Saltillo, uno de los encastes fundamentales del tronco común de Vistahermosa

por | 7 Jul 2015 | Retazos de Historia

El hierro más representativo de uno de los encastes fundamentales derivados del tronco de Vistahermosa, Saltillo, el inmediato 14 de julio cumple 170 años desde su debut en Madrid. Aprovechando dicha conmemoración se pretende hacer un recorrido por la dilatada historia de la divisa celeste y blanca desde que en 1823 Salvador Varea adquirió directamente de Dª Luisa Ulloa y Halcón de Cala (Condesa de Vistahermosa) uno de los lotes en los que se dividió la vacada original.  En el citado 1823 se vende la ganadería que había pertenecido a los Condes de Vistahermosa en cinco lotes diferentes, haciéndose con uno de ellos el jerezano Salvador Varea.

De la revista "Taurodelta"

Tras su fugaz paso por las manos de Ignacio Martín, la mayoría de las reses fueron compradas por Pedro José Picavea de Lesaca. Este criador dotó a los animales de personalidad propia, tanto en su morfología como en su comportamiento, algo que ha perdurado hasta la actualidad. En 1830 fallece Pedro José, lidiándose los astados a partir de ese momento a nombre de su viuda, Isabel Montemayor. Ésta presentó toros por primera vez en Madrid el 2 de julio de 1832, sin embargo en esa ocasión lucieron divisa blanca y negra, colores que años después (1837) fueron modificados, adoptándose de forma definitiva el celeste y blanco. Los matadores anunciados en este festejo fueron los hermanos Antonio y Luis Ruiz “Sombrereros”.

La toma de antigüedad en Madrid

El citado 14 de julio de 1845 salieron al ruedo de la capital de España tres astados de Lesaca –en manos entonces de la mencionada Isabel Montemayor— junto con otros tres de Gaviria para una terna compuesta por Juan León, “Cúchares” y “El Chiclanero”. Cada uno de los matadores estoqueó un animal de los previstos de Lesaca, siendo el mejor de ellos el jugado en segundo lugar. Este cornúpeta era negro bragado y lucero de pinta, “buen mozo y con mucho empuje”, en palabras del informador del periódico El Espectador.

Según este mismo medio la res tomó diez varas, cifra que es aumentada hasta las once por otro de los diarios que da cuenta de la corrida, El Español. En este tercio se producen hasta tres caídas de los piqueros, con un resultado de un caballo herido, dos muertos y uno de los varilargueros, Gallardo, lesionado en la cabeza. El toro llegó a la muerte “aplomado por el calor”, opinión que manifiesta el cronista de El Español, pasándolo “Cúchares” de muleta, que no se muestra demasiado acertado a la hora de acabar con la vida del ejemplar de Lesaca.

El siguiente toro de este hierro se corrió en cuarto lugar, su pelaje era negro y merece el calificativo de “feo y corniabierto” por parte del enviado de El Heraldo. Se acercó hasta en doce ocasiones a los caballos, manifestándose “boyante y receloso”, apreciación del crítico de El Espectador. Dejó para las mulillas a un par de jamelgos, saltando dos veces la barrera en su huida tras sentir la puya, signo inequívoco de mansedumbre. El responsable de finiquitarlo fue el diestro sevillano Juan León que ejecutó una “buena estocada recibiendo”, consideración que efectúa en el relato de lo acontecido el corresponsal de El Español.

El tercer y último astado de los que remitió a la plaza madrileña Isabel Montemayor ocupó la sexta posición en el orden de lidia. Dicha res fue, al igual que los animales ya lidiados de esta divisa, de capa negra, “corniabierto y al inicio revoltoso”, afirma el aludido informador de El Espectador. El paso del morlaco por los caballos fue accidentado, pues al serle suministrada una de las varas se le quedó clavada la garrocha en el cerviguillo. Posteriormente, el mismo cornúpeta se deshizo del palo tras protagonizar otro instante de peligro al saltar al callejón. Recibió en total en este tercio ocho puyazos, terminando con la vida de dos equinos. No hay consenso entre los distintos rotativos que cubren la corrida acerca de la ejecución de la suerte suprema y de la colocación de la espada por parte de “El Chiclanero”. Por un lado, el cronista de El Espectador declara que el espada gaditano lo mató de “media un poco baja”; en cambio, el encargado de narrar lo sucedido en el coso capitalino para el diario El Español asegura que José Redondo concluyó su labor de una estocada “corta y otra buena”, entrando en ambas oportunidades a recibir. En la valoración final que realiza sobre el festejo el referido crítico de El Español, vuelve a mencionar al calor como factor determinante en el comportamiento de los toros. La asistencia de público es baja, con el tendido de sol casi vacío.

La compra por el marqués de Saltillo

Años después la vacada pasó a manos del hijo de Isabel, José Picavea de Lesaca, quien debutó como ganadero en la capital de España el 16 de junio de 1850. En aquella oportunidad se acartelaron ante los animales lesaqueños, “Paquiro”, “El Chiclanero” y Cayetano Sanz. Durante el tiempo que la ganadería estuvo en posesión de José cabe destacar, de forma especial, el juego ofrecido por dos toros, el primero que salió a la plaza de Málaga el 15 de junio de 1851 y el segundo lidiado en Barcelona el 18 de septiembre de 1853. “Estornino”, nombre del ejemplar corrido en la ciudad andaluza, acudió a los caballos cuarenta veces, correspondiéndole su muerte a Nicolás Baró. Por su parte, el animal que saltó al coso catalán, llamado Pulido”, recibió treinta  puyazos de los piqueros, dejando en la arena cinco jacos.

En 1854 José Picavea de Lesaca culminó la venta de casi todas las reses que componían la divisa al vecino de Carmona, Antonio Rueda y Quintanilla, Marqués del Saltillo. La primera ocasión que se anunciaron los astados del aludido aristócrata en Madrid fue el 7 de julio de 1856. El ejemplar que rompió plaza en aquel festejo, “Gigante”, fue el más destacado del sexteto, recargando con bravura en la suerte de varas. Julián Casas “El Salamanquino” fue el encargado de pasaportarlo.  

El 15 de septiembre de ese mismo año, otra res propiedad del Marqués (“Escogío”) sobresalió por sus buenas condiciones en el recinto capitalino. Un par de cornúpetas de Saltillo merecen señalarse de todos los que saltaron a los ruedos en la campaña de 1857: “Jumao”, lidiado en Granada el 14 de junio, estoqueado por José Ponce tras pasar en treinta ocasiones por los varilargueros y “Silleto”, embarcado para la corrida celebrada en Madrid el 20 de septiembre y que tuvo enfrente al torero del barrio de Arganzuela, Cayetano Sanz.

El 3 de octubre de 1859 dos animales de esta divisa se distinguen dentro del conjunto que salió por chiqueros, “Jardinero” y “Conocedor”. El primero de ellos protagonizó un hecho reseñable, al escaparse durante el encierro del Puente de Vallecas, llegando en su trayecto hasta el paseo de Atocha. Continuando con los toros relevantes del hierro hispalense en la plaza de la capital del país, subrayar el excelente comportamiento en varas, fundamentalmente, del morlaco de nombre “Moñito”, que saltó a la arena el 7 de octubre de 1860.

El torero sevillano Antonio Sánchez “El Tato” tuvo la fortuna de enfrentarse a dos reses extraordinarias de Saltillo, lidiadas en el recinto ubicado en la Puerta de Alcalá en días consecutivos, 31 de marzo y 1 de abril de 1861. “Espejito” y “Confitero” acudieron en 36 ocasiones, entre ambos, a los caballos de picar, recetándole al citado en primer término una “magnífica estocada corta a volapié”, a juicio del corresponsal del Boletín de Loterías y Toros.

El último ejemplar que merece resaltarse de los corridos en la plaza madrileña llevaba el apelativo de “Pimiento” y era de pelo castaño. Rafael Molina “Lagartijo”, a quien le cupo en suerte, coronó su trasteo con un volapié colosal. Al año siguiente de la inauguración del nuevo coso capitalino, es decir, en 1875, “Mayoral” y “Melenillo” desempeñaron un destacado papel aunque por motivos diferentes. “Mayoral” lo hizo desde un punto de vista negativo, pues saltó al callejón y allí volteó a Ramón Granda (hermano del picador que se anunciaba en los carteles como El Francés), produciéndole fuertes contusiones. Esto tuvo lugar el 23 de marzo, con posterioridad, el 5 de septiembre, “Melenillo” brindó un gran juego, ganándose el calificativo de “bravo, duro y de poder” por parte de la prensa. Salvador Sánchez “Frascuelo” pudo lucirse con él, rubricando su labor con una buena estocada. El 21 de octubre de 1876, el matador toledano Ángel Pastor tomó la alternativa en la plaza de la Carretera de Aragón, obteniendo un éxito destacado con el ejemplar “Madroño”, perteneciente a la divisa sevillana.

El Marqués mantuvo la vacada hasta su muerte, el 7 de febrero de 1880, momento en el cual fue heredada por su viuda, Francisca Osborne Böhl. Esta señora se estrenó como ganadera en el coso de la capital de España el 25 de septiembre de 1881. Dentro de esta corrida resaltar el comportamiento ante los equinos de una de las reses que salieron por toriles, “Tesorero”. Posteriormente fue su hijo, sucesor del título nobiliario, quien se hizo cargo de todas las propiedades hasta su fallecimiento el 22 de marzo de 1918.

La segunda generación de Saltillo

Hallándose ya al frente de la ganadería  Rafael, nombre del vástago de Antonio, tuvo lugar una circunstancia relevante en el recinto taurino madrileño, como fue el escuchar por vez primera la música durante la lidia de una res. Tuvo tal honor un cornúpeta de la casa, “Chafrito”, siendo los matadores que provocaron la novedosa situación “Lagartijo” y “Guerrita”, al suscribir un colosal tercio de banderillas.

El 2 de octubre de aquel año de 1890, saltó a la arena del flamante coso “Dudoso”, que fue finiquitado por Luis Mazzantini tras una magnífica pelea en varas. Sin embargo, este mismo toro había protagonizado un suceso luctuoso en el campo, al inferir una gravísima cornada al picador Juan Román Caro, a consecuencia de la cual murió unos días después. También pertenecía a esta ganadería el astado “Toledano”, nº 79, negro bragado, cornidelantero, con el cual alcanzó el grado de doctor en tauromaquia Antonio Reverte. El hecho aconteció el 16 de septiembre de 1891 en la nueva plaza inaugurada en la capital.

Toros de Saltillo, lidiados en Barcelona en 1901,
de "La Razón incorporea")

A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX otros lugares también disfrutaron con el juego brindado por los animales de Saltillo. Uno de los ejemplares más destacados en estos años del hierro hispalense salió por la puerta de chiqueros del coso de Cádiz el 17 de junio de 1867. “Caramelo” era el nombre del cornúpeta que se acercó a las cabalgaduras en 27 ocasiones, ofreciendo un gran espectáculo e incluso provocando con ello que el público asistente al festejo solicitara el perdón de la vida. “Jabaíto”, “Cocinero”, “Jazmín” y “Carbonero” son los apelativos que corresponden, posiblemente, a las cuatro reses más sobresalientes de Saltillo que se corrieron en la Maestranza en ese espacio de tiempo. Con el último de los citados obtuvo la borla de matador de toros “El Espartero”, de manos de “El Gordito”. Con morlacos de esta divisa en el cartel se inauguraron varios recintos taurinos, como los de Linares, San Fernando, San Sebastián y Valladolid.

 El primer astado notable de Rafael Rueda en el siglo XX responde al nombre de “Berrengoso” y fue embarcado para la plaza de Valencia en julio de 1900. La plaza de Huelva abrió sus puertas el 5 de septiembre de 1902, anunciando también para la apertura toros de Saltillo. En los 18 años que transcurren de la nueva centuria hasta que la vacada cambia de propietario, destacan en el coso de la capital de España hasta 4 animales del Marqués. “Malagueño”, que fue el ejemplar con el que se despidió de Madrid Emilio Torres “Bombita” el 26 de junio de 1904; “Jimenito”, bravo cornúpeta que contribuyó a que José Gómez Ortega “Gallito” cortara su primera oreja en la ciudad del Manzanares en la función que tuvo lugar el 5 de junio de 1913; “Charpito”, ante el cual el diestro de Gelves obtiene otro apéndice en la plaza de la carretera de Aragón y para concluir otra res más que posibilitó que el hermano mayor de José, Rafael El Gallo, firmara una gran faena en la corrida de Beneficencia del año 1916.

La compra por Félix Moreno Ardanuy

En la primavera de 1918 Félix Moreno Ardanuy, por mediación de su amigo “Bombita”, se hizo con cuatrocientas vacas, con las crías de éstas y con todos los sementales de la ganadería. Durante cuatro décadas los animales anunciados bajo el nombre del fundador de la dinastía de criadores de bravo, saltaron a los ruedos más importantes de España y propiciaron grandes actuaciones de los espadas que con ellos se acartelaron.

El 28 de junio de 1919 comenzó su trayectoria como ganadero en Madrid, lidiando cuatro reses en la Corrida de la Prensa, para un cartel compuesto por “Gallito”, Belmonte, “Varelito” y “Nacional”. En ese mismo escenario destacar un par de morlacos embarcados en “La Vega”. El 13 de abril de 1925 apareció por la puerta de toriles el primero de ellos, “Carminito”, toro cárdeno que tomó cinco puyazos y derribó en cada una de las entradas. “Masquero” fue el segundo, novillo negro que pisó el redondel capitalino el 15 de marzo de 1931 y sobre el cual se realizaba la siguiente manifestación en la revista El Eco Taurino: se le calificaba de “bravo y noble como no cabe más”.

Un público tan entendido como el bilbaíno, tuvo la fortuna de presenciar el excelente juego que varios de los astados sevillanos mostraron en su plaza. El que abre la relación de éstos, cronológicamente, es “Granadino” que recibió cinco varas de los picadores y dio un gran espectáculo en todos los tercios. Otro toro con idéntico apelativo que el anterior, “Granadino”, herrado con el nº 26, fue paseado por el anillo del antiguo coso de Vistalegre el 25 de agosto de 1929 como recompensa a su extraordinario comportamiento.

Al año siguiente, un animal de Félix Moreno, nuevamente, acaparó la atención de los espectadores vizcaínos. En esta ocasión, se trató de “Viudito”, cárdeno claro de capa, que se acercó hasta en siete oportunidades a los equinos, evidenciando una gran bravura a la hora de la muerte. El 28 de agosto de 1932 fue lidiado en Bilbao el último de los cornúpetas de nota de esta vacada durante el período de tiempo que ésta estuvo en posesión de Moreno Ardanuy.  Atendía por “Avellano”, su pinta era negra entrepelada y en el primer tercio demostró unas magníficas cualidades. “Pajarito”, “Fajito” y “Marmolillo” son tres animales de esta divisa que destacaron en el ruedo de Valencia en los años treinta del pasado siglo. El primero de ellos se hizo con el galardón de la oreja de plata concedida al mejor toro de la Feria de Julio de 1932. El segundo de los ejemplares mencionados, “Fajito”, se convirtió en protagonista junto con el torero segoviano Victoriano de la Serna de la creación de una nueva suerte. Victoriano le brindó la muerte de “Fajito” al pintor Ruano Llopis, presente en el festejo, que inmortalizó en un cuadro la ejecución de un muletazo por parte del diestro nacido en Sepúlveda. Dicho pase fue bautizado como “de las flores” al figurar en la pintura de Llopis unos claveles colocados en la arena. Este hecho se produjo en la Feria de Julio de 1933.

También en ese serial se jugó el tercero de los astados de Moreno Ardanuy que con anterioridad fueron señalados. “Marmolillo” exhibió en todo momento unas excelentes condiciones, tomando cinco puyazos y derribando en cada uno de ellos. A todos los toros citados hay que sumar otros tantos que saltaron a los ruedos de Santander, Zaragoza, Alicante ó Salamanca.

Comentar, de igual forma, dos triunfos importantes cosechados por “Manolete” en los cosos de Barcelona y Valencia en dos años consecutivos, 1941 y 1942. El 4 de mayo de 1941 Manuel Rodríguez le cortó los máximos trofeos (dos orejas, rabo y pata) al primero de su lote jugado en la ciudad condal y el 13 de mayo de 1942 paseó el rabo de uno de sus antagonistas corridos en la capital levantina. Referir también que los postreros novillos estoqueados en su carrera por Luis Miguel Dominguín en 1944 llevaron este hierro.

Al fallecer el propietario de la vacada el 19 de junio de 1960 todas las reses con las que contaba se repartieron entre los sucesores. El hierro que nos ocupa quedó en poder de su hijo de idéntico nombre. En los últimos tiempos el titular de la divisa ha sido Enrique Moreno de la Cova, hasta que a principios del año 2013 José Joaquín Moreno de Silva, primo del anterior y actual responsable de la ganadería, adquirió setenta vacas, treinta añojas y todos los derechos. Posteriormente, Enrique, ante el interés mostrado por su primo por hacerse con el semental “Consejote”, se lo regaló.

El otro pial con esta sangre con el que contaba Moreno de Silva (el de la M y la O) ha sido dado de baja de la Unión, por lo que en estos momentos todos los animales de los que disfruta el criador se encuentran englobados en el hierro que se anuncia como “Saltillo”. Las familias más importantes dentro de la casa son: las Tinajeras, Labradoras, Ruidonas, Arqueritas ó Lobitas.

BIBLIOGRAFÍA.
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HEMEROGRAFÍA.
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–García Bravo, Fernando: “Efemérides”. Revista 6 Toros 6, nº 357, 1 de mayo de 2001.
–García Bravo, Fernando: “Efemérides”. Revista 6 Toros 6, nº 363, 12 de junio de 2001.
–García Bravo, Fernando: “Efemérides”. Revista 6 Toros 6, nº 368, 17 de julio de 2001.
–García Bravo, Fernando: “Efemérides”. Revista 6 Toros 6, nº 377, 18 de septiembre de 2001.

PÁGINAS WEB
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© Carmen de la Mata Arcos/2015

La autora:
Carmen De la Mata Arcos es Licenciada en Historia y diplomada del XI Curso de Periodismo Taurino "Fundación Wellington". Obtuvo también el titulo de Experto Universitario en el Curso de "Dirección de Espectáculos Taurinos" impartido por la Fundación UNED. Colabora como corresponsal en el programa "Carrusel Taurino" de Canal Sur Radio desde la temporada 2010. Ha publicado diferentes trabajos en la revista taurina "6 Toros 6" y en el portal "El Rincón Taurino", entre otros medios. En Taurologia.com ha publicado recientemente el reportaje de documentación “El Niño de la Capea y "Cumbreño", 30 años después sigue siendo una faena histórica” y  “Los Flores, dos siglos de historia de una familia ganadera”.

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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