La interpretación animalista y el cumplimiento de la Ley

por | 20 Jun 2018 | Punto de vista

Si nos atenemos a las definiciones que marca el diccionario de la Real Academia de la Lengua, el término “animalista” tiene dos acepciones, ambas con grandes similitudes.  Según la primera, se dice “del arte o de sus manifestaciones, que tienen como motivo principal la representación de animales”. La segunda se refiere al pintos y/o escultor que “cultiva el arte animalista”. 

 

Como se comprueba, ninguna de ellas guarda relación con su utilización más frecuente en la actualidad, que se refiere al movimiento por los derechos de los animales, como una ideología igualitarista busca equiparar al ser humano con los demás animales.

 

El actual ministro de Cultura, José Guirao, se refirió a este movimiento en términos inequívocos: “La especie humana, en su soberbia, ha olvidado casi todo lo que la hace humana. Utilizamos a los animales para comerlos, para el trabajo, los usamos para divertirnos, para maltratarlos innecesariamente. Está tan arraigado el desprecio por los animales y que son algo utilitario, que el reto es inmenso. Hay que cambiar esa soberbia de la especie que se siente impune para maltratar. Hay que empezar a considerar a los animales iguales, pero iguales en todo, en inteligencia, en sensibilidad, en derecho a la vida. La reflexión es que necesitamos un cambio antropológico radical, necesitamos una cura de humildad en la especie, esta especie que está dispuesta a acabar con todo no se sabe muy bien para qué”.

 

El anterior texto está tomado de la intervención que el ministro Guirao pronunció hace más de dos años durante el acto de presentación de la plataforma Capital Animalen Madrid. Como se ha escrito, el hoy ministro fue más allá de la defensa de los animales, en realidad viene a sostener que no existe una superioridad entre la especie humana frente a otras especies por el mero de hecho de serlo.

 

Naturalmente, una vez que tomó posesión de su nuevo cargo, al que corresponden por Ley las responsabilidades en materia de Tauromaquia,  tuvo que matizar este planteamiento. Y como hiciera su predecesor, de tan breve mandato, acudió a la tesis del respeto a la Tauromaquia en tanto que Patrimonio cultural de España. Luego resulta que, según su propia confesión, asistió en numerosas ocasiones a festejos taurinos. Con el paso de los años, todo lleva a pesar que poco queda de aquellas experiencias.

 

Quizá por eso no se refiere para nada al valor medioambiental y animalista de la crianza del toro de lidia. Y eso que sin la cabaña de bravo un área tan sensible como las dehesas estarían en muchos casos condenadas a la desertización y muchas regiones se verían abocadas a perder gran parte de su renta.

 

Se comprende que quien cree que el hombre y los animales son iguales “en todo, en inteligencia, en sensibilidad, en derecho a la vida”, no le puede resultar fácil entender la realidad del mundo del toro. 

 

Y así, entre otras cosas, le costará trabajo comprender que en su sentido más estricto los criadores de bravo son verdaderos y auténticos ambientalistas, que garantizan la continuidad y la sostenibilidad de una raza singular y propia de España, que sin su dedicación y su trabajo habría desaparecido del planeta.

 

Pero con sus planteamientos de un respeto cultural forzado por la Ley, poco cabe esperar de su gestión. A quienes mantenemos viva la pasión por la Tauromaquia y por el toro bravo, de poco le sirve una gestión pura y simplemente administrativa de unas competencias, que puedan acabar siendo meros tramites de la burocracia. 

 

En tan estrecho margen, difícilmente cabe cumplir lo que la Ley manda, que no es otra cosa que, como patrimonio cultural de nuestro país, la Tauromaquia hay que entenderla como “el conjunto de conocimientos y actividades artísticas, creativas y productivas, incluyendo la crianza y selección del toro de lidia, que confluyen en la corrida de toros moderna y el arte de lidiar, expresión relevante de la cultura tradicional del pueblo español. Por extensión, se entiende comprendida en el concepto de Tauromaquia toda manifestación artística y cultural vinculada a la misma” [art. 5 de la ley 18/2013, para la regulación de la Tauromaquia como patrimonio cultural],  de cuya salvaguarda deben ser las autoridades del Estado.

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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