Se acerca la temporada entre la gestión alternativa y las urgencias institucionales

por | 5 Feb 2012 | Reportajes

Por más que en estos días andemos metidos en nevadas, ya se empieza a entrever allá a lo lejos que viene otra vez la primavera, taurinamente hablando. Los aperitivos de Ajalvir y Valdemorillo, antesala inmediata de Olivenza, nos anuncian que, al fin, el aburrido invierno quiere ir dejándonos poco a poco, para salir de ese muermo  que la temporada americana, más devaluada de lo que fue en otros tiempos, no ha conseguido sacarnos.

Hemos pasado un invierno distraídos con el “Hola taurino”, que poco dice de la realidad del toreo. Y cuando no se daban estos dimes y diretes, inmersos en la controversia, generalmente con el inconcluso telón de fondo de los derechos audiovisuales, que ya cansan un poco a fuerza de repetitivos.

Resuelto el caso de Madrid, que bien o mal ya esta cerrado con su tripartito –por cierto, palabra que está últimamente gafada en la vida española–, ahora viene lo que de verdad importa: ver como un torero, un hombre, es capaz de hacer realidad el pensamiento de Domingo Ortega: “torear es llevar al toro por donde no quiere  ir”. Y hacerlo, además, con todo lo que encierra el arte de la Tauromaquia, que es mucho y muy diverso en sus escuelas.

El riesgo de dejar en el camino las cuestiones institucionales

Pero con la llegada de la primavera, tan deseada por un aficionado, no todo es un camino de rosas. Y en este año, menos. Un poco de miedo da que comience el carrusel, desde un punto de vista digamos que institucional. En cuanto suena el primer clarín, los taurinos ya se encierran en su ir venir de una plaza a otra hasta que llegue el Pilar al comienzo del otoño, quedando poco margen para dedicarse a resolver las cuestiones básicas que hoy afectan, y gravemente, a la estructura de la Fiesta.

Es la grandeza y a la vez el condicionante de este arte. Para un aficionado ahora lo esencial, por ejemplo, pasará a ser la comprobación del momento que atraviesa Morante, a despejar la incógnita de si El Juli  va a seguir tan arrollador como en años anteriores, o a salir de la duda acerca de cuáles son los planes que para su temporada tiene José Tomás. Y así, hasta llegar a la última promesa que comienza a circular por el rum rum del toreo.

Se trata de una realidad llena de lógica: a la postre, lo esencial es acercarse a los misterios del toreo. Sin eso, ¿para qué queremos la Fiesta? Pero la lógica no lo es todo, porque este Arte ni surge de la nada, ni es ajeno a una serie de condicionantes institucionales, en los que se juega su futuro hoy más que ayer. Por eso, habría que plantearse también que hay cuestiones de gran calado que están encima de la mesa y sin resolver, y que no debieran ser incompatibles con el maravilloso e ilusionante carrusel que es cada nueva temporada.

Y así, refiriéndonos tan sólo a lo último que ha ocurrido para bien, una cierta preocupación produce que embarcados en ese carrusel los taurinos dejen para otro momento la materialización efectiva de las esperanzas que ha despertado en todos el plan del ministro Wert para poner en valor este arte inigualable. El problema no es nuevo: cuando andábamos metidos en las nieves del 2010, todo eran proyectos, promesas y acuerdos entre de toreros y empresarios por recuperar a la decaída Mesa del Toro; luego, se abrió el portón de los sustos y tan prometedores planes de revitalización quedaron sepultados en el cajón de los papeles pendientes y nunca más se supo de ello. No había tiempo más que para verle la cara al toro. Deseable es que ahora no ocurra lo mismo.

Por otro lado, el melón que se ha abierto con los derechos audiovisuales, se acabará resolviendo, por más que aún no se haya calibrado el hondo calado que trae debajo del brazo este asunto. Pensar que tan sólo se trata de pelear por unos dineros, constituye una ingenuidad, incluso en el caso que ese hubiera sido el origen del pleito. Por el contrario, es sólo cuestión de tiempo, y no mucho, para comprobar la hondura de sus consecuencias. Quizás sin pretenderlo, se ha dado vía libre a unos cambios muy profundos en el negocio taurino, porque en sus entrañas lo que hay es el germen de un cambio bastante radical en las reglas del juego vigentes desde hace década: se modifica la naturaleza y cometido que ancestralmente correspondía a los apoderados, se introducen nuevos elementos en lo que ha sido la naturaleza habitual de la relación con los empresarios y se inicia un camino en el que todavía quedan por llegar las reivindicaciones de los demás sectores taurinos, que también merecen defender lo que consideran sus derechos.

No se discuten aquí las razones que asisten a los toreros. Y menos cuando son de raíz constitucional. Lo que queremos decir es que con este melón audiovisual acabará modificándose todo el andamiaje que permite que a la hora exacta comience un paseíllo. Sin duda será para bien, porque hoy el negocio taurino, en una sociedad globalizada, no se puede regir por criterios obsoletos. Pero como en el parto, en el que primero son los dolores de la madre y luego la alegría de la nueva vida, el camino no será ni fácil ni cómodo. Hay que andarlo, porque es el signo de los tiempos; pero quedaran daños colaterales por el camino. Deseemos que sean los menos, como en los dolores del parto.

La política alternativa que se vislumbra

Pero como “a las cinco en punto de la tarde” lo que todos esperan es el despeje de plaza, con los alguacilillos por delante, la vida taurina tiene que seguir. En este sentido, ya se vislumbran algunos elementos de la política alternativa que va a caracterizar al menos el inicio de la temporada.

No se trata de hacer aquí acopio de todas las hipótesis que aparecen en el horizonte, y mucho menos de tratar de valorarlas. Lo ocurrido en Fallas y los primeros movimientos en contrataciones que van produciendo, constituyen ya de por sí un buen síntoma de por donde van a discurrir las cosas.

Y así, por ejemplo, con el aquel de que están al margen de lo audiovisual, todo lleva a pensar que algunos han pensado en poner en valor el binomio Iván Fandiño-David Mora; otros han programado, y hasta con excesos poco convenientes, la baza de la recuperación de Juan José Padilla, quizás sin medir demasiado bien los riesgos de todo tipo; unos terceros han optado por dar más sitio al toro… En suma, ofrecer bajo el señuelo de la novedad algo diferente a ese “sota, caballo y rey” en el que el sistema del intercambio de cromos  habían convertido a las ferias.

Nadie duda que es una alternativa tan legítima como su contraria. Lo que ocurre es que luego, el aficionado, con quien de verdad llena las plazas es al conjuro del nombre de José Tomás. Y que para que un abono tenga tirón en taquilla, encierra demasiados riesgos prescindir de los grandes nombres que marcan a la actual generación torera. Por eso, estas políticas alternativas han sido tan efímeras a lo largo de la historia.

En otro orden de cosas, ha habido quienes se han empeñado en cargar –incluso emocionalmente– sobre las figuras las culpas de la situación, como si con ello pudieran presionarlos para que modifiquen sus posiciones. Eso de echarles encima el mal humor de la afición como alternativa, tampoco es nueva en los anales taurinos. Pero en esos mismos anales se comprueba que también ha sido siempre sumamente efímera: a Manolete le gritaban en el paseíllo, agitando las entradas porque habían subido de precio por su culpa; los que gritaban eran los mismos que dos horas más tarde lo sacaban a hombros. Y a la tarde siguiente volvían a pasar por la taquilla. Por eso el toreo encierra tanta fuerza telúrica para cambiar ánimos y opiniones.

No quiere decirse con todo lo anterior que en esto de las políticas alternativas “no haya nuevo bajo el sol”. Lo que se sostiene es que, mucho más allá de los juegos de intereses y hasta del propio negocio taurino, lo que todas estas pequeñas realidades demuestran es que el toreo es primer término un arte creativo, que esa es su verdadera razón de ser. Y  la que acaba imponiéndose, porque lo contrario sería considerarlo como una industria para el ocio. Nada más alejado de la realidad. Será una actividad mercantil, sin duda; pero en el mismo sentido que para poder tener un “goya” colgado en las paredes del salón hay que tirar de la chequera y hay que contar con un complejo mundo de profesionales: restauradores, tasadores, marchantes… Pero al final lo que se de verdad se impone es que se trata de un “goya”; lo demás resulta poco relevante, prácticamente trabajo de oficina, en ningún caso un empeño de arte. Algo similar ocurre con el arte del toreo y con la organización que lo sustenta.

Apóyanos compartiendo este artículo:
Taurología

Taurología

Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.