¿No se quiso conceder una oreja, o lo que no se quería era abrir la Puerta Grande?

por | 6 Jun 2019 | Temporada 2019

MADRID. Vigésimo tercera del abono de San Isidro. Más de tres cuartos de entrada: según la empresa, 21.790 espectadores (92,2% del aforo), en tarde en la que bajó el fuerte calor de días anteriores.

Primera corrida de la que trasciende baile de corrales; al final tan sólo 5 de los presentados pasaron  el reconocimiento. Cinco toros de Garcigrande (Justo Hernández) –el 3º con el hierro de Domingo Hernández–, 4º, 5º y 6º cinqueño; y otro cinqueño de Buenavista (Clotilde Calvo), lidiado en primer lugar.  Desiguales de juego y de duración; los mejores, 3º y 6º.

Sebastián Castella (de tabaco y oro), silencio y algunos pitos. Álvaro Lorenzo (de tabaco y oro), silencio tras un aviso y silencio. Ginés Marín (de caldero y plata), una oreja y petición y dos vueltas al ruedo.

Incidencias: Desde su localidad habitual, presenció el festejo S.M. el Rey don Juan Carlos, con  la Infanta Dña. Elena.

 

Andaba sobrado Ginés Marín con ese “Poeta” que llegó a Las Ventas con el hierro de Domingo Hernández. Volvió a comprobarse con “Afortunado”, en versión Garcigrande, que remontaba al torero, después de unos tiempos algo confusos. Con los dos se volvieron a ver, ya con el capote ya con la muleta, qué clase y buen sentido atesora para ser un torero sólido. A  lo mejor faltó un pasito más para arrebatar del todo. En cualquier caso, su actuación ha sido suficientemente completa como para elogiarla sin reparo alguno.

 

Quizá lo que necesitaba este torero, para reconfirmar su propia confianza, era ese triunfo redondo, que en las plazas principales se le venía resistiendo. En esta vigésimo tercera del abono madrileño pudo salir por la Puerta Grande. Hubiera sido un premio proporcionado a su actuación, además de rematar para bien sus nuevos tiempos.

 

Pero faltaba un pañuelo para cumplir las condiciones tauro-administrativas que permiten salir por la puerta de los honores. El Palco se resistió a conceder ese trofeo necesario en el 6º de la función.  No andaríamos muy lejos de la realidad si pensáramos que, en realidad, a lo que el Palco verdaderamente se resistía era a abrirle la Puerta Grande, que es lo que hubiera ocurrido mecánicamente si saca un pañuelo. Nos topamos de nuevo con el dichoso “síndrome de Estocolmo”, que rige desde lo acontecido el pasado día del Patrón.

 

No es proporcionado que la factura la tenga que pagar una tarde como la de Ginés Marín. A lo mejor uede seer  bueno que se encarezcan las salidas por la Puerta que da a la calle de Alcalá. Hay fórmulas más justas que la se le aplicó a Marín: por ejemplo, decidan los jerarcas y burócratas de este mundo que, en lugar del aritmético 1+1, en Madrid se aplique la doctrina de Sevilla (tres orejas, al menos), o Bllbao (al menos dos orejas en un mismo toro). Ya se estaría poniendo un antídoto a posibles abusos, si es que se juzga necesario. Pero tomarse la justicia del "aquí mando yo", no es ni elegante.

 

Disquisiciones al margen, la tarde no dio para mucho más. Ni el sobrero de Buenavista y los restantes de Garcigrande estaban llamados a aportar gloria a sus respectivas Casas. Ni se lo pusieron fácil a sus dos lidiadores.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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