Seis toros, seis estocadas, en dos horas de bostezos

por | 24 May 2011 | Temporada 2011

MADRID. Decimo quinta de abono. Lleno de “No hay billetes”. Toros de El Torreón, bien presentados, mansote, con escasa fuerzas y casta; en 2º lugar, un sobrero de Carmen Segovia, que se acabó muy pronto. Juan Mora (de azul pavo y oro), silencio y palmas. José Mª Manzanares (de nazareno y oro), silencio y silencio. Cayetano (de azul cobalto y oro), silencio y
 
Lo que mal empieza, peor acaba. Pues eso. Se comenzó 48 horas antes con el baile de corrales, que dio paso, tras el reconocimiento, a la sustitución de toda la corrida de Ramón Sorando por otra de El Torreón. Cumplía el sexteto criado por Cesar Rincón con los criterios de trapío; luego renunció a cumplir los de bravura y casta, además de estar anémicos de fuerza. Y ahí acabó la historia.
 
En medio, se sucedieron 120 minutos de bostezos, mientras la terna trataba de  conseguir lo imposible. Se agradece la voluntad. Y se agradece, sobre todo, que todos los toros fueran matados por arriba: seis toros, seis estocadas. Un lujo para la época que vivimos.
 
Al margen de que por el desaguisado ganadero  algún palo le va a caer a Curro Vázquez, apoderado de Cayetano, lo incontestable es que todos estos jaleos no se producen cuando en la terna están esos que los señores de la Unión de Toreros han llamado “los toreros más desfavorecidos”. Tiene delito la denominación que se ha buscado el intelectual que haya escrito la nota.
 
El erudito dirá, y la historia no le dejará por mentiroso, que eso del toro grande sueldo corto  ha sido así desde que el mundo es mundo. Lo que ocurre es que con el candor que nos gastamos los aficionados siempre alimentamos la esperanza de que esta tarde, la que sea, va a ser que sí. Hoy ha sido que no, pero no desfallecemos en nuestras esperanzas en mañana, en pasado, así hasta que llegue el invierno, tan aburrido como es taurinamente hablando.
 
Dentro de lo aburrido, dio gusto ver la naturalidad de Juan Mora, haciendo tan poquita cosa como permitían los torreones, pero con qué naturalidad y que gusto. Al menos nos servía para vivir de nuevo  en la imaginación y en el recuerdo aquella tarde de otoño. Ya lo dijo el otro, de ilusiones también se vive. Como dio gusto ver el orden que pone Manzanares en el ruedo, con esa cuadrilla que trabaja como un reloj suizo.
 
Pero ni Mora, ni Manzanares, ni Cayetano tuvieron opción alguna. Estuvieron con dignidad profesional, que ya es bastante.
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Taurología

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