Una discriminación a resolver: el exceso de la fiscalidad en los toros

por | 4 Mar 2011 | Punto de vista

Con el rigor que caracteriza a un profesor universitario, Juan Medida ha abordado en el último informe publicado en su blogs –que taurología.com reproduce íntegramente–  una tema de gran importancia en la actualidad. Y sus conclusiones no pueden ser más contundentes: tan solo teniendo en cuenta el IVA, entre  los distintos espectáculos, los taurinos son los que más aportan a la Hacienda pública. La comparación, por ejemplo, con lo que aporta el cine español, es casi de no creer: los toros aportan seis veces más. Y eso que la cinematografía de producción nacional dinero recibe cuantiosísimas cantidades en subvenciones estatales, además de ocasionales aportaciones de algunas autonomías para primar la utilización de sus lenguas propias.
 
Por eso, con toda razón argumentaba recientemente el diputado Juan Manuel Albendea que “en la política fiscal hay una evidente discriminación negativa hacia las corridas de toros. La Ley del Impuesto sobre el Valor Añadido dispone que se aplicará el tipo reducido del 8 por ciento a la entrada a teatros, circos, parques de atracciones y atracciones de feria, conciertos, bibliotecas, museos, parques zoológicos, salas cinematográficas y exposiciones así como las demás manifestaciones similares de carácter cultural. Tienen también el tipo reducido del 8 por ciento, los festejos y espectáculos taurinos, con excepción de las corridas de toros. ¿Se imagina alguien que las entradas de cine o las de los conciertos tuvieran un IVA más alto según la película fuera de una figura consagrada o que en el concierto figurara una Orquesta de gran prestigio? Pues esa discriminación se consuma en las corridas de toros. Los festejos mayores pagan el 18% de IVA, con lo que esto supone de encarecimiento de las entradas y, por tanto, la motivada ausencia de la juventud de las plazas”.
 
Pero es que, además la Fiesta aporta al erario público otras cantidades nada despreciables, que no por conocidos resulta ocioso recordar. Y así, por ejemplo, de los beneficios obtenidos, las empresas tienen que tributar con el correspondiente impuesto de sociedades. Un apreciable número de matadores de toros, ven grabados sus ingresos con una fiscalidad de tipos máximos, tanto si operan como sociedades mercantiles, como si lo hacen como profesionales. Y otro tanto ocurre con el mundo de los criadores. Por eso, con toda razón a más de una figura le hemos oído decir que, a partir de la cuarta corrida de la temporada, de lo que gana cada tarde, un toro lo torea para Hacienda y el otro para él.
 
Y esto es sólo con Hacienda, que los toros, además, se ven grabados también por las exigencias económicas que imponen los propietarios públicos de las Plazas. Se tipificará como se quiera, pero al fin y al cabo lo que se paga por el arrendamiento de los cosos se destina a las arcas públicas.
 
No hay que acudir tanto sólo a las actuales circunstancias de vacas flacas, para reivindicar un cambio;aunque estuviéramos en época de gran boyantía económica, el tratamiento fiscal que se da a los toros seguiría siendo desproporcionado y discriminatorio con respecto a otros espectáculos públicos. Y nada digamos si, además, introducimos el importante factor de las subvenciones públicas, que en el caso de los toros prácticamente no existen –salvo en casos muy concretos de alguna actividad específica–, mientras que otros espectáculos no sólo reciben dineros públicos; es que sin ellos desparecerían como actividad.
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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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