Ocho días de El Niño de la Capea en la México

por | 2 Jul 2011 | Retazos de Historia

En toda la carrera de “El Niño de la Capea” de por sí tienen una referencia permanente a los ruedos americanos. “A tierras de América fui por primera vez en octubre de 1972, el año de mi alternativa, para torear en las plazas venezolanas de Manizales y Medellín”.
 
Pero a partir de ahí se abre un apretado calendario que tiene su punto culminante en México.  “De todas las plazas de aquel continente hay una con la que siempre ha estado muy identificado, se trata de la Monumental de México, a pesar de que los comienzos no fueron muy brillantes ya que hasta me echaron un toro al corral”. Y añade: “Lo bonito de aquella mala experiencia fue que a ocho días después corté mi primer rabo en la México. En vez de hundirme, aquel episodio  lo que hizo fue estimularme más y pensar que había que dar la cara. Y así ocurrió”
 
La Monumental de México  –recuerda el torero salmantino– si no ha sido la más importante, si una de las dos o tres más importante que ha habido en mi vida”. Y a título de ejemplo, rememorasu última tarde en Insurgentes “Aquella fue la tarde más importante para mí, la más emotiva de mi vida. Esa tarde a nivel emocional no es comparable a ninguna otra”.
 
Nacido el 17 de septiembre 1952, Pedro Gutiérrez Moya, luego famoso como “El Niño de la Capea”  en un barrio de las afueras de Salamanca donde se encontraba situada una escuela taurina por nombre “La Capea”. “Mi contacto con ella fue importante. En realidad, se dedicaba principalmente a vender la carne de los toros bravos, que era la más barata, ya que era un barrio obrero. Pero allí iban a entrenar varios toreros y verlos se me fue despertando mi afición. Aquellos eran años muy duros, que gracias a Dios se pudieron superar”.
 
Y siendo literalmente lo que dice su nombre artístico, un niño, le llega sus primeras oportunidades, en la Vista Alegre de Madrid. “Siempre he pensado que Domingo Dominguín me puso en la primera novillada a través de recomendaciones, de amigos que se lo decían una y otra vez. Una vez que me puso en la primera,  se convirtió en un partidario mío y todas las novilladas que dio de la oportunidad no solo en Vista Alegre, si no en todas las plazas que llevaba entonces Pontevedra, El Escorial, Cuenca, etc.. En todas me anunció y me puso a hacer pareja con Roberto Piles”.
 
Pero en seguida llegó la que sería “su” plaza hasta el final.”A  raíz de lo de  Madrid, me pusieron en la plaza de  Vista Alegre de Bilbao, que  me dio el espaldarazo como novillero,  llegue a torear 17 novilladas solo en Bilbao y fue la primera afición que me exportó fuera, creyeron en mí y hasta tome la alternativa allí”.
 
Un cambio de escalafón que, después de presentarse en Madrid con Julio Robles,  llega el 19 de junio de 1972 de manos de Paco Camino y en presencia de Paquirri. “Yo creo que fue un poquito por ese espaldarazo de la alternativa de Bilbao, que fue televisada, pero ese primer año fue muy importante y yo pienso que cuando un torero toma la alternativa con la seriedad como la tome en Bilbao y con las cámaras de televisión, que hacen que te vea todo el mundo, pues fue el primer aviso de que el Capea podía funcionar como torero”. Y en efecto, se abrió paso con rapidez y de manera sólida, llegan a conquistar  Madrid y Sevilla, las dos plazas fuertes del toreo.
 
El día a día es muy duro, ya que es una incertidumbre total, nunca sabes lo que te va a ocurrir mañana, tienes que estar siempre preparado y mentalizado. Pero sobre todo tienes que ser consciente de que el fracaso está a la vuelta de la esquina. Sólo aquellos que tienen amor propio y verdadera vocación de ser toreros, son capaces de durar en esta profesión, porque saben que todo es efímero, que tanto los triunfos como los fracasos pasan y que lo importante es ser consciente de que uno está haciendo lo que le gusta y a lo que quiere dedicar su vida”.
 
Tan es así que por más brillante que sea una trayectoria, siempre tiene que estar en vela.  “A veces a uno le hace falta demostrarse que todo eso que se dice de uno mismo.  A lo largo de tantas corridas has podido demostrar mucho a la gente, y el que haya sido inteligente ha visto tus virtudes y tus defectos. El problema es que uno así mismo se tiene que demostrar todas esas cosas y se tiene que quedar satisfecho con lo que ha hecho y con su carrera y sentirse orgulloso de haber dedicado su vida a esta profesión. Por eso, por ejemplo, en junio de 1988 me encerré en Madrid con los seis toros de Victorino; quise convencerme de que no me había equivocado al elegir que quería ser torero. Era un reto conmigo mismo”.
 
Quizás también para demostrarse así mismo sus propias capacidades, desde antes de dejar los ruedos se vuelca con la ganadería de bravo, sabiendo las dificultades que tenía ese nuevo oficio. “Compré una ganadería desprestigiada en aquel momento, excluida de las ferias;  pero una ganadería que tenía una base genética impresionante, que es lo que hoy en día más se echa en falta,  un encaste puro. Y me lo tomé con mucha calma, me preocupé de estudiar con detenimiento lo que tenía y lo que podía hacer con ello. Tenía una  gran fe en lo que había comprado. Hoy  pienso que no me he equivocado , que el tiempo me ha dado la razón, que las teorías de los ganaderos antiguos son válidas ahora mismo y en un futuro, que lo que verdaderamente importa es tener una ganadería genéticamente pura para poder trabajar con ella”.
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Taurología

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