Morante: «El toreo debe ser romanticismo regido por unas normas»

por | 1 Ago 2011 | Informes

En una especie de autobiografía, Morante de la Puebla cuenta:

Nací el 2 de octubre de 1.979, en un pueblo bañado a orillas del Guadalquivir, donde sus aguas acarician las marismas y Doñana, su luz cubre el cielo de una paz infinita, allí di mis primeros pases a la luz del lubrican, teniendo como testigos a la flora y a la fauna.
Me cuenta mi madre que, antes incluso de nacer, ya presentía un torero en su vientre. De la mano de mi padre entre armaos y eucaliptales y aún sin enlazar las palabras unas con otras le pedí un vestido de torear. Recuerdo dormirme de niño, con la ilusión de los Reyes Magos y…, no me traían el traje de torero, no quería ningún juguete, sólo una muleta y una espada; este es Morante de la Puebla, cuyo apellido artístico lo llevo en mis entrañas.
En tierras de toro, allá por la finca de Pérez Concha, en las marismas del Guadalquivir, con menos edad que cuerpo, toreé mi primera becerra de cuyos muletazos en el archivo fotográfico hay algunas instantáneas.
Aquella noche, acostado con mi madre y jugando entre sus piernas, le dije: "mamá, cuando yo sea torero y toree en la Real Maestranza de Sevilla y el público me pida la oreja, yo diré que no, que es para mi madre…" Se cumplió el sueño de niño y aquella primera oreja en la plaza de toros de Sevilla, se la entregué a ella con todo el amor de un hijo.
Hoy he madurado bastante desde aquella niñez, respiro toreo, muleteo al viento y sueño y sueño con más ilusión si cabe que de niño. Me siento torero y sevillano por los cuatro costados, fraguo el temple con el compás y busco en cada muletazo el ritmo entre el toro y mi muleta, …y soy feliz.
Vale la pena reproducir estas palabras, medidamente escritas, porque reflejan bien la personalidad de un torero, marcado entre los llamados elegidos, que con todas las subidas y bajadas propias de quien vive por y para el Arte, hoy se sitúa en un primerísimo plano. Un torero diferente, capaz de levantar pasiones, al que se le venera en el triunfo y se le abronca con cariño.
Sin duda se trata de un torero con personalidad, dentro y fuera del ruedo. De ello queda constancia en este trabajo de documentación, en el que se espigan opiniones y recuerdos tomados de un amplio abanico de declaraciones realizadas a lo largo de los últimos cinco años.
La razón de ser del torero
●Yo creo que fui torero desde que nací, siempre me he sentido muy torero, y luego ese sentimiento se ha ido acrecentando con el tiempo. La primera vez que me puse delante de una becerrita fue con cinco años, pero no creas, sólo le pegué un pase por alto… A partir de ahí fue creciendo ese impulso, sin duda con el deseo de descifrar este misterio que es el toreo.
●El torero nace, eso sin ninguna duda, y luego se va desarrollando o creciendo. Pero sobre todo, nace. Hay toreros que al principio de su vida no han tenido claro querer serlo, pero, en mi caso, puedo afirmar rotundamente que el torero nace. Supongo que algunos darían otra respuesta diferente.
●Nunca me he arrepentido de ser torero, jamás he tenido una duda o una queja sobre el toreo. Será porque siempre lo he vivido con mucha naturalidad, como beber o comer o como reír o hablar. Nunca he pensado eso. El toreo es una cosa natural en mí, forma parte de mi ser y nadie puede desprenderse de una parte suya.
Ser torero
●Ser torero es un instinto oculto, como animal. Uno es torero y ya está. Y no por ponerte delante de un toro lo eres. No todos los que se colocan delante de un toro tienen ese instinto.
●Cuando dicen eso  de" es muy buen torero". malo. Los toreros son toreros, ni buenos, ni malos. Quien sabe percibirlo es una atracción. Muchas veces un toro te excita. El toro que tiene una embestida buena, huy. Muchas veces, hoy, salen toreros que quieren hacer las cosas bien, muy perfectas, pero ése no es el camino.
●A mí no me gusta el toreo perfecto. ¿Eso qué es? El toreo debe ser romanticismo regido por unas normas para que se concedan las mismas ventajas al hombre que al animal. Después entra la fantasía, el valor, la inspiración. El toreo es burlarse del toro, pero sin reírse de él. Le das la oportunidad de acabar contigo, aunque en el fondo puedes burlarle.
●Hay mucha gente con muy poquita sensibilidad artística. El toreo no es la fiesta nacional, es un rito. Desde que tiene normas, se convierte en algo de mayor profesionalidad. Una capea es una fiesta; la lidia, no.
●Yo sigo toreando porque es mi vida. Aunque torear no es vivir; es sobrevivir. A veces da pena estar tan obsesionado con tu profesión. Quisiera pensar que algún día podría dejarla y dedicarme a divertirme, a disfrutar del dinero que he ganado. Pero cuanto más grande eres, más envidias ponerte delante de un toro. Me gustaría poder llevarlo con más alegría. No la alcanzo. Es una pelea conmigo mismo. Y así soy feliz. Pero así es muy difícil vivir.
●Lo que se hace rápido no dura. Las cosas grandes de la vida se han hecho despacio. Y es difícil que te enseñen eso. Pasa como con las toreras. A mí no me gustan porque lo hacen como si fueran hombres. No he visto una torera femenina, y el toreo tiene que ser una expresión propia.
Su trayectoria
●En toda mi trayectoria, lo más amargo para mí tuvo lugar en una etapa de novillero, cuando creo que perdí la sensibilidad un poco, y creía, de verdad, que esto se me iba, que no cogía el camino adecuado. Y el más feliz, sin duda, la tarde en que salí en hombros por la Puerta del Príncipe.
●En mi caso, el tiempo, los años, han sido necesarios para ir descifrándome. Torear no es sólo ponerse delante de un toro, es también ser más consciente, descubrirte, conocerte, para ir desarrollando tu personalidad, y para eso se necesita tiempo. Claro, que se me viene a la memoria Joselito el Gallo, una figura histórica desde la adolescencia, y me desbarata todos estos argumentos.
●No me planteo si el toreo me compensa. Lo veo como una realidad que acato, simplemente. Es algo en lo que te metes por vocación, y al principio tienes mucha ilusión pero, con el tiempo, te vas dando cuenta del peligro, del sacrificio que supone ser torero, de la exigencia a la que te someten y también te sometes tú. Sientes que cada día que pasa todo es más difícil. Aunque también cada día encuentras nuevos estímulos en los que fijar tu interés y buscas llegar a nuevas metas.
●Tardes como aquella de Madrid en el año 2009 son las que acentúan tu identidad como torero. Uno entrena cada día unos movimientos, los repites una y otra vez hasta el infinito, pero luego es muy difícil que te salgan tan perfectos en la plaza. Ese día salieron. Fue una tarde muy importante, en la que rebasé una determinada dimensión, una dimensión en la que es muy complicado llegar pero que, cuando entras, empiezas a descubrir nuevas puertas y nuevos caminos.
●Ahora estoy consiguiendo cotas que ni yo mismo me las creo. Porque dominar un toro es muy difícil. Tenía ese sentimiento por dentro. Y ahora sí que me siento con capacidad para afrontar compromisos. Digamos que estamos en el camino.
●Pienso que tengo cosas de muchos toreros. Uno intenta sacar con su sentimiento lo mejor del resto de toreros que te gustan. Pero no sabría decir qué tanto por ciento hay de cada uno. Lo que he intentado es mantener mi estilo y, a la vez, aprender de los demás.
●Algunas tardes, al llegar al hotel es cuando he sentido más miedo. El miedo cuando has estado muy bien en la plaza, cuando has sido valiente o puro, tiene que repetirse. Es un miedo de responsabilidad, de decir: "¿Qué he hecho?". Es como un listón. "¿Podré repetirlo, volver a llegar a eso?". Puede ser. Piensas: "La que he formao, ahora van a querer que haga esto otra vez".
●Hay días que te desesperas porque sientes que te has vaciado, que has entregado mucho y has recibido poco. Otras en cambio te sientes lleno. Es un constante vaivén, todo se mueve. Lo que no cambia es el bajón que te viene en el hotel. El silencio siempre llega, tengas una buena o una mala tarde. La densidad del cuerpo baja. Te quedas clavado donde estés y tardas un buen rato en poder moverte, en ir a la ducha… Sobre todo me sucede después de torear en plazas de gran responsabilidad, donde intentas sentirte más.
Valor, arte  y técnica
●El torero no es el hombre más valiente entre todos. El torero es un hombre capaz de jugarse la vida delante de un toro y para eso se necesita un valor determinado, pero si hablamos del hombre fuera de su profesión, el torero es una persona indecisa, un hombre con un montón de dudas. No… No creo que el torero, en la vida, sea una persona valiente, no lo creo. Una cosa es tener valor para torear a un toro y otra ser valiente en la vida, es distinto. 
●Para torear hay que tener valor, tener una técnica, unos conocimientos… pero torear bien a un toro está al alcance de pocos y el arte se tiene o no se tiene. Hablo de la colocación, de las formas, de la expresión. Hay toreros de valor, que se pueden catalogar como populistas, de gran tirón entre la gente en poco tiempo… luego no dejan huella, no perduran en la memoria ni en el recuerdo. Y ¿qué es el arte? Lo que necesita de una sabiduría especial. El arte es lo que no se devalúa. El arte es lo que tiene una vejez muy bonita ¿sabes? Como si ganara cotización con el tiempo aunque al principio no se le echara muy en cuenta. Claro que, a veces, y recuerdo ahora a Rafael de Paula, el reconocimiento y la cotización llegan tarde.
●La variedad entre los toreros es positiva. Unos prefieren el valor; otros, el arte. Yo me quedo con el artista, porque además puede ser valiente, mientras que el valiente difícilmente llega a ser artista.
Públicos y plazas
●Yo creo las plazas más importantes son Sevilla y Madrid y no descubro nada, pero con personalidades muy distintas. Sevilla es capaz de guardar silencio y Madrid no, Madrid chilla a lo que no le gusta. Claro, que, a veces, el silencio hace más daño que una bronca. Las dos son muy especiales, con dos formas distintas de expresarse, pero las dos tienen capacidad para decidir quién vale y quién no vale en esto del toreo. Una guarda silencio, otra chilla, pero las dos pueden hacer daño… o encumbrarte. Se igualan en la entrega, ahí son muy parecidas. Madrid quizá es más rotunda, más seca, y Sevilla más romántica.
El papel de la crítica
●A veces veo cosas en una plaza de toros y luego escucho a profesionales de los medios hablar de ella y, te juro, que estuve en otro lugar, en otro sitio. Hay una lejanía abismal a veces entre lo que sucede y lo que se cuenta, y esa es una forma de maleducar al aficionado. Yo creo que uno de los papeles de la crítica es educar al que va a la plaza, orientarlo en el buen sentido, el del conocimiento, la sensibilidad. A la vida le estamos quitando sensibilidad.
●Me gustaría mentar a Corrochano, un periodista de los tiempos, precisamente, de Rafael el Gallo. Cuando leí su libro Qué es torear quedé maravillado, porque explica magistralmente este mundo. Yo se lo recomiendo a cualquiera que tenga intención de profundizar en los misterios de este arte. Casualmente, un día hablando con Paula le comenté que me gustaba mucho este libro. Él me dijo que también le parecía buenísimo y que siempre lo había tenido de cabecera.
¿Un mundo machista?
●Creo que el mundo del toro no es necesariamente igual a mundo machista Yo es que hasta ahora no he visto a ninguna mujer toreando que me haya gustado, que me arranque un olé. A mí me gustaría, de verdad, y el día que vea a una mujer, femenina, toreando y que me emocione… ahí me entrego yo. Pero ¿sabes?, a veces te dan la mano y no veas, te la quieren apretar como un hombre, muy fuerte. ¿Por qué, si son mujeres? Me encantaría ver alguna vez a una mujer torear como una mujer, como cuando una mujer canta como mujer o baila como mujer, no como lo hace un hombre. Y luego está la cuestión física…
El valor cultural de la Fiesta
●Cristina Narbona dijo y mantiene que el toreo es cuestión de maltratadores. Eso es lo que dijo, sí. Y también dijo el gran poeta Federico García Lorca que ésta era la profesión más culta que existe en el mundo. Me quedo con esta opinión, con permiso de esa señora, de la que pienso que no tiene ni idea de lo que es el toreo. A lo mejor es que tuvo en su día una experiencia ingrata con alguien del mundo del toreo, no lo sé, pero ni idea. No tiene ni idea al afirmar eso. A mí me duele mucho que el toreo esté, en parte, en manos de los políticos. Mira, el toreo nace de la voluntad del pueblo, del público, que es el que lo aclama y lo pide. Y yo, que soy de pueblo y del pueblo, tieso como una regla, lo entiendo así, como una parte de nuestra cultura, es decir, de lo que queremos hacer desde los ancestros. A mí me gusta esa emoción de la que se alimenta el pueblo, por eso digo que el toreo va mucho más allá de la política fácil y barata y de las frases fáciles y baratas. Y ni idea, esa señora no tiene ni idea…
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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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