«La Semana del Toro» no comenzó bien, pero Robleño y Venegas reclamaron su sitio

por | 4 Jun 2017 | Temporada 2017

MADRID. Vigésimo cuarta del abono de San Isidro. Tres cuartos de plaza: 18.298 espectadores (74% del aforo). Tarde con rachas de viento muy molesto para la lidia. Toros de hijos de don Celestino Cuadri, bien presentados y con cuajo, bronca y dura, de mal juego. Fernando Robleño (de azul eléctrico y oro), silencio y ovación. Javier Castaño (de caldera y oro), silencio tras un aviso y silencio. José Carlos Venegas (de fucsia y oro), silencio y silencio.
Parte facultativo: Cogido en la fase final de du faena, tras dar muerte al 6º José Carlos Venegas fue atendido en la Enfermería de un “traumatismo costal izquierdo con probable fractura costal, pendiente de estudio radiológico. Pronóstico reservado. Dr. García Padrós".

INCIDENCIAS: al concluir el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria y solidaridad con las vseis toros rayando en lo imposible. e espectadores que en la novillada del sul elíctimas del atentado de Londres.

Unos grandes almacenes habrían lanzado la campaña de “La semana del Toro”. Pues el primer día les habría salido bastante full: un 4% menos de espectadores que en la novillada del sábado y seis toros rayando en lo imposible. No es precisamente como para lanzar cohetes.

José Carlos Venegas con su decisión con el que cerró la función hizo muchos méritos para que su reseña ocupe los primeros espacios. El primer tercio de este “Embustero”  –atinado nombres, según se vio– discurrió en medio de una bronca general. El cuadri salió perdiendo las manos, tanto ante el caballo como en el segundo tercio. Las protestas crecientes no fueron atendidas por el Palco, mientras David Adalid pasaba un verdadero quinario con los palos, tanto que hasta su segundo par lo tuvo que poner el tercero. Desorden, griterío, pasadas en falso…, lo propio de estas circunstancias. Pero con mucha decisión muleta en mano Venegas se puso allí, firme y con buen sentido. Tomándolo muy en corto, el animal seguía la muleta hasta con nobleza, sobre todo por el pitón derecho. El torero jienense insistió meritoriamente sobre ambas manos y el publico se puso a su lado olvidando la bronca preliminar. Hasta intentó en unas bernardinas  –el adorno de moda, por lo mucho que se repite–, con tan mala fortuna de que el mentiroso le puso una zancadilla y ya en el suelo lo aplastó materialmente contra el ruedo. Con problemas serios para respirar, quiso culminar la faena. Mala suerte: con todo ya ganado, la espada se fue muy baja. Se esfumó el premio merecido y el torero tuvo que ir directo a la Enfermería.

Pero de inmediato hay que colocar el nombre de Fernando Robleño, que estuvo hecho un tío con el 4º, que se desplazaba sobre las manos y quedó demasiado crudo en el caballo, embistiendo siempre con la cara tan suelta como un molinillo, con un tornillazo por arriba como postre. A base de mucha firmeza y de obligar al cuadri muy por abajo, el torero supo encontrar la aguja de marear, hasta dejar muletazos de buen trazo. Ya más entablerado, Robleño hizo un verdadero alarde de valor sereno. Con la oreja, que habría sido una oreja incontestable, al alcance de la mano, primero pinchó y luego se le fue baja la espada. Los aficionados se lo reconocieron, pero el torero había buscado más.

Como puede deducirse de estos apuntes, la corrida de Cuadri ha sido dura, bronca y complicada. También un tanto desconcertante, porque hubo toros que pelearon bien en el caballo –¡soberbio Pedro Iturralde en el 2º–, pero luego carecían de virtudes frente a los engaños. La mayoría se desplazaban sobre las manos, con viajes muy cortos, rematando violentamente por arriba, con feo estilo siempre. Al menos el 6º regaló unas cuantas embestidas más nobles, el  resto se lo guardó todo dentro.  Una profunda decepción.

En sus primeros turnos, tanto Robleño –cada día con mejor oficio– como Venegas poco pudieron dejar en claro. El que abrió la tarde era de una desesperante blandura –incomprensible que el Palco  no lo pusiera en manos de Florito– y el que hizo 3º era la brusquedad misma. Los lidiaron con dignidad y sin agobios. Lo único que cabía.

No le pudieron rodar bien las cosas a Javier Castaño. Después de dejar unos lances muy estimables al 2º, al último tercio el cuadri llegó sin clase alguna, con la cara por las nubes y a las primeras de cambio ya sin recorrido posible, hasta tal punto que costaba un mundo cruzar el pitón a la hora de matar. De primeras arreaba lo suyo el 5º, para luego pararse y cuando iba lo hacía con peligro. No quedaba otro camino que la lidia preparatoria para matarlos lo mejor posible, que no fue mucho.

Apóyanos compartiendo este artículo:
Taurología

Taurología

Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *