Roca Rey tiene prisas por mandar en el toreo

por | 7 Jul 2016 | Temporada 2016

PAMPLONA. Primera de la feria de San Fermín. Lleno total.  Toros de Fuente Ymbro, desiguales de remate pero todos muy cornalones; con mucha nobleza 1º, 2º y 6º, al que se le dio la vuelta ruedo. Miguel Abellán (de verde hoja y oro), silencio y silencio.  Paco Ureña (de azul Bilbao y oro), silencio y silencio tras un aviso. Andrés Roca Rey (de granate y oro), una oreja y dos orejas. Salió a hombros por la Puerta del Encierro.
Al término de la lidia del 3º, Roca Rey tuvo que ser atendido en la Enfermería de un puntazo en el escroto y una fuerte contusión en la mandíbula.

No es que quiera llevárselo calentito cuanto antes. De lo que de verdad tiene prisas Roca Rey es por mandar en el toreo. Y camino va de ello. Quién iba a decir que un muchacho que toreaba sin caballos hace poco más de dos años, ahora mismo se haya situado en la cúspide del escalafón superior. El triunfo rotundo de Pamplona, merecido, muy bien trabajado, le va a dar el empujón definitivo para su proyección. Y es que este torero no es sólo valor y decisión, es que tiene una cabeza privilegiada para el duro oficio que ha elegido. Por eso, acabará siendo imprescindible, como siempre lo fueron las figuras que marcaron su época.

Hoy se las visto con una cornalona hasta decir basta corrida de Fuente Ymbro. Así a primera vista, no se entendía muy bien como lo había colocado ahí su apoderado, que no es precisamente de los que van buscando sobre todo la comisión. Con una temporada hecha y una tarde aparentemente más bonancible ya comprometida para los sanfermines, firmar además la corrida de Ricardo Gallardo –que no hay más que repasar los carteles en los que se ha venido anunciando últimamente–, podía parecer un exceso. Pues no, Roca Rey ambiciona dar la cara y no es de los que anda guardando su misterio detrás de la primera mata que encuentra: lo quiere airear a los cuatro vientos, sin pararse en matices. Ni de comodidad ni de nada.

En esta primera de sanfermines, ha triunfado con el bueno y con el malo.  Con su primero, reservón y escarbador, muy aquerenciado ya desde su salida, salió al “sí o sí”, echándole las rodillas a la arena para iniciar su faena. La primera vez que le pasó por el pitón derecho, lo cogió de forma espectacular, aunque luego se tratara de lesiones molestas pero menores. Frente a la lógica alarma por la forma de la cogida, llamó la atención que en aquel trance quien puso serenidad fuera precisamente el torero. Todo su trasteo, sobrado de valor, tuvo mérito, especialmente toreando sobre la mano izquierda, sin que se le moviera un músculo. Un trasteo reunido y en terreno de chiqueros que culminó con un espadazo de efecto inmediato.

Variado y con clase en el manejo del capote frente al 6º,  temían los aficionados que la calidad del “fuenteymbro” quedara anulada por su poca fortaleza (algunos hablaban de una lesión en una mano). Roca Rey con una muñeca casi milagrosa por su temple lo supo exprimir hasta el último adorno del epílogo. Y es que, como tiene una buena cabeza, de inmediato advirtió que si le exigía en exceso a su enemigo –como hizo en una tanda sobre la mano derecha–, se acababa la cuestión. Por eso, ni un tirón, ni un toque violento, todo suavidad para llevarlo largo y metido en los engaños. Una faena con personalidad, con sello de calidad contrastada además de con garra. Otro espadazo y las dos orejas.

La corrida de Fuente Ymbro con cuatro cinqueños –1º, 4º, 5º y 6º– era muy cornalona, toda ella de esos que los taurinos consideran que “no caben en la muleta”. Pero no todo la seriedad que llevaban por delante lo tuvieron luego en su remate. Tres tuvieron nobleza y clase: los dos primeros y el que cerraba plaza, al que el temple de Roca Rey le tapó su excesiva blandura; los tres restantes ya fueron otro cantar: mansos, muy sueltos y sin fijeza alguna ante los engaños.

Miguel Abellán estuvo toda la tarde muy torero. Pero también en esta ocasión como un deficiente matador, que es lo que le cerró las puertas del triunfo. ¿No será que se perfila demasiado largo para hacer la suerte? Toreó templadamente y con gusto al que abría plaza, muy centrado el torero y sin subterfugio alguno. Tenía la oreja en la mano cuando se puso a fallar con los aceros. Como el oficio lo domina, se entendió bien con el manso que hizo 4º, dejando hasta dos series de interés. Después de un pinchazo, en esta ocasión la espada se le fue a los bajos.

También el mal uso de la espada le impidió a Paco Ureña triunfar con su primero, al que toreó sobre ambas manos con mucha autenticidad. Hubo algunas series sobre la mano izquierda de exposición. El murciano le pudo al manso que hizo 5º, obligándole muy por abajo, llevando su faena de menos a más, aprovechando que había un rescoldo de nobleza en las embestidas. Pero en la suerte final no hubo acierto.

Otrosí:
Un dato para el anecdotario

Un dato para el anecdotario taurino. El 6º de la tarde, de nombre “Soplón” y marcado con el número 66, resulta que era ya un viejo conocido de los corrales pamploneses: estuvo aquí en los Sanfermines de 2015 enchiquerado como sobrero; ahora ha vuelto con cinco años y seis hierbas, aprovechando la ocasión para sacar a pasear toda la nobleza que tenía dentro, que era mucha. Tan solo su blandura pone en duda la oportunidad de la vuelta al ruedo, porque rebosaba calidad.

Apóyanos compartiendo este artículo:
Taurología

Taurología

Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *