Pues a pesar de todo, el año que viene se volverán a anunciar con Zalduendo

por | 26 Sep 2010 | Temporada 2010

SEVILLA. Ultima de la feria de San Miguel. Lleno. Un toro de Zalduendo (6º), tres de Hermanos Sampedro (1º,3º y 4º)  y dos de Gavira (2º y 5º). Decepcionantes todos ellos. Morante de la Puebla (verde botella bordado en hilo blanco), pitos y silencio. El Juli (azul purísima y oro), silencio y silencio. Oliva Soto (nazareno y oro), ovación y palmas.
 
¿Usted ha visto lo mismo que yo he visto? Bueno, pues aunque no se lo crea, cuando pase este larguísimo invierno que tenemos a la vuelta del otoño, las figuras volverán a anunciarse con la ganadería de Zalduendo. No me pregunte el por qué. Pero así será.
 
Hay que ver que había buen ambiente en la Maestranza. La gente estaba deseando asistir a una gran tarde de toros. Hasta en la calle Iris se había puesto el “no hay billetes”. Pues todo se vino abajo estrepitosamente. Fernando Domecq había enviado a los corrales maestrantes hasta nueve toros. En el reconocimiento para atrás fueron cinco y sólo cuatro entraron en el sorteo, completándose el sexteto con dos de Hermanos Sampedro. Con esas se hizo el paseíllo. Luego las cosas fueron aún peor. El primer “zalduendo” –que era el 2º de la tarde— volvió para adentro renqueante, siendo sustituido por un cinqueño de Gavira. Lo mismo ocurrió con el cuarto, pero en esta ocasión el sobrero era de Sampedro. Y otro tanto con el quinto, reemplazado por un toraco de Gavira. Total, de 9 quedaron 4 y al final se lidió sólo uno, el último de la tarde. ¡Ozú!, que diría un cabal.
 
Con semejante muestrario de hierros, que como se dice coloquialmente cada uno era de un padre y una madre, las cosas no podían salir bien. Salvo por equivocación. Pero, lamentablemente, no la hubo. Y así nos fue. El primero se rajó antes de empezar; el segundo no quiso ser menos; el tercero a la segunda  serie con la muleta dijo que hasta luego, que aquella no era su guerra; el cuarto no admitió arriba de 8 o 10 muletazos; el quinto no quería  ni que le dijeran buenas tardes y sólo sexto medio se dejó, aunque a regañadientes.
 
Con semejante material, los revisteros de finales del siglo XVIII solía utilizar la figura literaria de que la afición estaba a punto de prenderle fuego a los tendidos. Ahora no se llevan esas figuras. Pero hoy la habrían escrito. Y se comprende. No se puede pasar una tarde con más desesperanzas que la que hoy vivimos.
 
De consuelo nos queda, pero sólo de consuelo, tres bocetos de lances de Morante, una tanda de muletazos y tres o cuatros detallitos. Y queda el ánimo de Oliva Soto, a cuyo cargo estuvieron momentos meritorios y con buen gusto, y si no llega a ser por la espada, hasta podría haber alcanzado mejor recompensa; al menos, el de Camas mantiene el interés por verle.
 
Y viendo al Juli recordaba una vieja anécdota de Juan Belmonte. Contaba el genio de Triana de un “miura” que le salió en Bilbao y para describirlo muy gráficamente no tuvo mejor explicación que ésta: ”Mire usted como sería ese toro que Maera, con ser Maera, sólo pudo ponerle un palo y a la media vuelta”. Pues eso, fíjese usted lo que saldría por chiqueros que El Juli, con ser El Juli, no pudo ni medio estirarse en toda la tarde. Con eso está dicho todo.
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Taurología

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