Roca Rey viene para mandar

por | 23 May 2018 | Temporada 2018

MADRID. Décimo sexta del abono de San Isidro. Lleno de “No hay billetes”: 23.624 espectadores. Toros de Victoriano del Río, de correcta presentación y astifinos, de juego muy desigual; tuvieron calidad 1º y 4º, pero se apagaron muy pronto.  Miguel A. Perera (de verde botella y oro), silencio tras un aviso y silencio. Alejandro Talavante (de azul pastel y oro), silencio y silencio. Andrés Roca Rey (de verde botella y oro),  silencio y una oreja.

Diluvió durante la lidia del 2º y 3º, amainando con el 4º, y despejándose en el tramo final.

 

Roca Rey quiere el mando. Por eso acrecienta su hoja de servicio. Y no lleva dentro ninguna magia; tan sólo atornilla las zapatillas al ruedo, torea con muy buen ritmo y por abajo, pasándoselos muy cerca y se entrega con la espada. Algunos dicen que será una primera figura; en realidad ya lo es y, a diferencia de otras, llenas las plazas. Tiene ese don tan complicado de conectar de inmediato con los tendidos, precisamente porque cuanto hace rezuma verdad. Con 22 años, el bagaje que tiene y sabiendo lo que es pasar por las Enfermerías, incluso conociendo cuánto pesan Las Ventas cuando se tiene el sello de figura, cuando todo eso ocurre no resulta arriesgado afirmar que el futuro es suyo; está hecho para mandar.

 

Y es que el limeño encuentra toro en todos los terrenos. En esta ocasión, bajo el diluvio y con un toro rajado como era su primero, nunca se acomodó para esperar una mejor ocasión. Pero con  el 6º, que no era fácil, llegó la explosión que los aficionados esperaban. Resultaban casi inverosímiles sus estatuarios de esta tarde en perpendicular con los tableros, contra toda lógica taurina. Pero ni se inmutó y puso a la plaza en pie. Pero antes se había entretenido en escribir un quite por saltilleras, en las que entre toro y torero solo cabía un papel de fumar. Por eso Madrid vibró con este Rey, porque su faena al “victoriano” que cerraba la tarde, más hecho que sus hermanos, tuvo su punto de épica.

 

Pero ya no es sólo esta su segunda tarde en San Isidro. Podría comenzarse por las Fallas, por Sevilla, por Jérez… Cada vez está más asentado en el toreo fundamental, a base de apostar fuerte: no se para a medir si el toro tiene más o menos fuelle, pensará que ese es un problema del toro, no el suyo; con ambas manos los lleva desde el comienzo por abajo y largos. Y si el animal se viene a menos, que tal forma de torear cuando se hace con profundidad quebranta mucho, siempre le quedará un arrimón en el bolsillo, para llevar al toro por lugares imprevistos. 

 

En sus comienzos se decía que a lo mejor su mentor, José A. Campuzano, iba demasiado rápido con este torero a la hora asumir compromisos. Pues ha sido que no: iba al ritmo al que crecía su torero, que ha sido capaz de encaramarse en tan sólo tres años donde sólo andan los privilegiados. Y ahora que ha concluido su paso por Las Ventas, son muchos los que añoran que no esté anunciado una tarde más. 

 

Pero hay que volver a esta décimo sexta del abono. La corrida de Victoriano del Río, algunos ejemplares protestados por el sector más exigente, peleó  bien en líneas generales con los montados; con más o menos clase, pero todos apretaron con los riñones y con derechura. ¿Qué a algunos se les pegó demasiado? Pues a lo mejor. Pero tampoco resultaba tan fácil sacarlos de debajo del caballo. Y por cierto: ¿el 5º se hundió tan pronto por lo que le pegaron en varas, o porque llevaba una banderilla en el centro de un puyazo, que era como una media en las agujas?. Así como los hubo muy sueltos durante toda la lidia, también los hubo enrazados y con calidad, aunque duraran menos de lo necesario. Incluso un par de ellos blandearon en exceso. En suma, una corrida con más satisfacciones para su criador que para los toreros.

 

De hecho, casi ninguna satisfacción le provocó su lote a Alejandro Talavante, ni el más recogido 2º, ni el cinqueño de su segundo turno. Entre eso y el diluvio, prácticamente dejó en blanco su tercer examen isidril, el último que le quedaba en la cartera.

 

Algo más de suerte tuvo Miguel A. Perera, que sin posibilidad de redondear la tarde, al menos sus dos enemigos le facilitaron que dejara cuatro series sobre la mano derecha –dos a cada uno– pletóricas de poder y de temple; las del 4º, soberbias. Pero ahí tuvo que parar la cosa: aquello nada para más, salvo para ir una y otra vez a sacar a sus toros de las tablas, que eran donde querían estar. Y ahora a esperar la Benefiicencia, para ver si hay más suerte en el sorteo.

 


Otro sí 

¿A quien se le ocurrió la idea?

 

Una de las cabezas pensantes en este de San Isidro tuvo la feliz ocurrencia de decidir que en medio de un festejo no se pondrían las bateas protectora a los burladeros del callejón. Con tardes como la del otro día y como la este miércoles, seguro que el ser pensante ha avanzado puestos en la lista de aspirantes al Nobel.

Por lo visto, aducían razones de seguridad. Es posible. Pero entre toro y toro, ¿tampoco se pueden poner esos "paraguas"? Los taurinos y la jet set que frecuenta esos lugares se pusieron como sopas. Y además, ellos que mandan en estas cosas,  incumplieron el Reglamento, porque muchos abandonaron sus localidad con el toro en el ruedo.

Pero algo similar se puede decir de la autoridad competente. Cuando comenzó la lluvia torrencial, una buena parte de los tendidos se despoblaron en busca de mejor refugio. De forma antirreglamentaria, pero comprensible. ¿No pudo esperar un poquito el Sr. Presidente a que las localidades se desalojaran, para dar la salida el siguiente toro? Se habría evitado un buen barullo. Y se habría cumplido el Reglamento.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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