Ley sobre la Tauromaquia: Hay silencios que no se pueden entender

por | 6 Oct 2013 | La opinión

Cuando esperas una palabra,
una voz, un llamado
y sólo te responde el silencio,
el temor invade tu esencia
y la vida parece perderse
en un abismo sin luz y sin fondo.
Blanca N. García González, “Silencios que matan”

En el toreo el silencio es mucho más que un no decir nada. Es toda una actitud, ya sea de expectación, ya de desacuerdo displicente. Pero en ningún caso es pasividad, sino todo lo contrario. En el fondo, tiene la misma fuerza expresiva que la bronca o la ovación cerrada.

Por eso, resulta muy difícil de entender que la aprobación de la Ley de la Tauromaquia haya pasado en medio de un silencio total de los profesionales –en cualquiera de sus muchas variantes–, que bien parece que es algo que no va con ellos y que, en cualquier caso, resulta incomprensible. Se pasaron meses de un despacho a otro, con fotos incluidas,  pidiendo menos de la décima parte de lo que ahora se consigue y parecían que todos iban de triunfadores. Ahora no se sabe detrás de que esquina andan escondidos.

La mayoría de aquellos cargos oficiales que tan sonriente salían en las fotos, ahora han vuelto la espalda a la Tauromaquia, en una actitud que raya en la mezquindad. Ni frente a tal tropelía los profesionales han levantado la voz.

Un viejo y buen aficionado, experimentado en mil batallas, solía decir que cada día era más arriesgado y problemático salir en defensa de los taurinos, sobre todo cuando se trataba de asuntos que no afectaban directamente a su bolsillo. Lo que hoy ocurre con la nueva Ley parece que le da la razón una vez más.

Querían unos y otros que cuanto tiene que ver con la Tauromaquia pasara al área de la Administración del Estado que se encarga de la Cultura. Ahora, además de consagrarse definitivamente que es su lugar adecuado, la Ley abre nuevos caminos, tanto para la actuación pública en el fomento y protección como para la propia participación mucho más que consultiva de los profesionales en la gestión de las cuestiones taurinas.

Buen, pues ni por esas. Ni tan siquiera han tenido una palabra de reconocimiento –que eso no cuesta dinero– hacia lo que representa la nueva Ley, y menos hacia quienes se han batido el cobre por sacarla adelante. A lo mejor no advierten que con ello dan la medida exacta de su altura moral.

En “Aplausos” ha escrito con acierto Nacho Llorens unas palabras que resultan incontestable: “en vez de celebrar como merece la rotundidad del reconocimiento legal al toreo da pena comprobar ese instinto de pesimismo y autodestrucción que nos invade. La obsesiva y retorcida búsqueda del lado oscuro en pro de la exaltación del ego propio y el afán de notoriedad aunque sea a costa de menospreciar o ningunear el paso adelante dado”.

Es una denuncia bien concreta y bien cierta. En el toreo, como en otras actividades de la vida, siempre ha sido síntoma de una inmensa cortedad de miras despreocuparse de todo aquello que no sea “lo mío”, es decir: mi interés concreto del corto plazo. Parece como si las grandes cuestiones  que vertebran unas profesiones fueran de orden menor y que están ahí para que otros  las resuelvan.

Cuando la ILP inició su camino parlamentario, son de recordar las reacciones que hubo contra el portavoz del partido en el Gobierno. Salvo un par de ellas, que estuvieron hechas con la hombría y la rectitud que nace de poner el nombre al pie de lo escrito, las demás no pasaron de ser cuchicheos de pasillo y de tertulia, sin atreverse a dar la cara. Muy propio de este mundillo. No hay más que sentarse en el hall de un Hotel taurino para comprobar el número de conversaciones por lo bajo y en un rincón que tienen unos con otros. Si se midiera por esos secretos a solas que los taurino comparten de a dos en dos, bien se podría concluir que no hay actividad en el mundo que más cosas tenga que esconder. Ninguno de ellos ha tenido el gesto de rectificar ahora.

No digo yo que sea el momento de organizar homenajes y manifestaciones. Tan sólo afirmo que cuando se da un paso trascendente como el que acabamos de vivir, decir un poco más que “hola” nunca habría estado de más. Ni siquiera aduciría el viejo refrán de que “es de bien nacidos ser agradecidos”. En este caso, bastaría  reconocer en público que se ha dado un paso adelante como nunca se había hecho, que se abren hoy unos caminos que ni al más imaginativo se le había ocurrido pensar.

En su propia torpeza, no se dan cuenta estos tacaños administradores de reconocimientos que luego, cuando pretendan que se hable de “lo suyo”, habrán perdido toda fuerza moral para pedir que se les escuche.

 

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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