La Tauromaquia, como un hecho único, ha pervivido en Castilla y León a lo largo de los siglos

por | 27 Oct 2012 | Documentos

Mediante una Resolución de de la Dirección General de Patrimonio Cultural, publicada el pasado viernes, día 26, en el Boletín Oficial de la Comunidad,  se ha  incoado el  procedimiento para la declaración como Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial de la Tauromaquia en Castilla y León.

A este Resolución acompaña un Anexo documental que, siendo relativamente breve, es todo un modelo argumental acerca de las raíces históricas, culturales y sociales de la Fiesta de los toros.

El anexo se dirige a establecer cómo La Tauromaquia en Castilla y León, en lo referido a las corridas celebradas conforme a la normativa actualmente vigente son herederas de las reglas establecidas a partir del Siglo XVIII.

Por su valor documental, reproducimos aquí el texto íntegro de dicho Anexo, por más que como documento adjunto encontrará el lector, en formato PDF, las páginas de Boletín Oficial en la que se recoge esta resolución.

Texto íntegro

1.– La presencia del toro como animal sagrado, objeto de caza y también de juegos, ritos y espectáculos diversos se remonta al paleolítico.

Entre las diversas teorías existentes sobre el origen de las fiestas taurinas, destaca la teoría que vincula su origen a las técnicas utilizadas para la caza del toro y otros animales, desde tiempos remotos, consistentes en que un grupo de hombres más o menos numerosos corriera al animal al objeto de cansarlo y así poder atarlo con sogas, enmaromarlo y llevarlo a los corrales bien para amansarlos o matarlos para la propia subsistencia.

En el ámbito de la Comunidad de Castilla y León, se hallan evidencias en Soria, en las pinturas rupestres del Monte de Valonsadero, entre las que destaca «El toro de hachos» encontrada en el Covachón del Puntal, donde podemos apreciar al hombre frente al animal en actitud de lidia y lucha. De época celtibérica, encontramos la estela conocida como «piedra de Clunia», que es la primera estela taurina en la que se representa un enfrentamiento ritual entre un hombre armado con escudo y espada y un toro.

En el Imperio Romano, el toro símbolo de fertilidad, la virilidad y la fuerza, es el centro de numerosos festejos relacionados con las divinidades y destinados a la diversión del pueblo, las «venationes».

Posteriormente en la Alta Edad Media, estas prácticas ven perdiendo su finalidad original y se convierten en un ritual festivo y religioso. Las primeras noticias de festejos taurinos celebrados en nuestra Comunidad se remontan a los que tuvieron lugar en León en el año 815 y en 1080 en Ávila, con motivo de la boda del infante Don Sancho de Estrada. A partir de esta época son numerosos los festejos taurinos, en todas las celebraciones de la nobleza y la realeza.

En cuanto a las corridas de toros, definidas como el espectáculo en el que uno o más matadores de toros bravos, lidian y matan reses bravas siguiendo una serie de normas y ritos, reglamentos y suertes, surgen como una evolución de los encierros. Se tienen noticias de corridas en el siglo XIII. En este sentido resulta ilustrativo el –capitel del siglo XIII, en el que un hombre a pie cita al toro en el Colegio de los Mercedarios de Toro (Zamora), o los frescos murales con escenas de tauromaquia aparecidas en el interior de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Pinarejos (Segovia).

Las partidas del rey Alfonso X, redactadas entre 1265 y 1325, constituyen el primer texto jurídico de carácter general que regula estos festejos, estableciendo una serie de prohibiciones, que luego serán reiteradas por la Iglesia dado el origen pagano de la fiesta, si bien estas prohibiciones nunca llegaron a ser del todo acatadas.

En el siglo XVI la fiesta ya se encuentra consolidada y organizada en muchos de sus aspectos, prueba de ello es el documento conservado en el Archivo Histórico Provincial de Valladolid, sobre la villa de Medina del Campo del 23 de mayo de 1598, y sus espectáculos taurinos de San Juan y San Antolín.

Durante el siglo XVIII y XIX, la fiesta va evolucionando históricamente entre períodos de prohibiciones y períodos de tolerancia, con las condenas de las autoridades eclesiásticas y su mantenimiento, unas veces con el apoyo de la corona debido a la afición taurina de algunos de nuestros reyes.

Pero no es hasta el siglo XX cuando se puede hablar de la consolidación de la tauromaquia tal y como la conocemos en la actualidad, con la existencia de reglamentos generales y un sistema de ordenación que la regula.

2.– La tauromaquia también se refleja en la arquitectura de los espacios en los que se celebra dentro de la Comunidad de Castilla y León. En un principio las corridas se celebraran en las calles o plazas, que se cerraban para la ocasión con carros, tablados o talanqueras, como en San Felices de los Gallegos (Salamanca), donde todavía se mantiene esta costumbre. En otros casos, como ocurre en Peñafiel (Valladolid), se construían plazas de amplio perímetro y superficie, rodeadas de viviendas con balcones para ver el festejo.

Las primeras plazas de toros construidas en el ámbito de Castilla y León como recintos específicos donde se celebran las corridas de toros, son del siglo XVIII. Todas ellas presentan la misma disposición y dependencias, con algunas variaciones dependiendo de la época y lugar de su construcción.

Entre las plazas de toros existentes en las nueve provincias de la Comunidad, tenemos que destacar plazas históricas, algunas de las cuales están declaradas de interés cultural. En la provincia de Ávila, destaca la Plaza de Villafranca de la Sierra, la más antigua de la provincia, construida en 1854, toda ella en piedra; la Plaza de Huerta del Rey (Burgos), que aprovechando el antiguo mercado de ganado y el juego de pelota se construye entre 1910-1913, «montándose y desmontándose un coso de madera todos los años en este lugar»; la Plaza de Béjar (Salamanca), construida entre los años 1711-1714, y que es la plaza de toros más antigua de España y fue declarada Bien de Interés Cultural por Decreto de la Junta de Castilla y León del 7 de mayo de 1998 («B.O.E.» de 7/7/1998 y «B.O.C. y L.» de 11/05/1998). En la provincia de Segovia, destaca la plaza de Santa María La Real de Nieva, y en la provincia de Valladolid, la plaza de Medina de Rioseco y la Plaza Mayor de Palos en Serrada. En la provincia de Zamora, la Plaza de Toros de Toro, construida en 1828, es una de las más antiguas de España y la tercera en antigüedad de Castilla y León. Fue declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento por Acuerdo de la Junta de Castilla y León de 28 de agosto de 2008 («B.O.E.» de 4/11/2008 y «B.O.C. y L.» de 03/09/2008) y pertenece a la Unión de Plazas Históricas de España.

3.– La tauromaquia no es sólo un espectáculo, es un arte, un rito cargado de un fuerte sentido simbólico, en el que confluyen valores estéticos, –la armonía, el equilibrio, el color, la técnica–, que ofrecen momentos únicos de arte e inspiración, que convierten la fiesta en un elemento cultural y artístico de alto valor patrimonial que trasciende al propio valor del toro.

Intensamente imbricada en la cultura popular de la Comunidad, la tauromaquia forma parte inseparable de la identidad de su pueblo y su influencia cultural en nuestra sociedad es evidente en todos los ámbitos de la misma: música, pintura, escultura, literatura, fotografía, cine o teatro, arquitectura, etc. El mundo del toro también se refleja en la creación de un paisaje reconocible en distintas partes de Castilla y León. El toro de lidia se desarrolla en un sistema de producción extensivo, que permite el aprovechamiento racional de los recursos naturales y resulta imprescindible para la que la dehesa sea un ecosistema sostenible y muy singular dentro de nuestra Comunidad. La cría de ganado de lidia, permite por un lado la conservación de este entorno natural que de otro modo estaría en peligro de desaparición, y por otro la propia conservación del tipo racial del ganado de lidia.

Con la declaración de Bien de Interés Cultural, la tauromaquia viene a ratificar la relevancia de esta tradición con raíces en nuestra cultura desde tiempo inmemorial, que constituye uno de los hechos más singulares de nuestra Comunidad.

La tradición, la cultura popular, la cultura artística, la literatura, el lenguaje cotidiano, el arte culinario, la pervivencia de industrias artesanales asociadas a la fiesta –sastres, bordadores, zapateros, forjadores, fabricantes de muletas, capotes, sillas de montar, etc.– así como el respeto y conservación de la naturaleza de nuestro territorio, hacen de la tauromaquia un hecho excepcional único para Castilla y León, que ha pervivido a lo largo de los siglos y que trasciende más allá del toro, convirtiéndolo en un hecho patrimonial de primer orden digno por su singularidad y relevancia de ser conservado para generaciones futuras, atendiendo y respetando la evolución normal que como espectáculo se pueda ir produciendo con el paso del tiempo, pero sin pervertir su esencia.

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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