Fue el crítico Gregorio Corrochano quien bautizó como el pase del Celeste Imperio, en lo referente a las faenas de muleta. Es imprescindible saber que en aquella época se conocía por el nombre de Celeste Imperio a lo que a partir de 1949 se vino a denominar República Popular China y que en esos tiempos cuando a alguien se le engañaba de forma flagrante se solía decir de él que se “le había engañado como a un chino”. Si al famoso crítico se le ocurrió dicho nombre para aquel pase, que luego hemos conocido por ayudado por alto o estatuario, fue porque su espectacularidad no estaba en consonancia con el riesgo que aparentemente corría el torero al ejecutarlo. De alguna manera porque sorprendía al espectador no demasiado entendido que, sobrecogido, veía pasar al burel de cabeza a rabo por delante del diestro que, haciendo la estatua, no movía ni un centímetro las zapatillas atornilladas al albero. Pero el cite se hacía de perfil y a pies juntos, por lo que el matador no cargaba la suerte, limitándose a mover los brazos para que el animal se fuese alejando de su cuerpo a medida que iba pasando. Manolete incluyó en su repertorio este pase. Años después, Díaz Cañabate rebautizó esta suerte con el nombre de pase del guardabarreras, versión menos ortodoxa que utilizó con frecuencia Rafael Gómez Ortega, quien añadió la variante que consistía en elevar la muleta a medida que el toro se iba acercando, consiguiendo efecto de una barrera que sube y baja en un paso a nivel, de esta forma lograba alargar hacía afuera la trayectoria del toro.
(De “lo que se tercie”, blog)
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