Presentación en Madrid de «Oselito en Rusia», de Martínez de León

por | 6 May 2014 | Literatura taurina

Filósofo de la calle, Martínez de León viaja con su “Oselito” a Rusia en 1935. Lo hace por encargo del diario “La Voz”, con motivo de los veintiocho años de la Revolución. Fue un libro ilustrado con las aventuras que  el ya popular persona vive en Rusia.

Como se sabe, “La Voz” era un vespertino dirigido a las clases populares y fundado por  José Nicolás de Urgoiti, también titular del prestigio matutino “El  Sol”. Urgoiti vendió  su empresa editorial las vísperas de la proclamación de la II República Española, tanto “La Voz” como “El Sol” pasan a alinearse con el republicanismo moderado, llegando en 1932 a adscribirse al azañismo. A su vez, en 1934 serán adquiridos por una nueva compañía, Editorial Española, pasando a formar parte de la prensa progresista. Es ya en esta etapa cuando se encarga a Martínez de León su viaje a Rusia.

El tema no era nuevo, pero su plasmación literaria fue diferente.  En efecto, antes que el artista y escritor de Coria del Río, propósitos de algún modo parecido habían tenido, por ejemplo,  Fernando de los Ríos con su “Mi viaje a la Rusia sovietista”; Ángel Pestaña, en “Setenta días en Rusia. Lo que yo vi”, o el propio Chaves Nogales, con “Un viaje en avión por Europa. Un pequeño burgués en la Rusia roja”.

Hay que tener en cuenta que cuando por primera vez se edita este libro, en la primavera de 1936, y en vísperas ya de la Guerra Civil, España vive en  y con un clima ya radicalizado. Aunque tras la  los editores  al promover este libro existía una razón de orden político, Martínez de León trata en todo momento de huir de la politización.

Un buen conocedor de su obra, como Manuel Barrero, opina que  "Oselito en Rusia” quiere ser un libro de viajes humorístico, por más que ligado al aparato propagandístico comunista. Sin embargo, en sus páginas se encuentra, como ha escrito Barrero, “un retrato crudo de la realidad rusa”, por más que haya un predominio de la amabilidad en la mirada dirigida hacia el régimen estalinista.

Francisco Canterla, otro buen conocedor de los trabajos de Martínez de León, recuerda que "Oselito se expresó, con desparpajo trianero, ante el mismísimo Stalin, quien, impresionado ante tanto ingenio, acabó por contagiarse de sus maneras: ´Perdóname, Osé de mi arma, que no pueda resibirte en este momento. Estamo atareadísimo con esto der desfile der día siete… Ya sé que viene a hablarme de eso de los toro".

Quiere todo ello decir que “Oselito en Rusia” es un libro que hay que leer sin perder de vista  la época histórica que se vivía en el momento de su publicación.  De hecho, éste y otros trabajos críticos  –como “Oselito extranjero en su tierra”, la historia de su visita al bando nacional– costaron al autor permanecer por dos años en la cárcel al término de la guerra civil.

Hace aproximadamente un año, la Diputación de Sevilla promovió la edición de una antología de sus textos, entre ellos de “Oselito en Rusia”. En ese volumen aparece, además,  más de 40 de las crónicas taurinas publicado en “El Sol” entre 1932 y 1936, así como una treintena de sus escritos taurinos en “El Ruedo” en el periodo 1963-1965. En un segundo bloque se seleccionan 22 artículos y 30 historietas de los que formaban “Los amigos del toro”. El tercer grupo de escritos, en fin, se dedica a la selección de textos de su singular libro de viajes en el que “Oselito” narra sus experiencias en París, Berín, Varsovia, Leningrado y Moscú, que leído con los ojos de hoy resulta de un particular interés.

El autor

Siendo una personalidad indudablemente polifacética, Martínez de León siempre tendrá una fuerte connotación taurina. No puede considerarse fruto de la casualidad que su personaje emblemático, creado en 1920 –el año de Talavera— le pusiera por nombre “Oselito” y le diera una marcada personalidad:  entre sevillano y trianero, popular en sentido más profundo, taurino  de la mejor especie.

Ilustrador renombrado, en soportes tan distintos que van desde el papel a la cerámica, Martínez de León fue uno de los pioneros en el difícil oficio de las tiras de actualidad para la prensa. Es en esta faceta en la que aporta a la prensa sus apuntes al natural, tan celebrados como han sido en épocas muy diversas del toreo. En el fondo, con esa fórmula, que bien podíamos incluir en esa categoría moderna del comic,  Martínez de León realiza verdaderos tratados de tauromaquia, en los que el humor se compagina con el buen criterio taurino.

Desde su Sevilla natal, en la que destacó con prontitud, dio el salto a los medios de Madrid y luego entró de lleno en la obra escrita. Pero su vocación más profunda estaba en la pintura, en la que centró intensamente desde mediados de los años 50. Si antes sus apuntes al natural y sus ilustraciones –el libro de Corrochano sobre la tauromaquia de Joselito es un buen ejemplo—alcanzaron fama, lo mismo ocurrió con sus oleos, entre los que destacó  su cartelismo.

Es en esta obra mayor donde mejor se advierte la calidad de aficionado que era; sólo así se entiende la precisión y el enfoque de las escenas que reproduce, en las que sólo un buen conocedor de los misterios del toreo es capaz de advertir aspectos que para los demás pasarían desapercibidos. Se trata de una etapa en la que será reconocido como el pintor del color, por su dominio de la paleta; sus juego con los colores enmarca un juego de formas en el que lo central aparece muy definido, en tanto la ambientación restante se esboza, casi se prefigura.

De personalidad muy acusada, en su faceta periodística trabajaba lo mismo para diarios conservadores, que para los liberales o los de izquierda. De hecho, parecía estar por encima de esas diferencias. Así se entiende que, tras publicar en medios republicanos, al final de la guerra civil se le juzgara por revolucionario –y condenado a muerte, luego conmutada–, para que años más tarde fueran figuras del propio franquismo los que le rendían homenaje en el Ateneo hispalense.

Y es que Martínez de León era antes que otra cosa un artista, un escritor, un hombre que se sentía libre y desde esa libertad quería expresarse. Así comenzó a hacerlo con poco más de 20 años y así acabó su vida en 1978.

Su profunda vocación artística

Andrés Martínez de León había nacido en localidad sevillana de Coria del Río el 5 de abril de 1895, pero cuando aún no había cumplidos dos años su familia se traslada a la capital andaluza, para afincarse en el barrio de Triana. Su infancia en este barrio le marca en gran medida el rumbo de su vida.

“Todo mi mundo infantil –dejó escrito– se desarrolló en la Huerta de Los Remedios, que hoy es un hermoso barrio. Junto a esta huerta, estaba el convento del mismo nombre. Quizá de ahí arranquen muchas cosas de mi vida… entre otras, mi afición a la pintura, desde luego”. En efecto, según contaba, “frecuentaba muchísimo los salones aquellos, inmensos, callados, del convento de la Huerta de los Remedios. Allí pintaban –era su estudio– artistas de la paleta como Gonzalo Bilbao, Zuloaga y Marín Castellanos, entre otros muchos”.

Al cumplir los 14 años ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, donde estudió dibujo e ilustración, y conoció los rudimentos de la pintura y el color. Si bien en un momento, se centra en gran medida en la ilustración, años más tarde entra de lleno en la pintura.

Cuentan sus biógrafos que, siguiendo una costumbre de la época, expone sus primeros trabajos en los escaparates de algunas tiendas de la calle Sierpes. Y en esa faceta le descubrió Juan Carretero Luca de Tena, director de “El Noticiero Sevillano”, quien le ofrece trabajar como ilustrador en su periódico.  Cuando ha adquirido ya un cierto nombre, le llaman para colaborar en distintos periódicos de Madrid, como “El Sol” y “La Voz”, así como en revistas como “La Esfera” y “Blanco y Negro·.

En todas estas colaboraciones, Martínez de León realiza apuntes sobre la vida cotidiana, bastante de ellos referidos específicamente a los toros, como paso previo a entrar en una de sus facetas más celebradas: el humorismo gráfico.

Dentro de esta actividad es cuando crea un personaje que se hace célebre “Oselito”; no debió ser una mera casualidad que siendo el año 1920 eligiera tal nombre. Se trataba de un personaje popular, sevillano desde luego, que acredita unas excepcionales dotes de observación, tanto que pronto sus dibujos como las historias que narra se convierten en una verdadera crónica de laos acontecimientos de la época.

Su bibliografía

Seis años más tarde publica su primer libro,  “Álbum de Historietas Sevillanas”, y cinco años después firma su segundo trabajo:  “Los amigos del toro o la parte sana de la afición”, prologado por Gregorio Corrochano, a quien luego le ilustraría varias de sus obras.

Precisamente “Álbum de Historietas Sevillanas”, una obra a la vez crítica, tierna y humorística, esta considerado como el primer cómic-libro moderno español, por su planteamiento y tratamiento del dibujo y por la estructura de la narración, con la que el autor construye un verdadero referente de la historieta andaluza y española.

Pero dentro de la versatilidad de su trabajo, Martínez de León fue también el autor del primer intento de escudo para Andalucía, por encargo del líder del andalucismo, Blas Infante.

Consagrado ya en su oficio, el diario “La Voz” le propuso en 1935 viajar a Rusia, con ocasión del  aniversario de la Revolución de Octubre. Hay distintas versiones de cuál fue el origen de este viaje. Pero lo cierto es que de ahí nació su libro “Oselito en Rusia”, un original libro de viajes, en el que tanto la prosa como sus numerosas ilustraciones trasladan al lector una visión singular dentro del género de los libros de viajes.

En plena guerra civil se une a a otros intelectuales –Rafael Alberti, Pedro Garfias y Miguel Hernández, entre otros— en los viajes a los frentes, especialmente por Andalucía y Extremadura. “Oselito” se reconvierte en esta etapa en miliciano y así sigue protagonizando sus tiras, con parte de las cuales se editó su libro “Oselito extranjero en su tierra”.

El término de la guerra civil Martínez de León le sorprendió en Valencia, desde donde se trasladó a Madrid, donde fue detenido en 1939 y juzgado por actividades durante la República y la Guerra, siendo condenado a pena de muerte, pena que en 1941 le fue conmutada por la de 30 años de prisión. Andrés Martínez de León fue dejado en libertad a finales del año 1945, por el decreto de indultos promulgado el 9 de octubre de ese año.

El pintor de toros

Casi una década después,  Martínez de León vuelve a resurgir. Es a raíz de esto cuando la Editorial Aguilar le publicó su cuarto libro: “Los Amigos del Toro. El toreo, sus males y sus remedios por Oselito”, que en gran medida era una reelaboración de otro anterior de parecido título.

Su trabajo como ilustrador siguió amplio. Incluso llegó a elaborar la historia del Real Betis Balompié, con ocasión de las bodas de oro del club, en lo que bien podríamos incluir en lo que en la actualidad conocemos como comic.  Un trabajo que contemplado con los ojos de hoy resulta verdaderamente importante. A la ocurrencia de Martínez de León se le adjudica la frase que luego se ha hecho célebre del “viva el Betis manque pierda”.

Pero ya abandona en gran medida su actividad como dibujante humorístico y se centra en la ilustración y la pintura, en la que adquirió gran notoriedad, con gran proyección en su versión de cartelista de toros.

En un trabajo biográfico elaborado por  Antonio Bizcocho Pacheco, se destaca “su técnica muy cercana al impresionismo es una explosión de color que en algunas ocasiones sale directamente del tubo. Su amplia gama cromática está impregnada de ocres, amarillos y bermellones que acentúan en la mayor parte de las ocasiones una profunda tensión a sus lienzos.

Por otro lado, se pone de manifiesto que “Martínez de León es un pintor singular. Y lo es por el hecho de dedicarse al oleo a una ya avanzada edad. Después pasar la mayor parte de su vida dibujando, es a partir de los años 50 cuando decide dedicarse a pintar y lo hace a un ritmo frenético. Existe una infinita creación pictórica que a partir de esa etapa se proclama como un pintor del color. Es un rasgo este que, una vez conocida su vida y obra, caracteriza su etapa final”

En esta producción pictórica abundan los temas taurinos, las romerías, pueblos andaluces, faenas del campo, etc…”El dinamismo de sus representaciones hacen de su obra un profundo contraste entre lo que se representa y lo que se expresa plásticamente. Los movidos lienzos taurinos son una difusión de puntos que acentúan las escenas principales y dejan esbozados o mejor dicho coloreados otros temas de menos importancia para nuestra visual. Lo realmente importante es expresar el todo”.

Son algunas ideas en las que también incidía el escritor, periodista y crítico de arte y de toros Manuel Olmedo, en su critica a propósito de la muestra que hizo en el Circulo Mercantil hispalense en abril de 1969, a una de sus ultimas exposiciones. Decía entonces el cronista de ABC de Sevilla, que su colección de oleos “proclaman su dominio del tema, sus conocimientos vastos y profundos sobre el complejo planeta taurino y sus afanes de logros artísticos, auspiciados por indeclinables arrestos juveniles y cumplidamente recompensados por la consecución de valores netamente pictóricos, que ennoblecen lo anecdótico e ilustrativo de esta pintura fraguada con vigorosos empastes, con ágiles masas de color integradas en un impresionismo vibrante, bien medulado y modulado, cuya opulenta vitalidad está injertada en la propia materia cromática”.

Y en esa línea, Olmedo venía a concluir que Andrés Martínez de León dejaba la huella de  un “artista veterano de paleta eternamente joven, fino, perspicaz, elegante, apasionadamente enamorado de su tierra y calificadísimo aficionado a la fiesta taurina, de la que es preclaro, constante y entusiasta cantor”.

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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