La Tauromaquia hacia la Unesco. En marcha el proceso de una asignatura fundamental.

por | 3 Ene 2012 | Tribuna Abierta

La ciudad de Tlaxcala (México), será sede en los próximos 17, 18 y 19 de enero del II Coloquio Internacional La Fiesta de los Toros: Un patrimonio inmaterial compartido. En dicho encuentro, será posible conocer la opinión de diversos especialistas, académicos, periodistas y aficionados pensantes de los ocho países que actualmente conservan dicha manifestación, mismos que habrán de aportar sus mejores conocimientos para fundamentar la defensa de la tauromaquia, buscando convertirla en elemento a la candidatura para que la UNESCO, se encuentre en condiciones de calificarla como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

De hecho, este proceso, según lo ha dicho Williams Cárdenas, uno de sus principales abanderados, se puso en marcha desde 2003, al amparo de la Convención para la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial dictada por la UNESCO. Tenemos claro que dicha convención auxilia expresiones culturales que pueden estar amenazadas, para lo cual entonces, se han venido estableciendo medidas de salvaguardia para identificar los elementos del patrimonio cultural inmaterial que posee la tauromaquia. Entre otro de los capítulos que trabajaron para ello, se dio un paso importante en la ciudad de Sevilla en abril de 2009, y será ahora, la capital tlaxcalteca sede, para un segundo paso de esa iniciativa.

Tarea nada fácil, sobre todo si sabemos los taurinos, que este espectáculo ha sido blanco de diversas alteraciones, no sólo las naturales, las que la evolución misma le va dando conforme pasa el tiempo. También aquellas otras en la que privan intereses y estos producen efectos de vulnerabilidad al interior de la organización del espectáculo, enfrentándolo a periodos permanentes de crisis que se reflejan, al menos en puntos tan notables como el hecho de que la ausencia del toro en las plazas va siendo cada vez más significativa.

De igual forma, contamos con el hecho de que grupos contrarios, como los antitaurinos, frentes ecologistas y otros han emprendido verdaderas campañas de desprestigio que no terminan en los “cacerolazos” fuera de las plazas de toros. Han podido subir al estrado de las cámaras de diputados o senadores y han llevado elementos para combatir esa tradición. Mejor caso es el ocurrido en Barcelona, el año pasado. Precisamente, haciendo eco de una interesante entrevista que ha venido publicando Leonardo Paez en La Jornada, entrevista que realizó con el sociólogo zacatecano Jesús Flores Olague, comparto con él una idea en la que afirma:

 “…todos los pueblos tienen una cuota de sangre que pagar, sea el sacrificio humano, el dolor, el trabajo. El aspecto ritual de la sangre, humana o animal, permea en todas las culturas, incluidas las invasiones de los países libres a los regímenes dictatoriales; son rituales guerreros además de hipocresía infinita, pero contra eso no protestan los antitaurinos. No tienen información”.[1]

Y no la tienen porque frente a un hecho integrador como el que amasa las ideas, los ritos, las religiones en un pueblo, no hay manera de combatirlo, sino de explicárselo, tal y como ocurre con la fiesta de los toros, que también puede entenderse como un ritual, un holocausto, una inmolación que no es gratuita, ni divierte a un pueblo que se “ensaña y se regodea” en torno a una figura animal que se convierte en blanco de sacrificio y muerte. Por eso, estoy convencido de que al emprender esta marcha hacia una declaratoria razonada, como la de patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, la tauromaquia tiene suficientes elementos para ser defendida y justificada.

Los que estamos a favor de esa defensa, tenemos que buscar fórmulas para resolver diversos problemas, que ya vemos, pueden ser intereses personales o de grupo, cuyo propósito puede significar mucho dinero, posicionamiento, poder y todo esto puede pasar por encima de las nobles razones del espectáculo. Si la fiesta de los toros gana esta designación, no será cosa de celebrar, sino de asumir responsabilidades. Entiendo que el nuevo “blindaje”, como cualquier certificación, compromete a los Estados a cumplir una serie de requisitos y entre otros se encuentra el de una correcta preservación que no termina en la plaza de toros misma. Se va a diversos territorios y espacios, recae en la decisión de decenas de personas. Significa también enfrentar situaciones como las del cambio climático y toda la serie de lluvias, heladas o sequías atípicas que han venido afectando severamente el campo mexicano, al punto de que constantemente se declaran como zonas de desastre espacios que en otras épocas jamás se habría pensado un escenario como el actual. Obligará a que empresarios con mayor visión hagan su trabajo de manera profesional y no en las condiciones truculentas que nos siguen imponiendo. Si alguna vez imaginé que la fiesta requería tratamiento especial con vistas a darle calidad total, esto significaba someterla a normas como la ISO9001-2000. Pero rigores de esa dimensión no pueden aplicar en una tradición, en un ente inmaterial, de ahí que sea más inteligente actuar bajo responsabilidades compartidas también. Quiero pensar que se le “leerá la cartilla” y si llega a haber un periodo crítico de descuido o abandono, se perderá la posibilidad de un futuro prometedor, para encaminar todo esto a la debacle.

Los tiempos que corren, insisto, no son nada buenos para el espectáculo. Presenta muchas inconsistencias, defectos, fraudes y abusos que ponen en un punto de riesgo mayor su continuidad. En la medida en que se haga presente el toro como la figura central de todo este espectáculo, creo que se garantizan muchas cosas. De no ser así, todos nos vamos a convertir en cómplices de su desaparición, de una extinción que desean los contrarios a fuerza de sus argumentos, que podrían tomar una fuerza capaz de arrasar con todo lo que exista en el planeta de los toros.

[1] La Jornada, lunes 2 de enero de 2012, p. 31.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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