Las cinco cumbres de una temporada intensa

por | 26 Oct 2011 | Temporada 2011

Podrían ser muchas más. ¿Cómo olvidar el mano a mano de Morante y Manzanares en El Puerto? Ineludible resulta no referirse a Barcelona y las dos triunfales tardes que sirvieron de contrapunto a la decisión política de bajar la persiana de la Monumental. Como hay que dejar constancia de la conmoción que aún se vive con la muy grave cornada de Juan José Padilla en Zaragoza.
No por ello se margina la gran regularidad de El Juli, encaramado en el mando del toreo; la madurez pletórica de José María Manzanares; la progresión de Talavante; el despegue de Iván Fandiño y David Mora….. Pero también tuvo momentos quizás menos cantados, pero importantes aunque por razones de espacio aquí no aparezcan.
  
►La tarde en la que Manzanares soñó el toreo.
Y la Maestranza se rindió a sus pies
 
Sevilla 30 de abril de 2011
Tarde excepcional de José María Manzanares en la Maestranza. De las que se viven en los sueños y alguna vez se convierten en realidad. Y no es ya la salida por la Puerta del Príncipe, con una muchedumbre en la calle para impedir que el torero se fuera hacia el Hotel. Es la suma de una tarde completa, que tuvo su momento cumbre, muy cumbre, en la maciza faena al tercero de la tarde, un gran toro de Núñez del Cubillo, al que el torero de Alicante añadió ese plus necesario para que al final la Presidencia decidiera su indulto. Anotemos este 30 de abril como la fecha en la que la Maestranza de manera unánime se rindió a sus pies y consagró a Manzanares como primera figura indiscutible.
No ya por razones estadísticas, sino por la razón más profunda de que toda la Maestranza no pudo perder la cabeza al mismo tiempo, hay que respetar la decisión de indultar al tercer toro de la tarde, un magnífico toro de Núñez del Cubillo. Mirado a ese microscopio que exige el caso, se le pueden poner algunas pegas, como por ejemplo cierta tendencia a irse hacia las tablas; pero que tenía unas embestidas de ensueño es indudable, con fondo extraordinario y sin cansarse nunca de ir hacia adelante. Uno lo habría indultado, pero habrá que respetar la decisión de tanto gentío.
Ahora bien, habría que preguntarse quién fue el más afortunado de la tarde, si Manzanares por haberle tocado en el sorteo este gran “Arrojado”, o el cubillo por haber caído en las manos que cayó. Para mí que lo más cierto es lo segundo: sin la muleta de seda del torero de Alicante habría sido difícil que se produjera un indulto tan unánime, algo que en la Maestranza no ocurría desde hace 46 años.
Y es que Manzanares no es ya que toreara muy bien, es que soñó el arte del toreo, abandonado el cuerpo al impulso del alma, como gustaba a Belmonte. Una faena colosal, ligada, templada, de esas en las que en cada muletazo quería parar el tiempo. Algo de lo que no se ve más que muy de vez en cuando. Tanto que ha sido de echar a correr hacia un televisor, para ver la repetición que da Molés de la corrida de cada día y poderla grabar. [Entre paréntesis, tampoco es frecuente ver esa seña de señorío que tuvo Manzanares de compartir la vuelta al ruedo de la apoteosis con el ganadero, Hay que ser muy generoso. Y el de Alicante, lo fue.]
 
►Morante explica por qué el toreo es un Arte grande
 
Bilbao, 23 agosto 2011     
Tarde grandiosa de Morante de la Puebla en Bilbao. De esas de las que se hablará durante mucho tiempo. Una faena hecha, por más señas, a un toro que respondía con exactitud ese concepto tan acuñado de un "toro de Bilbao". Fue una de esas ocasiones excepcionales que en sí misma justifican que el toreo sea un Arte, y un Arte grande entre los grandes
Si alguien aún abrigaba alguna duda de por qué Morante es otra cosa, esta tarde de Bilbao le habrá resuelto sus dudas. ¡Qué faena la del cuarto! De recordar por mucho tiempo. Y el de Cuvillo no era la tonta del bote. Tenía raza y fuerza, como demostró en el caballo, después de una salida un tanto desconcertante. Pero tenía un buen fondo, el problema era sacarlo a relucir. Las muñecas mágicas de Morante hicieron el milagro. Bueno, las muñecas y la firmeza con la que trató las fuertes embestidas de su enemigo.
Los muletazos iniciales por bajo y a dos manos fueron la clave: con enorme plasticidad, llevando al toro muy metido en el engaño, alargando hacia delante la embestida, sometiéndolo… ¡Y, manda narices, el público de Bilbao pitándole! Mejor no calificarlo. ¡Pero si aquello era pura estampa belmontista…! Luego vinieron series de una enorme calidad, profundas, exquisitas. Si con la derecha el muletazo era un suavisimo trallazo de emotividad, con la izquierda era pura y simplemente autenticidad sentida. Y es que Morante no toreaba, estaba esculpiendo el mismísimo Arte del Toreo, pidiendo a gritos que lo inmortalizara Benlliure. Es lo único que le faltó esta tarde en Bilbao, porque luego, como broche, se fue detrás de la espada y la dejó entera arriba, para que el toro saliera rodado de los vuelos de muleta. Acertó el Presidente Matías González, tan particular otras veces, sacando los dos pañuelos al unísono.
 
►La firmeza y la verdad de Diego Urdiales
 
Bilbao, 28 agosto 2011
No siempre las estadísticas de trofeos de una corrida, e incluso de una feria, resumen la realidad. Esta tarde ha sido una de ellas. Diego Urdiales ha sido el protagonista principal, pero se tuvo que conformar con una vuelta al ruedo. Pero en el recuerdo queda la verdad y la firmeza con la que lidió al quinto de la tarde, hasta culminar una de las faenas más sólidas de todas las vistas durante estas Corridas Generales. Luego la espada se mal cruzó en su camino y la Puerta Grande se esfumó. Pero lo hecho ahí queda.
Qué torero y qué hombre de una pieza estuvo hecho Diego Urdiales con el quinto de la tarde. Ya con el capote recetó los mejores y casi los únicos lances de salida que vimos en toda la tarde. El victorino, que no se entregó ante el caballo, estaba un poco en la tierra de nadie; embestía humillando, pero le costaba entregarse. Desde el primer momento el riojano le plantó cara, con una decisión y una firmeza digna de aplauso. Y le ganó la partida. Fue una faena construida con mucha verdad, con riesgo también, que por dos veces a punto estuvo que el albaserrada se lo llevara por delante. Pero volvía a la cara, presentándole la muleta plana, buscando el pitón contrario y siempre tratando de llevarlo largo. Tengo para mí que este toro iba mejor por el pitón derecho, pero Urdiales se puso por los dos y siempre sin dudas, dándole la cara y ganándole la partida. Toda la faena iba discurriendo a más, hasta concluir con unos toreros ayudados a dos manos. Se perfiló para matar, quizás un poquito de largo, y entró con la fe de quien aspira a cortarle las orejas, que las tenía ganadas a ley. ¡Qué mala suerte! La espada resbala en la divisa y el torero sufre un tarantán espectacular, del que sale con la taleguilla destrozada. Otro pinchazo y finalmente un espadazo. Todo quedó en una aplaudidísima vuelta al ruedo, aunque fuera de poco consuelo para quien podía haber abierto hoy la Puerta Grande. Pero ahí quedo su faena, una de las que han encerrado más verdad de cuantas se vieron en esta Semana Grande.
 
►La grandiosidad del Arte del Toreo
 
Barcelona, 24 septiembre 2011  
¡Qué tarde de toros! De esas que quienes la presenciaron con el correr de los años se las contarán a sus nietos como algo excelso y diferente. No ha sido nada más, nada menos, que un curso intensivo –más, intensísimo—de las grandes verdades del Toreo. Por eso hoy los toreros no han salido a hombros: han salido en verdadera loor de multitudes, que así los pasearon por las calles de Barcelona, en la reivindicación más sincera de los valores del toreo como Arte grande. Esos valores que han hecho que esta sea una tarde histórica sin otro argumento que los propiamente taurinos. Todos las demás circunstancias fueron, como bien dicen los catalanes, "a más a más".
Resulta urgente, muy urgente, precisar que esta no ha sido una de esas tarde de triunfalista, con todo lo que ello representa en el lenguaje de los taurinos. Ha sido, sí, una tarde cargada de una profunda y sentida emotividad. ¿Cómo iba a ser de otra manera si unos políticos han metido a esta hermosa Monumental en el pasillo de los condenados y para mañana se ha fijado el día D? La emotividad de los comienzos, verdaderamente le ponía a uno carne de gallina, con todos los toreros, de a pie y de a caballo, recibiendo una grandiosa ovación. Para ser emotivos los comienzos, hasta Morante tuvo el detalle de hacer el paseíllo descubierto y enfundado en un terno negro y azabache, como aquellos que popularizó el mítico Joselito cuando llevaba luto por su madre, la Señá Grabiela.
Pero ese intenso clima –que de por sí ya valía pena de vivir– se transfiguró luego en una tarde de las realmente importantes en la historia del toreo moderno. Lo que empezó como entrañable pero tristísima despedida, se convirtió luego en una lección grande del Arte del Toreo, de esas que se recordaran por mucho tiempo.
Mal le rodaron de primeras las cosas a Morante con el que abría plaza, un cuvillo siempre con la cara suelta y poca fijeza, con el que escasamente pudo dejar detalles sueltos. Más a contraestilo aún fue el cuarto, basto de hechuras y de comportamiento, ante el que el torero de la Puebla tiró pronto por la calle de en medio. Hasta la bronca que le dedicaron los tendidos, que fue sonora, tenía su punto de entrañable: era como la riña del padre que no tiene más remedio que reprender al hijo, aunque la riña le duela más a él que a su vástago.
Con la tarde ya encarrilada por senderos históricos, Morante no quiso quedarse ausente en esa mesa de los triunfadores. Y pidió permiso para lidiar el sobrero, un toro de Juan Pedro que a la postre fue el mejor. Qué lío le formó con el capote; de esas veces en las que Morante se vacía por completo. Qué grandeza y qué arte. Después de un inusual tercio de banderillas, en el que invitó a compartirlo a El Juli y a Manzanares, su faena de muleta fue de las de rotundos arrebatos de las ocasiones grandes del morantismo. Para regalarnos esa obra de arte sí que vale la pena pedir el sobrero.
 
►Faena grande de Alejandro Talavante
 
Zaragoza, 9 de octubre de 2011
Faena cumbre de Alejandro Talavante en Zaragoza ante un excelente toro de Núñez del Cuvillo. Este ha sido el momento culminante de una tarde en líneas generales entretenida, sobre todo en su primera mitad, aunque se viniera a menos en la segunda parte.
¿Ha sido el momento culminante de la buena temporada de Alejandro Talavante? Es muy posible. Pero cualquier caso hemos podido ver una actuación de grandes dimensiones. Fue en el tercero de la tarde, un jabonero de excelente tranco y bollantía; el toro verdaderamente bravo de los que han salido al ruedo de La Misericordia. Pero si el toro fue bueno, toda la actuación de Talavante resultó sobresaliente, desde que se abrió de capa, que además lo hizo de forma muy original. Se podrían enumerar las características de las distintas fases de su faena, pero más peso tuvo su labor considerada como un conjunto unitario, en el que los pases fundamentales se entrelazaban con originales arabescos y todo sobre las leyes básicas del toreo: el temple y la estética. Era una de esas escasísimas ocasiones en que se tiene conciencia que era una faena de las de rabo. Pero el extremeño falló a espadas, pese a lo cual la presidencia no tuvo más remedio que concederle una oreja.
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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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