Manolo Carmona: «El toro tiene riesgos para todos»

por | 3 Nov 2010 | Retazos de Historia

La Feria sevillana de 1950 se compuso de seis corridas de toros y una novillada. En las primeras, destacaban los nombres de Manolo González, Paco Muñoz, Manolo Carmona, Manolo dos Santos y Rafael Ortega; pero sobre todo de Pepe Luis, que se anunciaba en cuatro de los carteles, entre ellos el de Miura, corrida con la que estuvo enorme Manolo González. En la novillada el aliciente se centraba en la presentación de Antonio Ordoñez, que le cortó dos orejas a uno de sus novillos. Pues con este plantel, el triunfador de la feria fue Manolo Carmona, que se había doctorado en la corrida de Resurrección.
 
Pero las cosas se fueron complicando a lo largo d diez años, en el que las cornadas acabaron pesando. Pero tuvo su ambiente, como aquella tarde de Madrid, en la corrida del Montepío, con Antonio Bienvenida y Juan Silveti. "Como matador estuve toreando en España hasta 1956, cuando me fui a Méjico, donde tuve la mala suerte de que un toro me rompiera una rodilla en Tijuana, y eso me llevó mucho tiempo hasta que me recuperé".
 
Primo de los Martín Vázquez, admirador rendido de Pepín, a su lado se fue haciendo torero, una carrera que inicia oficialmente en 1946 en Tudela y hasta aquella temporada del 50 todo iba bien. Pero llegaron los percances y la cosa cambió.
 
Sin embargo, la afición no le nublaba la mente para ver la realidad. "Estando en Méjico con Manolo Vázquez me decidí a hacerme banderillero. Sabía que al volver a España iba a ser muy duro. Salir a flote con las corridas duras es muy difícil. Pensé que más valía ser cabeza de ratón que cola de león·. Y, para cuantos tuvimos la fortuna de verle vestido de plata, acertó, porque en ese escalafón fue un torero codiciado, al que nunca le faltó la cuadrilla de una figura.
 
"Como banderillero el compromiso y la responsabilidad es diferente. El matador va al toro por delante, es el que más aguanta en la cara del toro, que es lo más peligroso. Pero el toro tiene riesgo para todos, cada corrida es un episodio que uno vive de nuevo.  Cada toro es diferente, pero el peligro es constante".
 
Con su hablar pausado, en esas horas bobas pero tensas que separan la comida del volver a vestirse luces, al preguntarle cómo había llegado a ser gente importante entre los de plata, Manolo reconocía con sencillez: "El haber sido matador siempre te da unos conocimientos que ahora son muy útiles. Claro, un banderillero maneja el capote de otra manera; el conocimiento, el saber estar en el ruedo, eso es lo que se valora en nosotros. Esto y la experiencia, claro".
 
Nuestra charla era por agosto, en el fragor del mes más taurino, con su ir y venir constante. "Lo mejor es el coche. Si planeas coger un avión y luego tiene retrasos…. Nada, el coche. Además, con la cantidad de equipaje que llevamos siempre… Calcula que en un mes de agosto, cada banderillero lleva tres vestidos, el matador ocho o diez, luego los capotes de todos, las muletas…Un equipaje grandísimo, que tiene que llegar, además, a la vez que nosotros. Por eso, lo mejor es el coche, aunque sea una paliza. Yo por lo menos, cuando acaba la temporada tengo una paliza enorme en el cuerpo. Pero esta es nuestra profesión. Así que hay que acostumbrarse a las palizas, son gajes del oficio".
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Taurología

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