Mar de fondo en Las Ventas

por | 25 May 2016 | Temporada 2016

MADRID. Decimonovena del abono de San Isidro. Casi lleno: el 95,8% del aforo de pago. Cinco toros de El Vellosino, grandullones, pero sin fondo ni clase, algunos además sin fuerzas; dos de ellos cinqueños: 3º y 5º; un sobrero (6º bis) de Victoriano del Rio, que iba y venía sin entrega. Julián López “El Juli” (de grosella y oro), silencio y ovación. Miguel A. Perera (de azul celeste y oro), silencio y silencio. Alberto López Simón (de verde esmeralda y oro), ovación tras un aviso y silencio.
En la meseta de toriles, como otros días, el Rey don Juan Carlos, en esta ocasión acompañado por la Infanta Elena y por el matador de toros Enrique Ponce.

No era día precisamente para farolillos. Ni para casi nada, al menos para una parte respetable del público, que ya durante el paseíllo hizo sonar sus palmas de tango. Anidaba un fondo de profundo malestar por el baile de corrales que se venía dando desde el día anterior con la anunciada corrida de Jandilla. Al final, en esta mañana acabó siendo rechazada en su integridad. Taurodelta acudió a una de las corridas que, según dicen, ya tenía compradas precavidamente por si se daban estos casos. Para este viernes del abono se eligió la de El Vellosino, porque la otra, según dicen los mentideros, es del Conde de la Maza y  esa habría desequilibrado mucho la cosa.

Todo esto, y en tarde con figuras, hizo que la cazuela de la plaza se fuera cociendo en su propia salsa. Protestas continuadas, una desatención por lo que sucedía en el ruedo, prestos siempre para elevar la voz. Como puede deducirse un clima nada propicio para las alegrías, que para colmo apenas si las hubo. Y cuando en Madrid se aposenta este ambiente, las nubes parecen más negras de lo que en realidad eran.

Buena parte de las reses elegidas para su lidia –4 de 6– ya eran buenas conocedoras de los chiqueros de Las Ventas, cuando vinieron a sustituir a la también rechazada de Robert Margé, pero que finalmente hubo de suspenderse por la lluvia. Si se comparan las hojas del sorteo, los nuevos en esta plaza fueron los que se jugaron en 1º y 2º lugar. Pero tampoco este dato es como alarmarse en exceso: en esta misma feria se ha debido lidiar algún que otro toro que ya estuvo de sobrero en Bilbao por el pasado agosto, pasó luego por más de unos corrales y al final acabó siendo arrastrado en este mayo en Las Ventas.

A lo que vamos, en esta ocasión ni nuevos ni veteranos: ninguno de los del hierro de El Vellosino valía un duro. Eso sí, con presencia abundante y arboladuras desarrolladas, con la excepción del que salió como 2º, cuyos pitones tan breves cantaban demasiado en comparación con sus hermanos. En lo que también que fueron completamente parejos resultó en el comportamiento: sueltos, con afán irrefrenable de tablas, distraídos, sin ese punto de casta que crea la emoción; pero todo hay que decirlo, también con un fondo de sosísima nobleza. El sobrero de Domingo Hernández no apostaba por dejar en mal lugar a sus colegas y repitió sus formas.

Que el horno no estaba para bollos lo comprobó “El Juli” desde que se abrió que capa con el que rompía la tarde. No se le tomó en cuenta nada en su cuidadosa lidia y en sus intentos de lucimiento. Frente al 4º, ante el que estuvo profesionalmente irreprochable, volvió a repetir la escena, aunque aquí en algunos tendidos se llegó a prender algo más su tarea, bien que no de forma rotunda. Alternando las series sobre ambas manos, el madrileño compuso una faena muy estimable, con momentos en los que era evidente que el torero estaba sintiéndose y disfrutando con las embestidas más acompasadas que tuvo éste de El Vellosino. Muletazos largos, de mano baja, con el ritmo exacto, con calidad. En otras circunstancias ambientales habría prendido de forma clara en los tendidos. Con su peculiar manera, tras un pinchazo dejó una estocada entera más que suficiente. Los que no estaban oficialmente enfadados le sacaron a saludar al tercio con su ovación.

Cierto que con material nada idóneo, pero eso no es óbice para comprobar que Miguel A. Perera pasó como un invitado que ni siente ni padece  por Las Ventas. Ni siquiera tuvo opción a ofrecer uno de sus arrimones.

Completaba la terna Alberto López Simón, que en esta ocasión habrá aprendido que ocurre en esta plaza cuando el público pasa de casi todo. Con todo, se dio una situación un tanto contradictoria: así como los tendidos reaccionaban más vivamente a su esfuerzo –en el 3º, hubo un momento en que la generalidad de la gente estuvo con él– , también el torero parecía  tener las ideas menos claras como otras veces, estaba mas esoesi de mente. Al López Simón arrollador de qué se le iba a escapar el sobrero, que si bien no era bueno, al menos si colaboraba: nunca supo acertar ni en las distancias ni en el adecuado manejo de los engaños.

Otrosí
Estar a la salida del par

Viene llamando la atención en este abono que las más de las veces el “tercero” que tiene estar al tanto de cortar la acometida del toro, no se encuentra en el lugar debido a la salida de un par de banderillas. En demasiadas ocasiones, hoy también, ha sido uno de los matadores quien han cubierto esa función.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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