Morenito de Talavera, «el novillero predilecto de Madrid»

por | 16 Ene 2011 | Retazos de Historia

"El novillero predilecto de Madrid", lo definió Curro Meloja. Era Emiliano de la Casa, "Morenito de Talavera", el torero que se fue de los ruedos sin que la presidencia le mandara un sólo aviso. Nuestra charla discurrió en los campos toledanos, mediados los años 70, cuando sus hijos andaban todavía por los ruedos, sobre todo Gabriel.
 
Nacido en Talavera de la Reina en junio de 1914, seis años antes de la muerte de Joselito, cuyo recuerdo precisamente le impulsó a ser torero. "Cuando la cogida de Joselito yo era muy chaval. Pero recuerdo que a los tres o cuatro años de su muerte, comencé a entender lo que había ocurrido aquel día en Talavera. Sí, claro, había el duelo, con todo el pueblo conmocionado, pero hasta años después de no fue consciente de de lo que aquello suponía. La verdad es que conforme oía hablar de aquella tragedia, la afición crecía en mí".
 
Y decidió echarse a las capeas de los pueblos, que era el único camino en aquellos años para aprender la profesión. "Con 12 y 13 años me iba a todas las capeas de los alrededores de mi pueblo. Me hinchaba de torear. Hasta que un día se acordó de mí un empresario. La verdad es que me metió en el cartel porque era del pueblo, que eso siempre ha tenido un aliciente". Su alternativa en la vida era hacerse pintor o mecánico, porque eran las que le resultaban familiares. Pero el aquel primer festejo le metió de lleno en el mundo del toro. Así se sucedieron las novillas por los pueblos durante tres años. "Yo toreaba lo que salía. Me daba lo mismo que fuera una becerrada nocturna que una novilla fuerte. A mí lo que me interesaba era torear lo más posible".
 
"El oficio lo aprendía yo solo, fijándome en lo que hacían los matadores de toros, metiéndome en los tentaderos, toreando de salón…. Mi padrino era yo mismo". Hasta llegó la presentación en Madrid, el 8 de septiembre de de 1935, que a su vez fue la primer tarde que oficialmente toreó con picadores. "Conmigo toreaban Niño de Tomares, Navarrito y Manuel Ramírez, una novillada de Gabriel González. La tarde se medió bien, porque le corté una oreja a mi primero y die la vuelta al ruedo en el otro. La verdad es que no me impresionó torear en Madrid, porque venía muy rodado de los pueblos, en los que te soltaban cada bicho…".
 
Pero aquel bien ambiente del debut duró poco, porque en seguida llega el parón provocado por la guerra civil. "En realidad, de forma seguida no volví a poder  torear hasta agosto de 1939". Y ya no paró como líder del escalafón novilleril hasta que en mayo de 1942 Manolete lo hace matador de toros en Barcelona, con Pepe Luís de testigo. Vestía aquel día un terno azul celeste y oro. "Nunca había hablado con Manolete hasta aquella tarde. Y a la hora de la alternativa, Manolete me dijo simplemente: Que tengas mucha suerte, muchacho. Había pensado tantas noches en aquel momento, que aquello me supo a poco, me quedé medio parado, esperando, sin saber qué hacer. En fin, al mes siguiente confirmé la alternativa, que entonces no era como ahora. Recuerdo que toreaba mano a mano con Antonio Bienvenida. Corté tres orejas y a partir de ese momento salí andando con fuerza".
 
Un par de temporadas en la cresta de la ola, para pasar luego a un frustrante semiolvido. "La gente cada vez exigía más. Por hacer, hasta me veía obligado a banderillear a mis toros. Y luego que coges una mala racha en los sorteos y es casi la puntilla. Hasta la temporada de 1946 no conseguí enderezar las cosas".  Pero reconoce que en los años buenos y en los otros pasó por la profesión sin agobios: "Tenía habilidad para despachar al toro peligroso y, además, los toros me respetaron mucho; de verdadera gravedad sólo tuve dos cornadas".
 
Y así se mantuvo hasta 1951, cuando en la feria de su pueblo se despide oficialmente del toreo, acompañado de los dos ídolos del momento: Aparicio y Litri. "El toreo tiene algo muy especial, porque sus recuerdos se te quedan grabados para siempre. Ningún toro es igual, ni ninguna faena puede ser similar a la anterior…, pero todo se te queda en la memoria. ¿Una corrida mía? Sin duda la de Granada en 1943, toreando con Manolete y Pepe Luis una corrida de Villamarta".
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Taurología

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