Llegó Roca Rey y levantó la feria

por | 22 Ago 2017 | Temporada 2017

BILBAO. Tercera de las Corridas Generales. Más de dos tercio de plaza, en tarde muy agradable. Cinco toros de Jandilla (Borja Domecq) y uno del hierro gemelo de Vegahermosa (1º), justos de presentación, sin  clase, blandos y de poco fuelle; la excepción, el 6º con codicia y nobleza. Julián López “El Juli” (de gris perla y oro), silencio y silencio tras un aviso. Miguel Ángel Perera (de tórtola  oro), ovación y ovación tras un aviso. Andrés Roca Rey (de marengo azulado y oro), una oreja y una oreja.

Llegó Roca Rey y levantó el nivel del abono; hasta insufló su poquito de euforia. Cierto y verdad que le correspondió el único toro que sacó codicia buena, que fue el que cerró la tarde, "Impresor" por nombre. Pero desde ese afán por no dejar pasar ni un  sólo quite de los que le correspondían, hasta el espadazo con el que tiró patas arriba al 6º, toda su actuación ha tenido frescura, sentido de la medida y, especialmente, búsqueda de la verdad del toreo, sin darse coba. Como además se gasta un valor excepcional, suya fue esta tercera función.

Negar que la corrida de Jandilla resultó una decepción sería tanto como edulcorar la realidad. Agradecido debe estar el ganadero que cayera en las manos que cayó; con otro cartel de menos técnica, el panorama le habría sido mucho más adverso. Baja de casta, de muy poco fuelle  y un exceso de blandura, hasta el que medio iba, antes de llegar a la docena de muletazos ya había dimitido. Y eso sin contar que de forma unánime el segundo tercio resultó un puro remedo; no se buscaba medir al toro, sino de mimarlo simulando las varas. Para suerte para el criador, el personal al final se ha quedado con la imagen del codicioso 6º, que nada tuvo que ver con sus hermanos; un puro espejismo en referencia al resto de la corrida.

Incómodo fue el que abrió la tarde, con la cara suelta y siempre renuente ante los engaños. El mérito de “El Juli”, que no fue poco, radicó en entenderlo y resolver con mucha técnica la papeleta. Pero la técnica no emociona al gran público,  sólo una minoría la valora. Volvió a repetir su papel asistencial con el 4º, el peor hecho de los seis. En un trasteo que fue de menos a más. A base de una paciente forma de sobarlo, el “jandilla” acabó admitiendo una serie final de templados derechazos, totalmente inventados por el diestro madrileño. Luego se complicó la vida con los aceros y dio tiempo a recibir un aviso. Se dirá que el torero se pasó de faena y por eso encontró dificultades con la espada; en realidad, empleó el tiempo necesario para irse con la satisfacción íntima de haber metido en la muleta a un toro que no quería verla.

Aunque no tuviera opción de alcanzar el triunfo, Miguel Ángel Perera ha dejado sobrada justificación de lo errónea que era la decisión inicial de dejarlo fuera de este abono. Con el blando  y desclasado 2º, siempre con la cara mirando hacia los cielos, no dudó un minuto en ponerse a torear. Probablemente porque vio que en dos series iniciales el de Jandilla se iba a menos, como en efecto ocurrió. Tanto sobre una mano como sobre la otra, el toreo nacía trabajosamente, aunque el torero se mantuviera firme y muy en sitio. No estuvo lucido con la espada, pese a lo cual se le ovacionó con fuerza.  Mayores esperanzas se abrigaban inicialmente con el que hizo 5º: tras un magnífico segundo tercio, dejaba entrever un recorrido y una duración que luego no tuvo. Por eso lo fundamental Perera lo expuso en las dos primeras series sobre la mano derecha, de mucho temple y profundidad. A partir de ahí, el toro ya fue pasito a pasito a menos; primero sin rebozarse, luego ya directamente reduciendo su recorrido, para acabar muy afligido, quizá por la propia actitud tan firme del torero. Aunque no lució con la espada y le llegó un recado de la Presidencia, se le volvió a ovacionar.

Ha convencido, en fin, Roca Rey. También a Bilbao. Y lo ha hecho de manera rotunda, tanto con un pozo medio vacío, como resultó el 3º, como con otro de aguas mas abundantes, que fue el 6º. Su misterio probablemente no es otro que el terreno que pisa y, sobre todo, la cabeza con todo el toreo tempranamente asimilado. Por eso hasta lo difícil parece fácil en sus manos. Con en capote y con la muleta. Como anda expeditivo con la espada, muy a la contra tienen que ponerse las cosas para no salir en triunfo.

Entendió pronto a su primero, blando, sin clase y quedándose muy corto. Le recetó la medicina que venía al caso. Desde los pases cambiados del comienzo, que centraron en el torero todas las atenciones, hasta su forma de ir haciendo que, dentro de lo que era posible,  el “jandilla” fuera a más a la hora de seguir los engaños. El espadazo tuvo mucho que ver con el pañuelo blanco. Con las mismas armas, pero con un toro codicioso, pudo explayarse muy toreramente con el 6º. Temple, largura, profundidad…, sobre la mano izquierda y sobre la derecha. Hasta las manoletinas finales tuvieron mucha torería, además de quietud. El pinchazo previo al espadazo de efecto inmediato, dejó el premio en una oreja cuando iba para más.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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