La psicología del toro de lidia

por | 31 May 2012 | Tribuna Abierta

La bravura es un invento cultural del ser humano digno de admiración. Siendo el toro un animal excitable e irritable, poco a poco se fue seleccionando, mediante cruzas, para que su fiereza fuera transformándose gradualmente en lo que en términos taurinos llamamos bravura y toreabilidad.

Desde el ganadero como responsable de la alquimia y la magia para conseguir el prototipo buscado en sus encastes, hasta el aficionado que va a los tendidos a juzgar (si lo puede conseguir) todo lo que se hace durante el festejo, en aras del espectáculo; incluyendo a los mayorales, caporales, empresarios, transportistas de ganado bravo, torileros, monosabios, veterinarios, toreros y las autoridades del biombo en una corrida. Es necesario que todos estos eslabones de la cadena, estén fuertes, unidos y coordinados para que el festejo sea un éxito.

Desde hace muchos años, se habla y se ha tratado de conocer la psicología del toro bravo, pero no se ha pasado del escepticismo. El toro bravo, es el único animal doméstico que convive con el hombre en un régimen cada vez menos extensivo y sigue conservando sus instintos primitivos, que influenciados por el medio ambiente, desencadenan la bravura, sobre una crianza y preparación inteligente y una reacción hormonal, así que voy a tratar de resumir en pocas líneas los factores que pueden influenciar su comportamiento.

Las catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) y el cortisol, son las hormonas que dependiendo de la cantidad segregada por el toro, debido al grado de estrés al que es sometido y aunado a los niveles de testosterona y serotonina que presenta el mismo desde su nacimiento, las que determinan en el toro, la bravura, la cobardía, el valor y la excitación, que se provoca naturalmente en él cuando se le aparta del rebaño, como una acción desencadenante de la ruptura de la unidad hormonal y nerviosa del animal a nivel del sistema nervioso simpático y/o parasimpático, desencadenando un síndrome neurótico.

La adrenalina: Tiene efecto broncodilatador, relajante muscular, pulmonar y aumenta la frecuencia cardiaca. La noradrenalina: es un neurotransmisor que pone en alerta máxima al sistema nervioso central y aumenta la presión sanguínea y el cortisol: Aumenta el nivel de azúcar en sangre (energía).

Cuando el toro sale de los chiqueros a la plaza, está lleno de una confusión que lo hace añorar los potreros y sus compañeros de rebaño, de ahí que busque desesperadamente la salida que no encuentra, pero sí, en cambio, se topa con multitud de situaciones excitantes, que desencadenan una explosión neuroendocrina que se traduce en una agresividad predominantemente defensiva, que el ganadero ha seleccionado genéticamente y que tiene una duración aproximada de 15 a 25 minutos; que es cuando el toro trata de librarse de ellos (es el tiempo que se recomienda que dure la faena, e incluso está documentado en los reglamentos taurinos la duración de la lidia).

Tras la intervención de los lidiadores, el toro pone en juego y saca “todo lo que lleva dentro” que depende de un sinnúmero de factores entre los que podemos mencionar los siguientes: casta, balance hormonal, alimentación, temperatura ambiental y corporal, estado de salud, la forma en que ha sido seleccionado y el tipo de lidia que se le de.

Casta: Es el linaje y la reata de procedencia.

Balance hormonal: Es importante el balance entre la testosterona y la serotonina, que son las hormonas que influyen directamente en la bravura y agresividad del toro; a más testosterona y menos serotonina, más ferocidad y fiereza, a más serotonina y menos testosterona, más bravura con fijeza y nobleza (toreabilidad). Una vez que ha recibido el puyazo, en cuestión de segundos se comienzan a producir beta endorfinas y dopamina, las cuales eliminan drásticamente el dolor y bloquean la tendencia de las neuronas a dispararse ante cualquier estímulo externo.

Estas hormonas, junto con la excitación, bronco dilatación y estado de alerta máxima que producen el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina, provocan que el toro siga embistiendo y atacando sin sentir lo que le pasa a su cuerpo, entregándose a fondo, hasta sufrir un gran desgaste energético, que lo aploman en el ruedo 15 a 25 minutos después de haberse desencadenado su producción; es el momento en que “el toro pide la muerte”.

Alimentación: Debe estar perfectamente equilibrada tanto en proteínas, como hidratos de carbono, antioxidantes y grasas, con la finalidad de que cada componente se encargue de su buen funcionamiento durante la lidia y tenga suficientes reservas energéticas.

Temperatura: La lidia, es un maratón de 15 a 20 minutos a que es sometido el toro, con agresiones de todo tipo, que de ser bravo y emplearse a fondo, han de someter a ese organismo a una temperatura corporal de difícil refrigeración por parte de los mecanismos fisiológicos encargados de llevarla a cabo, que hacen que se canse más rápidamente.

Estado de salud: Debe ser perfecto, pues cualquier alteración orgánica del tipo que sea, influye directamente en el rendimiento del toro durante la lidia.

Forma de selección: Esta, se hace principalmente a partir de sus madres y debe realizarse a la edad adecuada, cuando el cuerpo esté desarrollado tanto psíquica como físicamente, para poder apreciar con cierta objetividad la bravura heredada a las crías.

Forma de lidia: El grado de conocimiento que el diestro tenga sobre la psicología y comportamiento del toro es determinante, pues siempre se ha dicho que de los primeros lances depende mucho el comportamiento del toro durante el resto de la lidia. También es importante la experiencia y la técnica, pues de eso depende que el matador lo pueda enseñar a embestir si es malo y posteriormente lo someta con la guía y fuerza de la muleta, para realizarle una buena faena.

Para finalizar, transcribo una revisión bibliográfica de algunas definiciones que sobre Bravura han emitido algunos personajes de la fiesta brava:

•El padre Laburu que la consideró como: “un instinto de huida innato, ya que el becerro embiste a las 24 horas de nacer”.

•Montero que la define como “una característica genética transmisible susceptible a las circunstancias ambientales”.

•Sanz Egaña menciona que es un “instinto de liberación apoyado en factores psíquicos inmutables y hereditarios que caracterizan la afectividad del animal mediante una función central específica donde ejercen su influencia el quimismo humoral y el medio ambiente”.

•El profesor Aparicio quien “considera la acometividad como ancestral, si bien a fuerza de herencia acumulativa por selección ganadera, se transforma en franca acometividad y bravura propia de ese noble toro que solo se defiende cuando es ofendido”.

•Corrochano que la considera como “el grado superlativo del instinto y modificable en su persistencia y desarrollo por las incidencias de la lidia”.

•El doctor Paños Marti, dijo “la embestida es una manifestación de la bravura y no la bravura en si” y las manifestaciones de la bravura (acometividad y/o embestida) “forzosamente han de estar influenciadas por la fuerza física del toro (poder) y por el modo de ser del toro (temperamento)

Lo que si podemos concluir, es que la bravura es el principal atributo con que debe contar el toro de lidia y a partir de ella se pueden desmenuzar múltiples factores, cuyo conocimiento redundarán en el buen desempeño que pueda tener el toro durante la lidia.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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