Los toros de Capea propiciaron una buena tarde de toreo a caballo

por | 6 Jul 2011 | Temporada 2011

PAMPLONA. Segunda de la Feria de San Fermín. Lleno. Toros de San Mateo y San Pelayo, de buen juego y nobles, destacando el tercero solo desentonó el que abría plaza. Pablo Hermoso de Mendoza, dos orejas y ovación.  Sergio Galán, oreja y ovación. Roberto Armendáriz, vuelta al ruedo y dos orejas. Hermoso de Mendoza y Armendáriz salieron por la puerta grande.
 
Con una notable corrida del Niño de la Capea, los rejoneadores navarros Pablo Hermoso de Mendoza y Roberto Armendáriz abrieron la puerta grande, como colofón de una muy interesante tarde de toreo a caballo. Un buen modo de festejar el “Riau-Riau”, en las vísperas del Santo Patrón. No fue una corrida excepcional, pero si con mucho interés y que se desarrolló con agilidad, sin premuras ni tiempos muertos.
 
En buena medida fue así por la colaboración de los toros del Capea, en varios de los cuales se llegaban a añorar,  por su nobleza y clase en la embestida, unas buenas series de naturales. El criador salmantino da toda la impresión que ha dado ya con la aguja de marear necesaria para que sus murubes se los disputen por igual matadores y rejoneadores.
 
El mérito actual de Hermoso de Mendoza no radica tanto en hacer el toreo que sorprende, sino en mantenerse año tras año en un nivel casi inalcanzable, cuando ya más alto no puede llegar. Hay que echarle mucha afición y mucho trabajo a la cosa. Pero, claro, cuando se dan muletazos tan templados con la grupa de su caballo como los que hoy le vimos en el ruedo pamplonés, apaga y vámonos.
 
Probablemente salía con la presión de haber salido ya ocho sanfermines consecutivos por la puerta grande, pero lo cierto es que Sergio Galán no terminó de centrarse. Siempre es hombre trabajador, que todo lo intenta; pero esta tarde no se redondeó su actuación. Si no fuera por los ocho años anteriores, se podría decir incluso que estuvo lucido. Pero hoy él mismo se autoexigía más.
 
Se presentaba en su tierra Roberto Armendáriz. Se mostró entusiasta con el magnífico tercero de la tarde, pero no terminó de ponerse al nivel que su enemigo exigía. Más certero –más tranquilo, también– se mostró con el que cerraba plaza, al que cortó justamente las orejas después de un rejonazo en todo lo alto.
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Taurología

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