Languidece la tarde hacia la nada

por | 27 May 2016 | Temporada 2016

MADRID. Vigésimo primera del abono de San Isidro.  Lleno de “No hay billetes”, en tarde condicionada por el viento. Cinco toros de El Pilar, bien pero desigualmente presentados, cinqueños los corridos como 4º y 5º, cuyo juego quedó muy condicionado por la falta de empuje; un sobrero también cinqueño de Toros de Salvador Domecq (6º bis), que nunca se entregó. David Fandila “El Fandi” (de nazareno y oro), silencio  y silencio. David Mora ( de azul celeste y oro), silencio tras aviso y silencio. Alberto  López Simón (de grana y oro), palmas tras aviso y silencio.

El mundo del toro –los cursis dicen “el ecosistema”– es tan singular que ni hay dos plazas iguales, ni dos corridas gemelas, ni siquiera un mismo toro mantiene un comportamiento uniforme. Éste si que es el verdadero reino de la diversidad. Quizá por eso, cuando esa diversidad se ausenta, el espectáculo languidece de forma mortecina.  Y para ejemplo, este viernes del abono.

La corrida de Moisés Fraile trajo a Madrid con el hierro de “El Pilar”, vestida toda por el mismo palo, no encerraba malas ideas, con la excepción del 1º, que se acostaba mucho por uno de los pitones. Pero dio un muy escaso juego. Les faltaba ese plus de empuje necesario para seguir los engaños airosamente y de paso crear los grados necesarios de emoción; por eso más de uno pasó por allí sin que ni su matador se enterara que podría ser aprovechable. Pero no es menos cierto que ninguno de los pilarenses levantaba precisamente oleadas de entusiasmo en el respetable. A lo mejor el castizo lo zanjaría todo de forma más rotunda y más breve: “no decían nada de particular”.

Si algo debe reconocérsele a “El Fandi” es la constancia. Salvo aquella lejana tarde –tanto que todos éramos más jóvenes, salvo el toro que siempre pasa de los cuatro años– cuando sorprendió por primera vez con sus tercios de banderillas, nunca ha terminado de entrar en Madrid, pero nunca elude Las Ventas, aunque sin venir a ella tenga garantizado que va a estar al final de la temporada entre los 10 primeros del escalafón. Y aunque conozca las dificultades intrínsecas para entrar con buen pie en esta afición, es fiel a su cita anual. Y eso tiene un mérito. ¿Cuánto años le costó a Dámaso González? Pues, a base de esperar, acabó figurando entre los hijos predilectos y además muy justamente. A lo mejor tal que así piensa el torero granadino.

Nadie duda de su oficio. Se le sigue esperando en el segundo tercio, aunque se está haciendo más irregular, o más previsible. Y en esa espera el personal no advierte que maneja con gusto el capote y que, cuando se pone a ello, tiene buen pulso para llevar los toros por abajo. No es la primera en la historia taurino que a alguien se le reconocen méritos no descubiertos cuando ya se encuentra en el retiro. En esta ocasión del 2016 tuvo un primer toro que iba y venía arrollando –y lo acabó haciendo–, además de meterse para dentro con frecuencia. Razonable que comprobado el status de la cuestión cogiera los aceros de muerte. Pero quizá pudo estar algo mejor con el 4º, que si bien no repetía en sus acometidas, si que tomaba los engaños con buen aire.

A David Mora se le desinfló su primero, de condición muy aceptable, casi a la vez que saludaba a la Presidencia. El torero madrileño busca al cruzarse que el animal respondiera; lo hizo de forma irregular. En una de esas le dio una buena voltereta, por fortuna sin daños mayores. No se han puesto de acuerdo los sabios del lugar acerca de si el 5º se lastimó o no una mano en el caballo; supongamos que si. Todo el trasteo estuvo delineado pulcramente, pero sin alma, sin acabar de romper.

Con lo nuevo que es, López Simón ya conoce todo lo que caracteriza  la afición de Madrid. No se sabe si será porque ha descubierto que las admiraciones son cambiantes, o por otra causa, en esta ocasión ocurrió como en la anterior: dejó traslucir que estaba un poco espeso en sus ideas. Todo lo cual no permite marginar que a este torero los pies del suelo solo se los levanta el toro y que siempre quiere torear hacia los adentros. Se le vio, sin ir más lejos, con el 3º de la tarde, ante el que trazó un par series sobre la mano derecha con calidad, haciendo gala de una magnífica muñeca; pero luego llegaron las intermitencias y con ellas perdió vuelos el trasteo. Frente al cinqueño que hizo de sobrero, con sobredosis de pegamento instantáneo en las pezuñas, solo cabía estar por allí en plan insistente. Fue el público quien le avisó de que ya valía. Y se puso fin a la función del día.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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