Una digna despedida

por | 12 Oct 2010 | Temporada 2010

ZARAGOZA, 6ª de feria. Tres cuartos de plaza. Cinco toros de Antonio Bañuelos, bien hechos, sin terminar de romper con los engaños, sin peligro aparente luego resultaban cuando menos incómodos;  uno (2º) de El Torreón, lidiado como sobrero, de escaso juego. Rivera Ordoñez “Paquirri” (azul cobalto y oro), palmas y ovación. Jesús Millán (grana y oro), que se despedía de los ruedos, palmas y  dos avisos y palmas. David Fandila “El Fandi” (azul eléctrico y oro), ovación y palmas. Al concluir el paseíllo se dio lectura a un manifiesto a favor de la Fiesta, acogido con una gran ovación.  
 
Retirarse a tiempo siempre ha sido una sabia media en los toros, como en cualquier otra actividad. Y retirarse a tiempo suele ser cuando uno se lleva más de los mejores recuerdos y menos de los otros. Al aragonés Jesús Millán le tocó este día del Pilar de 2010. No es cosa de ponernos ahora a recordar esta tarde o aquella, las hubo de mucho mérito; es mejor quedarse con el recuerdo de la hombría y la verdad de quien ha tenido que pelear mucho en estos años. Que la felicidad te espere más allá de la puerta de cuadrillas, te lo mereces después de un paso muy digno por la profesión tan dura que elegiste de chiquillo, y que las notas de tu pasodoble –que tan oportunamente tocó esta tarde la banda— te recuerden el respeto que se ha tenido.
 
La tarde de la despedida pudo haber sido mejor. De hecho lo fue hasta que llego la hora de matar al quinto, empeño en el que se eternizó. Pero antes, había toreado con verdad, presentando bien los engaños, buscando llevar al toro por abajo. Y eso que el de Bañuelos tenía su aquel y había llevarlo muy metido en la muleta. En cambio, el sobrero de El Torreón, bastante deslucido para el torero, sólo le permitió estar dignamente.
 
Abría tarde y terna “Paquirri”, que a punto estuvo de un serio disgusto con el cuarto, que materialmente le sacó espectacularmente del burladero, a la salida de un par de banderillas; por fortuna, todo quedó en una señora paliza de la que los huesos duelen unos cuantos días. Si el término no estuviera tan devaluado, cabría decir que “Paquirri” tuvo una actuación muy profesional. Aprovechó lo que se pudo al primero, que de puro noble pasó a la sosería, pero luego no se decidió con la espada. Al cuarto lo toreó muy templadamente con los lances del abuelo, rodilla en tierra, en uno de los pasajes mejores de su paso por el ruedo zaragozano.
 
El personal estaba decidido a ver triunfar a El Fandi, que tiene hilo directo con esta afición, como ya se vio el otro día. Pero los de Bañuelos no tenían ni el peligro manifiesto que al menos crea emoción, ni la bravura declarada para hacer el toreo. Y eso de no ser ni carne ni pescado suele resultar una pelmada. El Fandi trató de evitarnos el trance mostrándose alegre y variado, algo que el público le agradeció en ambos toros. Puso algunos pares de banderillas de mérito y estuvo siempre muy atento a la lidia.
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Taurología

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