por más que cumple determinadas formalidades mercantiles, no cabe acudir a algunos subterfugios para salvar esta realidad. Sería el caso de que formalmente el acuerdo se estableciera entre parte de los integrantes de ambas empresas, no de las razones sociales en sí misma. Eso no dejaría de ser un cierto fraude de ley, tanto porque se trata de empresas de naturaleza familiar, como por la propia realidad de tantos años de profesión, en los que se ha demostrado que en todo momento han actuado como empresas unitarias, con independencia de que en cada momento constituyan sociedades instrumentales para desarrollar sus actividades.
 
Bajo estos criterios, y en especial produciéndose en un periodo de crisis económica generalizada, una hipotética alianza entre dos de las cinco grandes empresas taurinas, cuando además se produciría en un punto tan neurálgico como la Plaza de Madrid, presenta más perfiles negativos que positivos. En efecto, la concentración de poder taurino sería de tal envergadura que necesariamente acabaría afectado a la propia competencia. De hecho, podría entrar en colisión con diversas de las normas que rigen en España la competencia entre empresas, por el enorme desequilibrio que se produciría en las actividades taurinas. De hecho, si esta hipótesis se produjera se haría necesaria la intervención la Comisión de la Competencia, que tanto celo pone en sus labores de vigilancia.
 
Como garante del sistema de competencia, debería ser esta Comisión quien, de oficio o a instancias de parte, tomara cartas en el asunto, para revisar los acuerdos y establecer, si lo entiende necesario, las oportunas limitaciones, como ha hecho en innumerables casos producidos en los sectores más diversos. Es la vía más segura para salvaguardar los derechos de todos los agentes que intervienen en la gestión de los asuntos taurinos.
 
Aunque quizás con carácter preventivo, concepto tan querido ahora por los políticos en su toma de decisiones, también cabría que fuera la propia Comunidad de Madrid, como adjudicataria del coso, quien estableciera en su pliego de condiciones los oportunos límites para evitar que se diera una concentración de poder de mercado que altere la libre la competencia,
 
Pero si bajo criterios de competencia resulta evidente que se hace necesaria una clarificación muy profunda de la situación, tampoco bajo un punto de vista estrictamente taurino resulta aconsejable que se produjera esta unión, en la medida que acabaría siendo un lastre muy importante para los profesionales en el ejercicio de sus actividades e, incluso, para los propios aficionados.
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