Modelos de gestión: De los profesionales a los aficionados

por | 6 May 2012 | Reportajes

En los toros, a diferencia de cualquier otro negocio, el cliente (en este caso, el aficionado) nunca tiene la razón. Tanto es así que ni siquiera se le consulta qué quiere comprar. En los últimos meses, primero los empresarios –la nueva Taurodelta que aglutina a Los Choperita, Simón Casas y Toño Matilla- y a continuación los toreros –el llamado G10-, están forjando oligopolios donde el público queda al margen (los ganaderos también han intentado crear su propio lobby, pero la desunión histórica del sector ha truncado la iniciativa). El sistema es tan endogámico que los propios empresarios también son apoderados y ganaderos, viéndose obligados a contratar, en las ferias que organizan, a sus propios productos hasta sumergirse en una espiral de favores y compromisos. Mientras estas hermandades taurinas se consolidan, el aficionado abandona las plazas hastiado de ver un espectáculo que ya no es tal por caro y fraudulento.

En busca de nuevos aires y carteles más atractivos, el pasado verano viajé hasta Azpeitia para conocer sus tradicionales Sanignacios. Tres corridas de toros (Adolfo Martín, Palha y Pedraza de Yeltes) y ninguna figura; sólo toreros dispuestos a jugársela con toros impecablemente presentados: Ivan Fandiño, David Mora, El Fundi, Paco Ureña, Leandro, Alberto Aguilar… Todos los días, 3.500 espectadores llenaron la plaza. Su banda de música poco tiene que envidiarle a la de La Maestranza de Sevilla y cada tarde, cuando cae el tercer toro, interpreta el Zortziko fúnebre compuesto en memoria del banderillero José Ventura Laca, que encontró la muerte en Azpeitia tras dejar un soberbio par de rehiletes a un toro navarro. Mientras la música suena, el público, en pie, escucha en sepulcral silencio. Es un detalle que ilustra la sensibilidad de esta afición y su amor por las tradiciones. Ante el éxito y buen ambiente (hoteles y negocios de restauración hasta la bandera), conversé largo y tendido con el presidente de la Comisión Taurina, Joxín Iriarte, para que me explicase la fórmula para organizar una feria donde, por fin, el cliente salía satisfecho. “Es sencillo –me respondió-. El secreto consiste en no tener afán de lucro, sino mucha afición y dedicación. Aquí no estamos para ganar dinero. Trabajamos todo el año para que el aficionado de Azpeitia tenga la feria que quiere, ajustada siempre al presupuesto de partida. Si producimos algún beneficio, se lo damos al convento de monjas que hay enfrente de la plaza. Las hermanas son muy aficionadas y ven todas las corridas desde las ventanas del piso de arriba. Gracias a nosotros, pudieron instalar un sistema de calefacción”. Joxín, que sí lleva a rajatabla la máxima de que el cliente siempre lleva la razón, reconoce que un año se sorprendió cuando sus vecinos le comunicaron que querían ver torear a Cayetano. La clientela es soberana… y hubo que traerlo con una corrida escogida por él, terciada para el gusto de los azpeitiarras. Tras el fiasco, no ha vuelto a hacer el paseíllo en el ruedo guipuzcoano.

La técnica de Azpeitia es parecida a la que se utiliza en muchas ciudades francesas y en algunas del norte de España (Santander, Bilbao, San Sebastián o Vitoria). Se trata de un modelo de autogestión bajo el amparo del Ayuntamiento diametralmente opuesto a la gestión directa de un empresario que accede a la plaza mediante concurso público. En el primer caso, la alcaldía nombra a una Comisión que trabaja, como Joxín, en contratar a las ganaderías y toreros que son del gusto del público; mientras que en el segundo, prima el interés económico (a costa de aumentar el margen de beneficios de los propietarios y concesionarios para acabar dando un espectáculo caro y de dudoso interés) así como los compromisos adquiridos con otros diestros, empresarios, ganaderos o asociados.

A finales de enero, el G10 emitía un extenso comunicado en el que, sintomáticamente, la palabra “aficionado” no se utilizaba en ningún párrafo. En la misiva se quejaban de que el torero había quedado “relegado a un segundo plano ante las presiones empresariales”. De forma paradójica, en los últimos años, el oligopolio taurino ha desterrado al aficionado que, no olvidemos, es quien paga las entradas. Por otro lado, ¿no están formando ellos un grupo de presión similar al de los empresarios? Denuncian en su comunicado “insólitas alianzas empresariales y pactos corporativos”, sin embargo, de un tiempo a esta parte, el G10 se ha autoproclamado guardián de la Tauromaquia… sin llenar las plazas. He aquí la gran incongruencia.

Los empresarios franceses han sido los primeros en poner los números encima de la mesa. Ante la crisis, las constantes subidas de los honorarios del G10 y la desbandada de público, esta temporada están confeccionando carteles sin figuras. Uno de los primeros cosos ha sido Arles, donde únicamente se ha contratado a Manzanares después de que, en un ejercicio de coherencia, haya transigido con la rebaja de su caché. Los carteles fueron presentados ante una sala abarrotada con 1.500 de personas y nadie preguntó por qué no estaban El Juli, Morante o Ponce. No en vano, la combinación que ha creado más expectación es la formada por Paco Ruiz Miguel, Víctor Mendes y El Fundi con toros del Conde de Mayalde. Si se abusa de la gallina de los huevos de oro ésta, tarde o temprano, termina clueca. 

¿Y qué pasará este San Isidro? ¿Qué porcentaje de abonados de Las Ventas protestaría si se confeccionase un ciclo sin la cabeza del escalafón a cambio de ganaderías más atractivas? No lo sabemos, porque al cliente de Madrid jamás se le ha preguntado. Es la primera plaza que debería cambiar su sistema de gestión para pasar a uno mixto, con un administrador y una comisión representativa de aficionados y abonados. Sorprende que los Ayuntamientos cedan a clubes de fútbol los estadios municipales a coste cero mientras que las plazas de toros de su propiedad son rentabilizadas con concursos tan opacos como leoninos donde se valora más la candidatura que ofrece un canon mayor, y no mejores carteles.

Por todo ello, de cara al interés general, soy firme partidaria de un giro en el modelo de las principales plazas españolas, empezando por Las Ventas, al estilo de fórmulas más participativas como las francesas o las del País Vasco donde, por fin, el aficionado que pasa por taquilla sí lleva la razón. O, al menos, se le pregunta por sus preferencias. 

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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