Manu Cecilio, notario gráfico de la Fiesta y de Bilbao

por | 23 Ago 2015 | Retazos de Historia

Ahora que Vista Alegre se viste un año más de gala con las fiestas de agosto, en su callejón se echa en falta la figura, siempre jovial y entusiasta, de Luis Manuel Fernández Pérez Bilbao, Manu Cecilio a la hora de firmar sus trabajos. Todos éramos más jóvenes en aquellos años 60, cuando comenzamos a coincidir en el trabajo periodístico. Pero el paso de los años no influyó en él, sino que siempre se mantuvo con la frescura y el desparpajo de quien amaba profundamente su profesión. Hace unas semanas, cuando agosto arrancaba, nos ha dejado para siempre. Pero también para siempre quedará en el recuerdo su profunda vocación y su bien hacer. Y cómo no, su calidad humana. ¡Era muy buena gentes este Manu!

En la historia del periodismo en España hay un capítulo quizá poco conocido. Se refiere a la introducción de la fotografía en los viejos periódicos que aún se imprimían con las planchas de plomo, en las primeras década del pasado siglo. De aquellos pioneros, la prensa vasca fue una de las más adelantadas. Y en la primera línea se situaban nombres como los de Cecilio Fernández, Claudio Orio o Ricardo Elorza, entre otros, que conocieron y trabajaron con las viejas máquinas con el cristal como placa de impresión hasta las más modernas cámaras automáticas e informatizadas. En sus respectivos archivos se localizan hoy el documento fehaciente de tantos y tantos acontecimientos sin los que no se terminaría de entender la vida vasca.

Heredero directa de aquella generación fue Luis Manuel Fernández, que muy joven empezó en la profesión siendo honrosamente “Cecilio hijo”, pero muy pronto dejó claro que, desde la experiencia de su padre, estaba llamado a ser uno de los grandes del periodismo gráfico. Y lo ha sido hasta su último día.

Nacido en la capital vizcaína en 1937, Manu comenzó a trabajar muy joven, incluso desechando opciones aparentemente mejores, incluido el fútbol profesional. En 1953, con tan sólo 16 años, ya se enfrentó al reto de ser notario grafico de la actualidad. Y a partir de ese momento, a ello entregó todo su entusiasmo, que era mucho. No era ya tan joven cuando, por ejemplo, en 1985 se esforzó, y consiguió, en ser el primer en llegar a la cumbre del Monte Oiz para legarnos el testimonio impreso de aquel dramático accidente de avión. O como aquel otro día, cuando se vivía una dura controversia prensa-Athletic, no dudó en buscarse una avioneta que le permitiera fotografiar el entrenamiento de la plantilla desde el aire, frente a la prohibición del entonces entrenador.

Testigo der cientos de acontecimiento, muy especialmente deportivos –su gran pasión–, bien podría aplicarse s Manu el viejo dicho de “estar en el lugar preciso en el momento justo”. Sus exclusivas en el futbol, en las grandes competiciones ciclistas, en los partidos de pelota vasca…, podrían ser motivo de una grandiosa exposición de lo que fueron todos aquellos años.

Como no había tema o materia que le resultara indiferente, también la fiesta de los toros le debe páginas imponentes de su historia bilbaína. Verle recorrer el callejón de Vista Alegre, a veces en discusión con algún delegado gubernativo que se ponía tiquismiquis, era siempre garantía de que al final del festejo el momento singular de aquella tarde estaba ya en su cámara. Por eso, no se podían cerrar las páginas de toros sin esperar a su trabajo, porque podía cambiar –de hecho lo hacía– la orientación que se le quería dar a la reseña. En los años dorados de La Gaceta del Norte, el tándem que formaba con el gran cronista Javier de Bengoechea –Tabaco y Oro, era su firma– resultaba insuperable.

Pero detrás de su objetivo Manu Cecilio siempre dejó constancia de una singularidad: conocía bien los secretos de la lidia, por eso nunca traía a la mesa de redacción imágenes inocuas, ni por supuesto muletazos mal vistos y fuera de tiempo. Sus fotografía respondían siempre a verdaderas informaciones gráficas de actualidad, pero captadas con auténtico sentido taurino.

Fruto de su trabajo periodístico fueron luego volúmenes deliciosos, que coincidían también con sus aficiones deportivas, “Antología fotográfica del Athletic, 1001 imágenes con historia” (3 vol., 2001), “Antología fotográfica de la pelota a mano, 355 imágenes con historia” (1 vol., 2003) o “Antología fotográfica del ciclismo, 500 imágenes con historia” (2 vol., 2004). Años más tarde historió la evolución de la villa vizcaina con su  “Bilbao cómo has ‘cambiao’” (1 vol., 2010).

Como buen profesional, capaz de valorar en todo su sentido cuanto supone un archivo gráfico, dedicó los últimos años de su vida a poner en orden tanto el legado que recibió de su padre como su propia obra. Los amantes de la historia mucho tienen que agradecer en este sentido a Manu Cecilio.

Y como culminación de una vida dedicada en cuerpo y alma al periodismo gráfico, promovió con la agencia “Telepress”, en la que hoy sus hijos son dignos continuadores de una tarea iniciada hace ya un siglo, a la que han sabido incorporar todo lo mejor que han heredado de su padre y de su abuelo.

Descase en paz Manu Cecilio, un profesional inolvidable, un amigo verdadero al que  siempre echaremos en falta.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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