La economía de la Fiesta

por | 22 Oct 2011 | Punto de vista

No sabemos si la fórmula comienza por abrir directamente un debate público acerca de lo que ganan las figuras, como han hecho los hermanos Martínez-Flamarique Labiano a través de su twitter @CHOPERATOROS. Probablemente no sea la mejor fórmula, sobre todo a efectos prácticos, que son los que interesan, por más que si colabore a tomar conciencia que la economía de la Fiesta debe plantearse sobre bases nuevas. Pero, en cualquier caso, parece evidente que, con crisis y sin crisis, los dineros de la Fiesta deben ser revisados muy seriamente; no se trata de una cuestión coyuntural, sino que responde a un problema estructural del toreo como espectáculo público.

Cuando fuera de los grandes ciclos feriados,  carteles con tres figuras no congregan más allá de medio aforo cubierto, resulta evidente que algo falla. Cuando no pocos ganaderos tienen que dar salida a camadas enteras casi al precio que sea, con tal de tener liquidez para pagar los gastos inmediatos, negar que algo no funciona bien es tanto como negar la evidencia. Cuando unos empresarios renuncian a la gestión de las plazas que regentaba, no fue precisamente porque estaban cansados de trabajar. Cuando, en fin, el número de espectáculos que se organizan desciende forma casi vertiginosa, parece indiscutible que los números no cuadran.

No resulta aventurado pensar que el problema es, como dicen los cursi, multidisciplinar; esto es, no depende de este o de aquel factor individual, sino que es la suma de muchos aspectos que se van acumulando hasta dar unos resultados poco soportables.

Con un punto de simplificación, se podría decir que es una de las consecuencias de la ausencia de media docena de figuras arrolladoras, porque cuando se anuncia a José Tomás las plazas de ponen a reventar. Pero el ejemplo no es ni real, ni cierto: José Tomás sigue sus propia estrategia muy selectiva y con un marketing distinto al que hacen los demás, que no todos pueden aplicar. Habría que ver cuales eran los resultados si el torero de Galapagar entrara en la lisa convencional de los demás profesionales. Pero esta realidad no debiera utilizarse en contra de quienes hoy forman la nómina profesional: se trata de un fenómeno que ha ocurrido en otras etapas históricas de la Fiesta.

Por el contrario, la realidad se centra en otro aspecto más nuclear: el distanciamiento creciente que viene produciéndose entre los costes globales del espectáculo taurino y la realidad económica de la sociedad española, junto a una circunstancia incontestable: la competencia que, como espectáculo público de ocio, hoy mantiene la Fiesta con un sin número de actividades  lúdicas, no pocas de las cuales son de bajo coste. Basta releer el programa de fiestas de cualquier ciudad para comprobar cuantos actos compiten con las corridas de su feria.

Una coyuntura económica como la anterior exige, en primer término, una nueva actualización de la gestión taurina, una modernización de los criterios y fundamentos de las empresas. No se rata de una experiencia nueva, sino que bien podría decirse que es un fenómeno recurrente. Pensemos, por ejemplo, en la situación de la Plaza de Las Ventas que heredó Manolo Chopera y el giro copernicano que dio a su gestión, de la que se han venido beneficiando quienes le sucedieron en la gestión.

Hoy el cambio deberá ser más profundo, en la medida que resulta ya ineludible modificar el modelo de la economía taurina de principio a fin. No deja de ser casualidad que este mismo fenómeno se viva en simultaneo en toda la geografía taurina, con la curiosa salvedad de Francia, que tiene un modelo distinto de organización y de gestión.

En este sentido, es la hora de que cuantos toman parte, de una u otra forma, en el negocio taurinos se sienten a hablar, en la medida que ya no caben soluciones parciales. Y así, pueden las Administraciones públicas bajar el canon de sus plazas o puede modificarse a la baja la fiscalidad, pero eso sólo no garantiza que la economía vaya a cambiar de signo. Hay que afrontar globalmente el hecho taurino, en lo económico pero también en lo social, y todo ello afecta desde luego a las instituciones públicas, pero afecta igualmente a los gestores empresariales, a los toreros, a los ganaderos, a las organizaciones de aficionados, etc.

En el fondo, es la hora de elaborar un verdadero plan de trabajo sobre modelo y estructura que hoy debe regir en la Fiesta. Hace casi diez años ya se hizo una propuesta en este sentido, a iniciativa de un grupo de críticos, que luego cayó en el vacío, no se sabe muy bien si por la tradicional desidia de los taurinos, o por cualquier otra causa. Aunque no se le quiera dar otro valor a aquella propuesta –que aún hoy tiene aspectos de gran vigencia–, en ella al menos se encuentra un guión completo del trabajo que debiera realizarse.

Mientras cada estamento taurino vaya a lo suyo, mientras que sigamos instalados en ese pequeño reino de taifas gremiales, la gravedad de la enfermedad económica de la Fiesta no tendrá solución. El empeño debe reconocerse que no es fácil. Tenemos el ejemplo cercano del intento que se hizo con la Mesa del Toro, que luego quedó en menos que nada. Pero o se aborda con decisión y sin rodeos, o al final la economía taurina, y con ella, la Fiesta, acabará siendo pasto de alguna suerte de rescates, como hoy ocurre con las economías occidentales.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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