La tarde de las furias de la naturaleza, que Pérez Mota y Pinar sortearon con valor y con cabeza

por | 31 May 2013 | Temporada 2013

MADRID. Décimo tercera de abono. Dos tercios de plaza. Tarde de muchísimo viento. Cinco toros de Samuel Flores –uno de ellos con el hierro de doña Manuela Agustina López Flores–, muy desiguales de trapío, hechuras y cabezas, pero igualados en la mansedumbre; y un sobrero (3º) de Aurelio Hernando, cinqueño, grandullón y serio, con movilidad pero sin clase.  Antón Cortés (de azul cobalto y oro), silencio tras aviso y silencio. Jesús Pérez Mota (de marino y oro), que confirmaba la alternativa, silencio tras aviso y gran ovación tras aviso. Rubén Pinar (de blanco y oro), ovación tras aviso y silencio.

Y va el enterado y dice con rotunda firmeza: ”La culpa es del cambio climático”. Eso, tantas malas tardes como se han pasado en Las Ventas, con el viento campando a sus anchas desde el 1º hasta el 6º, vamos a colocarlas sobre las espaldas del cambio climático. Es socorrido, porque tiene la ventaja, además, que como es un mero ente de razón, ni protesta, ni contesta: lo aguanta todo. Pero si nos ponemos serios, ya va siendo hoy de anotar que cualquier día acabará por producirse una tragedia y entonces vendrá el “ay madre, ay madre”. Y hoy hemos estado a punto de ello en más de tres ocasiones; que le pregunten a Rubén Pinar.

Lo inconcebible es que en un espectáculo que, de acuerdo con los precios de la taquilla, es de lujo,  éste sea un problema endémico sin solución posible, que pone en riesgo grave a los toreros e incomoda una barbaridad a los clientes. Los franceses  –un poquito chapuceros, según se comprobó– que se trajo Taurodelta, desde luego, en ningún caso. Pero en el siglo XXI, con los avances de la técnica y de la propia construcción, nadie puede creerse que no haya una solución, que resulte eficaz además de respetar las características patrimoniales del inmueble. Como el aficionado taurino, después del santo Job, es lo más paciente que puebla este mundo, no hay que preocuparse: no se hará nada y así nos plantaremos en la siguiente feria de San Isidro.

La corrida de Samuel Flores lidiada este viernes ha sido tela de mala. Bueno, pues peor ha sido el viento, que no se ha tomado ni un descanso. Lo mismo que en algunas plazas del sur, cuando sopla fuerte el levante ha sido causa de más de una suspensión, habrá que ir pensando en algo parecido para Las Ventas, porque a los profesionales no se les puede poner en ese peligro que no se ve pero se siente y en el que se juegan las femorales, además del triunfo.

Pero dando el clima por cambiado, habrá que cambiar de tercio para confirmar que lo de Samuel sigue en lo más hondo de la sima. Bien armados, desde luego; bien cargados de mansedumbre, también. El que no era descompuesto, como el que abrió plaza, era un buey de carreta, como el 4º. Una corrida sencillamente imposible. Tanto que hasta el cinqueño sobrero de Hernando, que tenía mucha guasa dentro, hasta parecía menos malo.

Con semejante material y en tales circunstancias tuvo que confirmar alternativa Pérez Mota. Por las cosas que apuntó, merecía mejor suerte. Por lo pronto, como anda ya rodado, estaba seguro luchando contra los elementos. Y dejó claro, cuando pudo  bajarle la mano a sus toros, que sabe hacer bien el toreo, además con poder. Con el infumable de la confirmación, ese del que Samuel había dicho horas antes –¡ya son ocurrencias, ganadero!– que era algo así como el Mister España de las dehesas,  no pudo dejar claro más que una cosa: que de vacaciones no había venido a Madrid. Con el cabezón 5º, que a la postre fue el único que ha humillado algo, tuvo momentos de excelencia, con una continuidad imposibilitada por el vendaval. Pero aquello tenía fundamento, como la afición le reconoció. Por el mal uso de la avíos de matar, más de uno se quedó con las ganar de pedirle la oreja.

Meritoria y mucho fue toda la tarde de Rubén Pinar. ¡Ay!, manchego si en la etapa de las vacas gordas hubieras puesto tanta decisión y tanta cabeza como esta tarde… No se amilanó cuando su primero le cogió de lleno al inicio de los primeros muletazos y estuvo jugueteando con los pitones en su cuerpo en unos segundos que parecían horas. Estuvo hecho un tío, pero lo que se dice un tío. Lucimiento, el justito que era posible. Pero que no quiere perder el tren, quedó claro. Pues pese a todo, las veces que fue posible le puso a sus telas un punto de torería.

La corrida era, evidentemente. a contraestilo de Antón Cortés. Y de Cuchares que resucitara. Pero al de Albacete se vio que le cogía, además, en una etapa mala. Y, en efecto, la tarde le vino varias tallas grande.  Pero pese a ello, se ponía allí una y otra vez. Para poca cosa, pero se ponía. Merece un respeto.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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