Seis toros, un torero: del gesto a la oportunidad

por | 10 Sep 2014 | Reportajes

Joselito llegó a hacer tradicional estas encerronas como colofón a sus temporadas taurinas”, en la opinión del profesor García Ortiz. Y así lo hizo por tres veces en el ruedo de Valencia, pero en otro años acudió a los de Zaragoza, Bilbao o Barcelona. Pero junto a ser un señalado fin de temporada, con sus corridas en solitario “Gallito” “buscaba un magnífico escaparate para desplegar la mayor variedad posible de suertes, tanto de capa, como con banderillas y muleta. El máximo exponente de ello fue la famosa corrida de Madrid, pero en otras también desplegó una gran variedad que mostraba su enciclopédico conocimiento de la tauromaquia anterior”.

Y a partir de Gallito, este tipo de corridas de popularizó, siguiendo su ejemplo otros muchos espadas. De los primeros en imitarle fueron Manuel Granero y Marcial Lalanda. Ahora, en 2014, como para darle la razón al mayor de  los “Gallo” asistimos a una cierta inflación de corridas en solitario.

Sin embargo, en estos tiempos modernos no siempre han respondido a esos principios gallistas las llamadas “encerronas”. Un nombre, por cierto, usado impropiamente, porque en un principio así se denominaban las jornadas privadas de toros organizadas por algunos aficionados a comienzos del siglo XX y que tanto le gustaban, por ejemplo, al general Primo de Rivera, que las celebraba incluso con utreros picados.

Desde luego, los aficionados modernos han vivido estos retos personales para demostrar sus valores que han hecho muchos toreros. Desde Antonio Bienvenida a José Miguel Arroyo “Joselito”, por marcar dos hitos importantes. Un verdadero gesto fue, sin duda, la célebre corrida de la Beneficencia de 1970, cuando Paco Camino, ninguneado por algunas empresa, respondió lidiando en Madrid sus seis toros y el sobrero, a los que les cortó 8 orejas y con las cámaras de televisión por testigo. No menor fue el triunfo del "Joselito" de nuestros días en la goyesca del 2 de mayo en Las Ventas.

Como un gesto de rabia, de pundonor, fue la corrida extraordinaria a beneficio de la Cruz  Roja, celebrada el  19 de mayo de 1966, un día la Ascensión, con la que Curro Romero se reconcilió con la afición sevillana después de cortar ocho orejas a seis toros de Urquijo.

No son más que algunos ejemplos, como se podrían poner otros. Toreros que estando en plenitud quieren hacer una demostración de cuáles son sus poderes, ya porque alguien los ha puesto en cuestión, ya porque quieren remarcar las distancias con todos los demás.

Pero para intentar esa verdadera aventura que supone encontrarse en solitario al frente del paseíllo, también se dan otros motivos. Uno razonablemente frecuente: recuperar el terreno perdido o tratar de abrirse paso en un escalafón en el que no se tiene el espacio que el torero desea. Pero se han dado también una razón muy comprensible: dar el aldabonazo necesario para llegar con fuerza a la alternativa. Fue el caso, por ejemplo, en 1998 de la presentación como novillero en Madrid de “El Juli”,  como antes intentó en 1987 “El Niño de la Taurina” y luego haría Cesar Jiménez en el año 2002.  En este año de 2014  es lo que ha hecho, y de forma muy convincente, José Garrido en Bilbao y lo que aspira a hacer Lama de Góngora en Sevilla el próximo 12 de octubre.

Los más tradicionales entienden que este tipo de gestos, cuando verdaderamente lo son, debieran protagonizarse en ruedos relevantes, con la debida parafernalia previa. Y así ha sido en la mayoría de los casos que se registran en la historia. De hecho, no es casualidad que en el ruedo de Las Ventas, desde 1947 a nuestros días, se hayan celebrado hasta 44 de este tipo de corridas.

 En este sentido, el record lo sigue manteniendo Antonio Bienvenida, que se anuncio por cinco vece en solitario, entre ellas aquella comentada tarde del día del Corpus de 1960  cuando intento hacer doblete: seis toros por la tarde y seis por la noche, aunque una lesión muscular sólo le permitió lidiar 9 de los 12 toros previstos.

Sin embargo, esta formula de que el gesto vaya unido a un ruedo de importancia, en la actualidad se viene difuminando, de tal forma que la mayoría de las que se han celebrado, o en están en puertas de hacerlo, tienen como escenario plazas de tercer orden y casi siempre acudiendo al recurso del torero local. Serán, desde luego, una demostración de las posibles capacidades del protagonista, pero no es menos cierto que luego la aportación real a su carrera taurina es muy reducida. Supondrá una satisfacción personal, si la ocasión se libró con bien; pero contratos suman poco a los que ya había.

Entendidas estas “encerronas” como fórmula para con toda legitimidad escalar posiciones, no resulta atrevido afirmar que, ya sea para bien, ya para mal, hoy su repercusión ha bajado muchos escalafones. Con seis “victorinos” se anunció en Madrid Alejandro Talavante, en una de las tardes mas aciagas de toda su carrera; sin embargo, aquel fracaso no supuso nada, tan nada que hasta le declararon triunfador de San Isidro porque días después desorejó a un toro.

Por eso, esta fórmula de lidiar en solitario se ha devaluado un tanto. O ocurre algo muy importante, algo absolutamente fuera de lo corriente,  o no tiene más trascendencia, especialmente cuando se trata de toreros que viven al amparo de una Casa de las grandes. Ni a Talavante en Madrid, ni a Manzanares en Sevilla, su incapacidad lidiadora les pasó luego factura; en cambio en el que acude a una “encerrona” resucitadora, el fracaso lo acaba de hundir.

Y cuando no ocurre ninguno de estos dos extremos, nos encontramos en una situación que no se sabe bien si es aún peor. ¿Quién se acuerda de la Beneficencia de 1980 que mató en solitario Paquirrri, estando en su esplendor?, ¿qué quedó de la encerrona en Sevilla que precipitó el adiós de José Miguel Arroyo?, ¿qué se recuerda de la que protagonizó en Madrid Daniel Luque en 2010?

Para lo que resta de temporada nos esperan tres gestos como más relevantes: el de Miguel Abellán, con la corrida de Puerto de San Lorenzo en Madrid, la de Daniel Luque en Zaragoza con toros de distintas ganadería y encastes y la de Lama de Góngora en Sevilla. El primero llega a este compromiso en la campaña de una interesante –accidentada, también– recuperación, que ha generado nuevas ilusiones; Luque necesita reafirmar que su recuperación tras el bache es real y que hay que tenerle en cuenta; el novillero sevillano se enfrenta a un verdadero “ser o no ser”, después de su desigual trayectoria en el segundo escalafón y cuando aquella Puerta del Príncipe de sus inicios sin caballos queda ya muy lejos.

En cualquier caso, tengan mayor o menos trascendencia, sean más nueva oportunidad que un verdadero gesto, en el baremo verdadero para medir la razón de ser de estas las encerronas  de ayer y de hoy sigue siendo el que marcó un viernes, laborable, 3 de julio de 1914 en el calendario, cuando José Gómez “Joselito” despachó en Madrid siete toros, en siete cuartos de hora y “sin despeinarse siquiera”. Algunos privilegiados de nuestros días han conseguido acercarse a ese listón.

 

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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