La Mesa del Toro decide volver a sus orígenes

por | 11 May 2013 | Reportajes

En su reunión del pasado 8 de mayo, la Mesa del Toro decidió volver a sus orígenes. No desaparece, como ha circulado por algunos corrillos taurinos, sino que sigue un cierto proceso de refundación para retomar el papel que en sus comienzos establecieron sus propios Estatutos. De esta forma, abandona la intento de constituirse en la plataforma profesional unitaria de toda la tauromaquia, un proyecto ambicioso al que sin embargo la división entre los sectores profesionales se ha encargado de hacer inviable.

Como se recordará, en el momento de su constitución, la Mesa del Toro tenía como objetivos la promoción y defensa de la Fiesta de toros como manifestación genuinamente cultural, así como el estudio, fomento y divulgación de la cultura y las tradiciones taurinas. Todo ello realizado en colaboración con instituciones tanto públicas como privadas.

No se trata, pues, de un papel sin relevancia; por el contrario, se trata de una misión importante pero diferente a la que en el último año se ha intentado impulsa.

Se volverá así la aquella Mesa del Toro que, por ejemplo,  en junio de 2008 llevó al Parlamento Europeo la realidad cultural, histórica e incluso ecológica de la Tauromaquia, en una exposición verdaderamente importante y que allanó más de un camino, en especial a la hora de contrarrestar las persistentes campañas de grupos animalista. En aquellos momentos, además, sirvió para desmentir los efectos de «el mal de las vacas locas» y «la lengua azul».

Mientras se mantuvo en este ámbito, las cosas rodaron razonablemente bien, con sus más y menos, en especial por razones internas, alguna de las cuales aún colea. Pero cuando, tomando pie de su naturaleza como federación de asociaciones taurinas, trató de potenciar y desarrollar una plataforma profesional común de todos los sectores, comenzaron los desacuerdos más profundos.

La historia de unos cambios frustrados

Es de recordar la reunión  que el 4 de noviembre de 2010 celebraron los principales empresarios y las primeras figuras con el propósito de refundar la Mesa del Toro, en la que consideraban que no estaban suficientemente representados. En aquella reunión se decidió modificar la estructura de la Mesa y de su propio sistema de financiación.

Pero transcurrió poco tiempo para que se comprobara que ni los propios refundadores se ponían de acuerdo en cómo hacerlo. Y así, ya en el mes de marzo 2011 se constató que no se daba el clima de unidad necesario entre  todos los sectores como para alcanzar la meta de contar con un organismo común: los intereses de cada sector se acabaron por imponer.

El problema de fondo no estaba en si la gestión que se realizaba de la Mesa era mejor o peor; el problema real no era otro que la diversidad tan profunda que se daba –y sigue dándose– entre los sectores que se sentaban a la Mesa. Y que como en toda Federación, actuaban en pie de igualdad, cuando en realidad eran profundamente desiguales en todo.

Siendo todos los oficios dignísimos y necesarios, no todos los partícipes en el hecho taurino tienen ni la misma misión ni la misma trascendencia. La Tauromaquia es una mesa que tiene tres patas necesarios, sin las que no se sostiene: el toro y quienes lo crían; los toreros, que se ponen delante, y los empresarios –también llamados organizadores– que hacen posible el espectáculo. Los demás son oficios complementarios por más necesarios que sean e incluso por más que contribuyan al propio arte del toreo.

No es hacer de menos a nadie, todos son necesarios; pero no todos tienen la misma función ni el mismo grado de responsabilidad, por más que les sea exigible el mismo grado de afición e incluso dedicación.

Quizás sea la propia singularidad de cada actividad taurina la que históricamente haya hecho realidad la falta de unidad en el toreo. Si a ellos se le mezcla la aparición, lógica y propia de los tiempos actuales, de otro tipo de reivindicaciones de orden laboral, por ejemplo, la unidad aún se hace más difícil. Sin ir más lejos ya están aflorando los primeros brotes, no precisamente verdes, en torno al sentido unitario de la Comisión Consultiva de Asuntos Taurinos, en el momento que se ha tenido que comenzar a seleccionar entre sus más de 50 componentes los seis o siete que conforman su Comisión Ejecutiva.

Pero la Mesa no debiera decaer 

Sin embargo, el hecho de abandonar la vía de convertirse en plataforma unitaria, como ahora se hace, no debiera suponer que la razón originaria que dio lugar a la Mesa del Toro haya dejado de tener vigencia. Las circunstancias que hoy se dan, cuando uno de los problemas principales de la Fiesta es la urgencia de su implantación social, incluso la hace más necesaria que en los momentos en los que se creó.

De hecho, si sus componentes se empeñan realmente en ello, esta vuelta a sus valores originarios debiera servir para reforzar su misión en el toreo de hoy. Será una misión ajena a la intrahistoria del toreo –esto es: a las relaciones de unos sectores con otros–, pero poder contar con una herramienta institucional dedicada al fomento y la protección de los valores taurinos nunca ha sido un empeño pequeño.

 

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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