Seis semanas para decidir la temporada

por | 3 Sep 2010 | Reportajes

Cuando el sábado se inició el paseíllo en la histórica Maestranza de Ronda, la temporada 2010 entrará en su etapa final, que nos conducirá por Valladolid, Salamanca, Logroño, Albacete, Murcia…. Así  hasta que, con el paso intermedio por Sevilla en San Miguel y Madrid en otoño,  alcancemos el Pilar por octubre.
 
Sabido es que el año se ha caracterizado por un retroceso en el número de festejos celebrados, particularmente en ferias de orden menor y en aquellos que van fuera de ciclos clásicos. Las puntuales estadísticas del año, que facilite en su momento el ministerio del Interior, nos dirán el porcentaje exacta de retroceso. Pero parece claro que no será un porcentaje marginal. De hecho, estimaciones fundadas sitúan entre 50 y 60  el número de festejos –más de la mitad, corridas de toros– que no se han celebrado en 2010 en comparación con la temporada anterior, que fue cuando verdaderamente se produjo un bajón de gran dimensión.
 
Baste pensar, por tomar otro punto de referencia, que cuando se ha pasado el rubicón de agosto sólo los 25 primeros matadores del escalafón han toreado más de 20 tardes y de ellos tan sólo 10 pasan de las 40; entre los novilleros tan sólo dos traspasaron la frontera de los 20 festejos.  
 
Sin embargo, aún descontando un retroceso, “los Toros son, sin duda alguna, el segundo espectáculo de masas de España, después del fútbol”, como escribía hace poco Luis Nieto en las páginas de “Diario de Sevilla”. Si en 2009 –se debe insistir, el año del gran bajón en toda la década– se celebraron  más de 900 espectáculos en ruedos españoles, a las que asistieron 1.703.721 espectadores, aunque en 2010 estas cifras se rebajen en un 10%, seguirá siendo así.
 
Pero incluso es que el comportamiento de este factor no ha sido homogéneo. Por ejemplo, en Castilla León en lo que va de año el número de festejos taurinos creció un 17%. Y es que no fueron inventadas las afirmaciones de la  Federación Española de Asociaciones de Agencias de Viajes cuando dijo que, en lo que a ella concierne en su actividad específica,   la Fiesta mueve a 200.000 personas al año y alrededor de 2.500 millones de euros.
 
No obstante esto no puede edulcorar la realidad, que es la propia de una etapa de crisis. Sólo plazas como la de Bilbao han tenido un descenso estimado que se sitúa en el 1% en cuanto a la venta de localidades. Incluso en las más clásicas,  en 2010 desaparecieron las apreturas, salvo contadas ocasiones. Pero este fenómeno de la recesión en el consumo no puede achacarse en exclusiva a la fiesta de los toros: ha afectado a la generalidad de las actividades económicas: desde los grandes almacenes a los chiringuitos de playa.
 
No es un simple consuelo, pero esta consideración tiene importancia, en la medida que en estos tiempos, en los que falta tanta comprensión hacia lo taurino, lo que no se nos puede argumentar a quienes amamos la Fiesta es que se trata de una actividad en decadencia. No nos ocurre nada que no pase en la generalidad del país, del que, a pesar de todos los pesares, la Fiesta es un reflejo.
 
La nota ganadera
 
Hagamos punto y aparte, porque no se puede afirmar taxativamente que ahí esté la causa. Pero otra de las señas de identidad de este año taurino de 2010 radica en el elevado número de cinqueños que se han lidiado en las plazas, tanto que no puede menos de llamar la atención.
 
Como no ha sido algo circunscrito a situaciones puntuales, sino que hasta en plazas de pueblo se han lidiado corridas íntegramente cinqueñas, lo lógica lleva a pensar que los criadores han tenido que dar salida a camadas del 5 que se habían quedado en el campo, después del mal año que a este respecto fue 2009.
 
Sin embargo, voces independientes del negocio ganadero estiman que esto “es fruto de una situación de saturación de la oferta ganadera, muy por encima de la capacidad de absorber todo lo que se cría en la dehesa. Se cría más de lo que se puede lidiar”.
 
Los problemas que genera esta situación se ven agravados porque, como dijo en su momento el responsable de la Unión de Criadores, el campo bravo atraviesa una etapa de encarecimiento de costes –alimentación, mano de obra, etc.– cuando los mismos no se pueden luego trasladar a los precios de venta, que han seguido una curva descendente,  precisamente por causa de la crisis y por el exceso de oferta.
 
Y esta situación no puede considerarse insustancial, ni menos anecdótica. La construcción de la cabaña de bravo es tarea muy compleja y delicada, con la que no se puede jugar. Se puede esperar que un proceso natural de selección vaya reduciendo el número de ganaderías, como ocurre en otras actividades. Pero frente a eso a todos los conviene que la pureza de la raza y de los distintos encastes se mantengan a salvo.
 
Si cambiamos de tema, pero siempre en el mundo ganadero, no parece precipitado afirmar que en esta temporada ha habido dos hierros descollantes: los de Núñez del Cubillo y Victoriano del Rio, que en la actualidad son los que ofrecen en mayor medida eso que en el argot se denominan “garantías”.
 
Pero ha habido más. Conforme discurre el año, va repuntando de nuevo Victorino Martín; se han abierto nuevas esperanzas sobre lo de santacoloma que ahora cría La Quinta y se mantiene en buen nivel lo de Alcurrucén y Fuente Ymbro, por citar tres puntos destacados.
 
En el lado contrario, se observa un declive que debiera preocupar. Las ganaderías con procedencia domecq, que son legión aunque no todas sean lo mismo, andan a la baja. Y lo hacen en un doble sentido: la mayoría de ellas han perdido el punto exacto entre bondad y bravura y una parte importante de la afición les ha vuelto la espalda de forma incluso poco razonada. Con independencia de la opinión que se tenga de esta procedencia, no es bueno para la Fiesta que una de las columnas vertebrales que sostienen la cabaña de bravo entre en crisis.
 
Mandan los siempre
 
Sabido es que en el toreo, pese a todos los vericuetos más o menos dudosos que se puedan aducir, nada se regala a nadie. Se podrá explotar por un tiempo una situación con poco fundamento, pero al final cada cual acaba en su sitio, exactamente en ese en el que te pone el toro.Por eso, al afirmar que en el escalafón siguen mandando los que ya mandaron en los años precedentes, no es ninguna apreciación negativa.
 
Pero antes que otra cosa hay que referirse la ausencia de José Tomas, el gran ausente. Sin referirse a él no cabe realizar un análisis mínimamente objetivo, por la simple razón que se había constituido en punto de referencia indispensable para medir cualquier realidad taurina.

José Tomás y su cornalón de Aguascalientes ha sido, además, como el icono representativo de un año particularmente doloroso por el muy elevado número de cornadas de gravedad. Hay que buscar mucho en las estadísticas  para encontrar una temporada tan dura.

 
Pues bien, en este año de ausencia de José Tomas y de cornadas, al frente del toreo se ha colocado El Juli. No ha llegado ahí por exclusión de otras posibilidades, sino porque es el torero más en forma y, sobre todo, con mayor capacidad de progresar, que son los dos elementos que a un torero le permiten separarse del siguiente en la lista. Como además no ha rehuido dar la cara en ningún sitio, puede afirmarse que este torero se encuentra en su momento de plena madurez.
 
Difícil y compleja le viene resultado la campaña a Enrique Ponce, que en Ronda cumplirá en este sábado su 2.000 paseíllo, que se dice pronto. En el año que los carteles pensaban en él, se le complicaron las fallas, que fueron un fiasco en tres actos; pero, además, pasó un verdadero mal rato en Sevilla, se quedó voluntariamente al margen de Madrid y Pamplona. El tramo inicial del año taurino no pudo ser más adverso. Remontó en Málaga y Bilbao y ahora encara un septiembre debe ser importante para recuperar terreno. En cualquier caso, con 20 años de alternativa a la espaldas, tiene su punto de lógica que no sea ya el torero arrollador de otros momentos, por más que nunca se le pueda negar que está en los ruedos con gran dignidad y como un buen profesional.
 
Pero si de alguien está siendo el año, y en todos los sentidos, es de Morante de la Puebla, más cuajado como torero y más en forma de lo que hubiera soñado el mayor de sus partidarios. ¿Tiene ambición el de la Puebla? Consigo mismo, sí, no hay más que ver su esfuerzo por depurar las formas del toreo, hasta por innovar. Lo que probablemente nunca será es un estajanovista de los ruedos. Ni falta que hace.
 
Entre los que debían romper, pero que por esto o por aquello, no terminan de hacerlo, encontramos a El Cid, con un bache que le ha durado dos años muy duros y del que parece que definitivamente le sacó un “victorino” en Bilbao.  Teniendo sus virtudes, no acaba de dar el estirón definitivo  Miguel A. Perera, quizás porque en aquella heroica encerrona de Madrid puso el listón muy alto. Madura el alicantino Manzanares, el mejor y más cuajado de los hijos de torero que han circulado en las dos últimas décadas; pero tiene el riesgo de quedar en “un fino estilista” –juicio casi siempre viperino—, un fantasma que ya arrastró su padre. Desconcierta en ocasiones Sebastián Castella, que pasa con gran facilidad del toreo mecánico a la faena cumbre; se arrima, sí, a su modo y manera, pero la calidad sigue una fluctuante trayectoria.
 
Así como debemos conceder su mérito, que lo tienen y no pequeño,  a ese grupo de toreros como El Fundi, Diego Urdiales, Padilla, etc., como ocurre con ese estamento que encabeza El Fandi, lo que más choca de este 2010 es que los que en teoría tendrían que arrear a revienta calderas se nos han hecho conformistas. Antes cuando un torero llegaba fuerte a la alternativa, sus primeros años eran arrolladores, hasta de atropellar la razón; la generación actual no ha sido hecha para barrer con el cuadro. Parece como si les faltara la ambición. Y me estoy refiriendo a nombres como Rubén Pinar, Alejandro Talavante, e incluso a Cayetano, que van sumando sus fechas e incluso sus progresos, pero nada más. Y así nunca se ha mandado en el toreo. Sólo Daniel Luque, con sus carencias y sus virtudes, ha transmitido esa imagen de casta y de empeño, que se asemeja a la antigua.

En este sentido, si miramos hacia el toreo a caballo comprobamos lo que es esa vocación por alcanzar la cumbre. Es el caso de Diego Ventura, que va casi desbocado camino de disputar el trono a Hermoso de Mendoza. Esto no hace tantos años ocurría igual pero en el toreo a pie.

 
Hasta el Pilar no se dijo la última palabra
 
Ahora comenzamos septiembre, el segundo mes más taurino del año, después de agosto. Un mes crucial. Si en Sevilla o Madrid se consiguen los contratos para el resto de la temporada, en las ferias de septiembre queda uno colocado de cara a la campaña americana y, sobre todo, a esa nueva aventura que empezará por marzo en Castellón y Valencia.
 
¡Cuántas carreras taurinas se han rehecho en septiembre! Por eso no resulta una exageración afirmar que por delante quedan seis semanas de gran importancia taurina, que hasta que pase el Pilar nadie ha dicho la última palabra.
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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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