Talavante en su mejor versión

por | 17 May 2011 | Temporada 2011

MADRID. Octava de abono. Lleno. Toros de El Ventorrillo, bien pero desigualmente presentados, la mayoría sosos y mansotes; la excepción fue el tercero, un gran toro. Manuel Jesús “El Cid” (de marino y oro), bronca y silencio. Miguel A. Perera (de grana y oro), silencio y silencio. Alejandro Talavante (de malva y oro), dos orejas y ovación; salió por la Puerta Grande.
 
Una gran faena, sí señor. Alejandro Talavante se rompió con el tercero de la tarde, sobre todo toreando al natural al ralentí, barriendo la arena su muleta, poniendo una no pequeña dosis de emotividad, con una trabazón perfecta de las series y con golpes de improvisación para abrocharlas. Y todo realizado con estricto respeto a los principios de la tauromaquia eterna. Luego, a medias entre el recibir y el encuentro, un espadazo arriba. El público, que vio buena parte de la faena en pie, se desbordó: dos orejas y parsimoniosa vuelta al ruedo. Y a esperar con ansiedad a que saliera el sexto, pero, qué pena, al de El Ventorrillo le faltó raza y recorrido; con todo, estuvo muy dignamente, como durante toda la tarde se había mostrado con el capote.
 
Como a uno no le gusta andar en las cocinas del taurinísimo, con tantos humos como suelen tener, no anda muy al tanto de las interioridades. Pero no hay que ser adivino para percibir que Talavante andaba “entre Pinto y Valdemoro”. Después de una campaña llena de desigualdades en 2011, se le fueron las primeras ferias y, sobre todo, se le fue Sevilla. Para colmo, dejó una pobre huella en su primer paseíllo isidril. Hoy hemos vuelto a aquel torero arrollador de su primer año de alternativa. La Fiesta necesita que lo sigamos viendo así.
 
Se provocará ahora, con bastante probabilidad, la polémica si a “Cervato” –de preciosa lamina y pelaje– se le debió dar la vuelta al ruedo, como un amplio sector de la plaza solicitaba. Es cierto que fue un gran toro, que además fue a más; pero valoremos también en su medida que  luego fue magnificado por los imanes que tenía la muleta de Talavante. Pero de un gran toro a un toro de vuelta al ruedo, además en Las Ventas, hay una distancia. Entre el poco cuidado que se puso a la hora de llevarlo ante el caballo más la inoportuna caída de Tulio Salguero, la verdad es que pasó por el primer tercio sin apenas dejarse ver. Por eso uno concluye, modestamente, que con la cerrada ovación y con el recuerdo, es suficiente premio para este gran toro.
 
El que fuera co-empresario en Taurodelta había mandado a su antigua Plaza una corrida bien presentada pero dispareja: de la tanqueta que hizo sexto al cinqueño que abrió plaza había demasiada diferencia. Si miramos hacia lo positivo, toda la corrida tuvo fuerza y prestancia; si miramos hacia lo menos positivo, a la mayoría de le faltó raza y le sobró sosería. Pero tal como anda el nivel ganadero, más que cumplió,  e incluso hubo algún toro que mereció mejor suerte, como el primero.
 
“El Cid” se equivocaría su anda con paños calientes con su triste actuación de esta tarde: ha estado sencillamente mal; lo demás son ganas de engañarse. Cierto que su primero era más llamativo para el tendido que para el ruedo, pero cierto también que pudo estar mucho más torero. Tal como planteó todo su trasteo de antemano estaba derrotado. Volvió de nuevo a engañosos empeños con el cuarto. A los toros poco lucidos también se les deben hacer todas las cosas bien. Su compromiso del jueves será importante para saber de una vez que ocurre con este ahora desigual Cid.
 
Completaba cartel Miguel A. Perera, que salvo demostrar que estaba empeñado en torear, poco más pudo exponer ante la cátedra: a sus manos fueron los dos toros más desagradecidos.
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