Pepín y Luis Miguel: aquel Corpus en Toledo

por | 4 Feb 2016 | Firma invitada

Mañana luminosa en La Sagra, cumpliendo aquello de que el jueves del Corpus Cristi es uno de los tres jueves del año que relumbran más que el Sol….

La excursión familiar a Toledo cumplía la promesa, anualmente renovada, de aquella madre con el Santísimo Sacramento. Todos habían sobrevivido a la guerra civil a pesar de las penalidades del “exilio” padecido, pero cumplía también el deseo del padre de inculcar a los hijos el amor a la Fiesta, tan ligada a los valores cristianos. La ocasión cumplía entonces ambos objetivos.

Los acólitos-aficionados de la familia estaban desigualmente divididos entre “pepinistas”, predominantemente masculinos y “luismiguelistas”, minoría feminista encabezada por la hermana mayor y sus  “cuasi hermanas“ de Mora de Toledo –“era tan guapo y arrogante…..”–, pese a contrariarles soto voce los abundantes lances amorosos que se le atribuían al torero de la calle del Príncipe. Pero por encima de nuestras juveniles reyertas, estaba el justo y reverencial respeto al manoletismo del  padre. En la familia por tanto, la pasión, bendita pasión taurina en nuestra fiesta.

Tras las pacientes paradas del tren en las estaciones del recorrido: Yeles/Esquivias; Pantoja/Alamenda… Algodor (“tortas, bollos, magdalenas, mazapán de Toledo” gritan los vendedores ambulantes), llegan los excursionistas a la Estación de Toledo, todo un lujo neomudéjar y, por fin, a Zocodover, consiguiendo cierto  acomodo para presenciar la Procesión del Corpus, impresionante espectáculo para creyentes, agnósticos, ateos e incluso, también entonces, políticos oportunistas…

Los redobles y compases de la magistral banda de la Academia de Infantería, interpretaban, tras el Himno Nacional, el “Gloria a Cristo Jesús”. Ovación incesante y atronadora. Aquel, más que una marcha militar sonaba a melodía celestial. Se podían ver algunos lagrimones en las mejillas mas sensibles .

Presa de congoja incontenible, quedé sumido en fugaz ensoñación: Pepín, nuestro joven ídolo, presenciaba la procesión desde el balcón de un céntrico Hotel, batín de seda azul con lunares. Al paso de la soberbia Custodia del Santísimo me pareció que el de la Resolana movía los labios. Imposible adivinar lo que dijo. Rayito, su apoderado, le susurró “José, esta tarde toreas con Luis Miguel, viene retando a Manolete y ahora va a por ti”. Lacónico y malhumorado Pepín respondió: “Yo soy macareno, creyente y de la estirpe del Sr. Curro, mi padre”.

Pepín Martín Vázquez, nuestro casi imberbe, pero ya genial torero, había cometido la irreverencia  de poner en aprieto al Califa cordobés cortando tres orejas en la corrida de Beneficencia de 1946: las malas lenguas aseguraban que Camará y los Dominguines  urdían confrontar con designio comercial, ante un Manolete en declive, al pequeño de los Dominguín, con el menor del Sr. Curro Martín Vázquez. Cierta o no esa intriga, el Destino la desbarató. Manolete muerto en Linares y Pepín truncado en su carrera por el terrible percance en Valdepeñas este mismo año que nos ocupa.

En el vano intento de saciar nuestra infinita curiosidad taurina conseguimos, los más mozalbetes, alcanzar alguna parte del reconocimiento y sorteo de las reses a lidiar por la tarde, gracias a la benevolencia de alguna autoridad que practicaba el “dejar que los niños se acerquen a la fiesta”. Durante aquella liturgia conocimos de visu  a “Rubichi”, “Joaquinillo” y José Villalón, de la cuadrilla de Pepín y al estado mayor de Luis Miguel, con sus dos hermanos, Domingo y Pepe y el fiel Chocolate, junto a Alfredo David, al que desde mi insolencia juvenil me sentí tentado de interpelar por su “abandono” de la cuadrilla de Manolete (¡David!, ¡David! exclamaba Manolete en su agonía); y chusca circunstancia a un picador dominguinista, Dositeo Rodríguez “Gallego”, que resultó ser activo comunista, según documentado trabajo de un amigo, gallego ejerciente, que pude conocer muchos años después. Dositeo, muy fichado por la social,  ejerció en plenitud sin ser molestado por la inmisericorde represión…

La corrida resultó triunfal, de las que hacen afición, de especial entusiasmo para aquellos imberbes, que desde entonces ya fuimos apasionados aficionados y que presenciamos el triunfo de nuestros respectivos ídolos: el triunfador de la tarde (“El Ruedo”), Pepín Martín Vázquez , cuatro orejas y un rabo, y Luis Miguel dos orejas a su segundo, en el que salió arreado rodilla en tierra (omitiendo la sentencia del Sócrates de San Bernardo, solo arrodillarse ante Dios) y estimulado desde el callejón por sus hermanos y el fiel Chocolate.

¿Quién iluminó a Pepín para hacer el toreo eterno –incienso en la sarga– el de los ungidos, a un toro de solemne mansedumbre, condenado al fuego?, ¿fue el Santísimo desde la soberbia custodia toledana?, ¿fue su Virgen Macarena?, ¿fue el Sr. Curro Martín Vázquez?.

José Luis Moreno-Manzanaro Rodríguez de Tembleque es  abogado y  Presidente de la Unión Taurina de Abonados de España

Apóyanos compartiendo este artículo:
Taurología

Taurología

Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *