La performance táurica no se pudo poner en escena

por | 19 Mar 2011 | Temporada 2011

Novena de la  feria de Fallas
Valencia, 19 de marzo de 2011. Tarde
Lleno total, en una tarde excelente. Toros de Las Ramblas, muy despareja de tipo y cabeza, los cinco primeros sin raza, ni clase, ni recorrido; el sexto con más enclasado  pero se acabó pronto. Juan Mora (de azul pavo y oro), silencio y silencio. Enrique Ponce (de grana y oro), ovación y algunas palmas. Sebastián Castella (de azul pastel y oro), palmas y una oreja.
 
Ahora que está a todas horas con la copla del arte y la cultura,  lo más propio sería que decir que Simón Casas, el empresario imaginativo,  montó una cuidada  performance táurica para el día grande de las fiestas. No funcionó. Bien es cierto, digámoslo cuanto antes, que los platos rotos hay que anotarlos a la cuenta de don Daniel Martínez, titular de la ganadería de Las Ramblas.  
 
Pero lo cierto es que la performance se disolvió en el aire de una tarde luminosa como un cuadro de Sorolla.  Los personajes estaban por la labor, pero los demás elementos no: el tiempo pesaba como el plomo, con el canso discurrir de la corrida; el espacio sobraba por todos los sitios, porque los toros hacían fú a la primera carrera; la relación entre cada artista y el público, se hacía imposible con el libreto que escribieron en Las Ramblas. Parecía que en el último acto, la cosa podía tener, al menos, un final feliz, pero no pudo ser lo suficientemente feliz como para olvidar todo lo que uno tenía ya encima.
 
Sea una performance taurica, sea una corrida de toros –dicho sea en lenguaje menos avanzado–, sin la materia del toro bravo no hay quien pueda sostener en escena ese arte dramático que es el toreo. Y eso fue justamente lo que faltó y trajo causa al descalabro del festejo en el día del Santo Patrón.
 
Ya chocaba, de entrada, la enorme desigualdad de la corrida que se había seleccionado en escalera en Las Ramblas. Los había con pitones de eral adelantado frente a otros con defensas más ofensivas; los había hechos y derechos frente a otros que echaban de menos una hierba… Había de todo, como en botica;  lo triste es que ese todo era prácticamente en su integridad carente de raza, de clase, de fuerza… Vamos, de los elementos esenciales para que la bravura se haga presente. Se salvó el sexto, que tuvo buen son, mientras que le aguantó el fuelle, que no fue demasiado, porque ya a mediados de la faena de muleta cantó los síntomas del fin.
 
Con semejante descripción, de modo necesario habrá que concluir con palabras exculpatoria para los toreros. Si algo hay que reprocharles es que en algunos momentos se pusieran un poquito pelmas, aunque en aquellos pozos no había más agua. Dejaron detalles: media verónica magnifica y algún muletazo suelto, Juan Mora; una técnica excelente, Enrique Ponce, a la hora de tratar de meter en la muleta al quinto.
 
De la quema se salvó Castella, porque le tocó el hijo pródigo del grupo, el sexto. Mientras duró, hubo performance, porque el torero estuvo no sólo firme, sino muy reunido con el toro, llevándolo con inteligencia metido en la muleta molestándole lo justo. Luego dejó media estocada en buen sitio, pero que no fue suficiente; en el descabello se esfumó la segunda oreja. El francés se ha levantado de la cama con la misma presencia de ánimo de siempre.
 
Y mañana llega el llamado toro-toro, versión los adolfos. Corro turno en el comentario, que no anda la cosa para pronósticos precisamente. Más me interesa, lo reconozco, ver a Diego Silveti en la novillada matinal.
 
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Octava de la feria de Fallas
Valencia, 19 de marzo de 2011. Matinal
Más de tres cuartos de entrada, en una luminosa mañana. . Toros de Fermín Bohórquez, de juego desigual, los mejores tercero y quinto. Rui Fernandes, oreja. Andy Cartagena, saludos. Álvaro Montes, saludos. Sergio Galán, oreja. Leonardo Hernández, dos orejas. Manuel Lupi, silencio tras aviso.
 
Por la mañana asistimos a un muy entretenido festejo de rejones, en este caso con seis actuantes. Y ahí se vio un excelente toro de Fermín Bohórquez, lidiado en quinto lugar, al que supo aprovechar sobradamente Leonardo Hernández, con una actuación que sobre todo tuvo la verdad de buscar siempre el pitón contrario. Acertado a la hora de clavar, se le concedieron dos merecidas orejas.
 
También un trofeo se concedió, en el que abrió plaza, a Rui Fernandez por una faena siempre animosa y con ansias de llegar al tendido, Otro se concedió a Sergio Galán en el cuarto, ante el que se mostró sobrio, con el mérito de poderle a un toro muy parado, poco lucido para el toreo a caballo. También habrías recibido premio mayor Andy Cartagena y Alvaro Montes, si no llegan a fallar en el último tercio.
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Taurología

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