Un Arruza español y otro mexicano

por | 24 Ene 2015 | Retazos de Historia

Los hermanos Manuel (Santander, 1918 – México, 1941) y Carlos Ruiz Camino Arruza (México, 1920-1966) comenzaron sus respectivas carreras taurómacas en su país de residencia, formando una exitosa pareja de novilleros que en los primeros meses de 1936 llegó a España, con tan mala suerte que nada más bajarse del transatlántico se encontraron metidos en medio del conflicto que enfrentaba a los lidiadores nacidos a ambos lados del océano Atlántico.

El boicot afectaba directamente al hermano mexicano, Carlos Arruza, pero no a Manuel, nacido en la península Ibérica. Para complicar sus objetivos, dos meses después de su llegada a Madrid estalló la contienda fratricida, de manera que se vieron obligados a trasladar su residencia a Lisboa. En la capital de España solo permanecieron el tiempo necesario para realizar una prueba a puerta cerrada en La Monumental venteña, sin demasiado éxito, aunque pudieron avistarse con Eduardo Pagés gracias a la intermediación de Marcelino Benito, amigo de la familia. El mismo empresario les firmaría unos años después la primera exclusiva para actuar en las plazas de toros hispanas.

La situación era insólita. Un hermano solo podía torear en los redondeles mexicanos y el otro en España. Por lo cual, Carlos decidió retornar a su país natal en abril de 1937 vía París, donde pasó numerosas penurias para demostrar que era el destinatario del dinero que le había envido su madre mediante en un giro postal. Cinco meses después lo haría Manolo acompañado de su padre enfermo, el sastre madrileño Pepe Ruiz Arruza, quien falleció unos días después. Previamente, la madre de los aprendices de torero, Cristina Camino[1], se vio obligada a vender el cincuenta por ciento de la sociedad marital que compartía con el socio y amigo de la familia Benjamín Burillo, las Sastrerías Burillo-Arruza, La Parisina, Rosales y Chofer a Rosales.

De vuelta en su país de residencia Manolo pudo gracias a un permiso especial mostrar sus conocimientos en los cosos de algunos estados aztecas. Esos mismos días decidieron que cada uno de los hermanos siguiera su propio camino en los redondeles.

En 1938 el poeta León Felipe, familiar de la madre de los principiantes, se exilió en México –anciano y medio ciego– y les sugirió que se instalasen en Portugal para seguir progresando en el oficio que habían elegido. Una vez en Lisboa, tenían como única referencia para encontrar alguna contrata las tertulias que habitualmente acogía el café Suizo, las cuales frecuentaban numerosos aficionados a los toros, y donde quiso la casualidad y la escasez de espadas hispano les descubriera un avispado empresario portugués, quien les sometió a una exitosa prueba práctica previa a su contratación. A partir de entonces, los hermanos Arruza consiguieron vestirse de luces en diversas plazas lusas.

El 30 de julio de 1939, solo unas pocas semanas después de que finalizase la guerra civil, el Arruza español se presentó en Las Ventas –Novillos de Concha y Sierra, junto a López Lago[2] y Paquito Casado–, pero sin suerte con el lote que le correspondió, lo que motivó que Manuel Sánchez del Arco Giraldillo, crítico del ABC, le dedicase una durísima reseña, muy desalentadora y, tal vez, llena de “intencionalidad política”:

 “Manuel Arruza es un irresponsable. La responsabilidad del lamentable espectáculo que nos dio debe caer por entero en los que le ‘sacaron’. Ha sido una falta de consideración para el público y un atentado al prestigio de la Plaza de Toros de Madrid presentarnos a un muchacho que no sabía ni coger el capote. Si Manuel Arruza recibe ayer una cornada, ¿de quién hubiera sido la culpa? Al confeccionar los carteles hay que enterarse”.[3]

A este festejo acudió el general italiano Gastón Gambara, a quien López Lago brindó uno de los utreros. Aquella tarde los asistentes escucharon los sonidos de la Giovinezza, brazo en alto, en ademán firme y entre continuas aclamaciones al Caudillo y al Duce[4].

Manolete con Carlos Arruza

El 1 de noviembre de 1940 Carlos Arruza recibió la alternativa en México de manos de Armillita Chico, tarde en la que resultó cogido de gravedad. Su hermano Manuel seguía sin poder torear en los cosos aztecas, lo que le causó una fortísima depresión. Finalmente, el 12 de junio de 1941 un disparo casual de pistola, al parecer de su hermano José, truncó para siempre la carrera del Arruza español, de tan solo 22 años de edad, lo que ocasionó un terrible trauma a su madre y hermanos.

Carlos Arruza fue el primer espada de nacionalidad mexicana que cuando finalizó el conflicto armado compareció en el ruedo de Las Ventas para confirmar la alternativa, el 18 de julio de 1944 (Simao da Veiga, Antonio Bienvenida y Morenito de Talavera con toros de Muriel). Se trataba de la bautizada como “Corrida de la Concordia”, que pretendía olvidar las viejas rencillas entre los profesionales de ambas nacionalidades y que en realidad solo sirvió para conmemorar el ´V Aniversario del Alzamiento Nacional´.

Unos días más tarde los representantes de ambos colectivos de estoqueadores firmaron un protocolo de intenciones que ponía fin a los ocho años de desavenencias. De todas maneras, hubo que esperar al 25 de febrero de 1951, tras la firma oficial de un convenio taurino, para poder participar en la verdadera “Corrida de la Concordia” en la Plaza El Torero (Curro Caro, Antonio Velásquez y Carlos Arruza), a la que asistieron numerosos exiliados republicanos.

Los rotundos triunfos del mexicano Arruza la temporada de 1944 en los ruedos españoles se recibieron inicialmente con cierta incredulidad en su propio país. Carlos –inventor del pase del Teléfono y el pase de la arrucina[5], no llegó a significarse políticamente, pero se le presuponía simpatizante de la causa republicana, gracias a su convivencia y nexo familiar con León Felipe. En mayo de 1957, su actuación previa en numerosos festejos de inspiración filantrópica motivó que el gobierno del general Franco le impusiese la Cruz de Beneficencia en Santander. Un inesperado accidente de circulación puso fin a su vida en mayo de 1966.

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 [1]  Cristina Camino Galicia (Sequeros, Salamanca) era hija del notario de Zamora Higinio Camino de la Rosa, casado con Valeriana Galicia Ayala. El matrimonio Camino Galicia tuvo ocho hijos. El mayor, Julio, fue un militar ilustre, además de médico- psiquiatra. El segundo hermano, tío carnal de los Arruza, era Felipe Camino Galicia, más conocido por el nombre de León Felipe.

[2] A los novilleros extremeños Juan López Lago (1915) y Aquilino Claver López (1916) el comienzo de la guerra civil les sorprendió dando sus primeros pasos a través del planeta taurino, de manera que se vieron obligados a enrolarse en el Ejército Nacional, actividad que compatibilizaron con algunas esporádicas actuaciones en festivales taurinos de inspiración castrense.

En julio de 1939 López Lago se presentó en Las Ventas (Manuel Arruza y Paquito Casado con reses de Concha y Sierra) y un año después en La Monumental barcelonesa. En el mes de junio de 1954 se registró una ulterior comparecencia en la plaza de Badajoz (Antonio Vázquez y Francisco Mendes frente a reses de Antonio de la Coba).

[3]  Manuel del Arco Giraldillo. ABC, 30 de julio de 1939.

[4] El 24 de abril de 1937 Franco firmó un decreto en el que ordenaba “Se establece como saludo nacional el constituido con el brazo en alto, con la mano abierta y extendida y formando con la vertical del cuerpo un ángulo de cuarenta y cinco grados”. Su cumplimiento y protocolo fue obligatorio desde el mes de agosto de 1937 hasta 1945.

[5] Este lance consiste en rematar una serie de pases apoyando el codo en el testuz del animal. La Arrucina, por su parte, son los pases naturales dados con las dos rodillas en tierra.

El autor
Antonio Fernández Casado, presidente del Club Cocherito de Bilbao,  empresario y escritor, que ha colaborado periodísticamente con numerosos medios como especialista en temas taurinos, es autor de los libros  de éxito, como: "Toreros de Hierro" (Diccionario de toreros vizcaínos); "Castor Jaureguibeitia Ibarra, Cocherito de Bilbao"; la "Guía histórica de fondas, posadas, hoteles, restaurantes, tabernas y txakolís de Bilbao" y “Diccionario Taurino Guipuzcoano” (de la plaza de toros de Arrasate al torero pintor Zuloaga). Con posterioridad ha publicado otros dos nuevos trabajos: “Bizkaia Taurina (Plazas de toros vizcaínas)” y “Zacarías Lecumberri. El estoqueador aventurero”. Referido al área empresarial, ha publicado el  “Manual práctico de dirección de hoteles, marketing y ventas online del siglo XXI”. Ahora tiene en preparación un nuevo libro taurino: “Garapullos por Máuseres” (Las corridas de toros en la Guerra Civil, 1936-1939), que publicará Editorial La Cátedra Taurina.

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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