La confirmación de alternativa de Manolete y el triunfo grande de Marcial Lalanda

por | 3 Feb 2013 | Retazos de Historia

“Ante Juan”, el mejor testigo”, titulaba su crónica Manuel Sánchez del Arco, “Giraldillo” en la crónica taurina en las páginas del ABC del 13 de octubre de 1939, dando cuanta de la corrida celebrada en Las Ventas la tarde anterior, en la que, de manos de Marcial Lalanda,  confirmaron su alternativa “Manolete” y Juanito Belmonte. Por delante, don Juan Belmonte había rejoneado un novillo de AP. El festejo fue triunfal. Y como para remarcar su carácter de acontecimiento, el crítico acude precisamente a ese título: todo aquello que se estaba viendo en el ruedo de la calle Alcalá estaba siendo atestiguado por el mítico Belmonte.

Y realmente lo fue grande. Escribe “Giraldillo”: “Una tarde de toros inolvidable, blanca piedra donde quedaron esculpidas tres faenas soberbias, y entre ellas, jinete que cabalga en un recuerdo, Belmonte, padre y señor, evangelista de un toreo nuevo, vencedor de lo imposible, domador del riesgo”.

Su  alborozo incontenido nacía de la vuelta ruedo que los actuantes dieron tras la muerte del quinto de la tarde. “Juan Belmonte, nuevo matador, continuador de las paternas glorias, alzaba en la diestra la oreja que había cortado en su primera tarde de matador. Marcial había obtenido un de sus triunfos más resonantes y Manolete había acusado los quilates del oro más puro, en seria orfebrería cordobesa”.

Y más adelante Sánchez del Arco recuerda: “Con el nuevo matador, compartiendo la ovación, venían Marcial y Manolete. Los tres llegaron ante Juan y como homenaje a la cumbre, a la cima que aureola la luz de los recuerdos mejores, el público quiso que los cuatro dieran la vuelta al ruedo. ¡Como se unieron allí el eslabón vivo de Marcial el pasado y el presente que está embriagado de futuro! Y los cuatro, Juan Belmonte, su hijo, Manolete y Marcial recibieron uno de los mayores más rendidos homenajes que se han tributado en el ruedo de Madrid. Tres tiempos, tres maneras y tres menciones geográficas: Sevilla, Madrid, Córdoba..

Se lidiaban aquel 12 de octubre, en la que se anunciaba como la Corrida de la Beneficencia, un novillos y seis toros de Antonio Pérez, que según el cronista pelearon bien con los caballos, aunque algunos “fueron castigados son exceso y puede apreciar ciertas “habilidades” en los piqueros”. Y complementa su descripción: “el novillo tardeó en los primeros momentos, pero luego se creció. El primer toro de Manolete, aplomado y a la defensiva, fue el peor. Los demás, manejable. En cuanto a presentación, con decir que acusaron el tipo de la casa, está dicho todo”.

La confirmación de Manolete

A Manuel Rodríguez le correspondió su confirmación con el segundo de lidia ordinaria, con ese toro a la defensiva que reseñaba Sánchez del Arco, quien ya de entrada escribe: “en la asombrosa tarde de ayer, Manolete, serio, torero que se aísla tal como si en el mundo, cuando el torea,  no hubiera más que él y el toro, asombró al público de Madrid”.

Pues según describe el cronista, frente a ese toro incierto y aplomado, Manolete “consintió mucho y dio unos ayudados por alto soberanos. Era aquella una faena de muleta como se ven muy pocas. ¿Manolete torero nuevo? Toda la sabiduría cordobesa estaba allí”. La espada en esta ocasión no le funcionó, necesitando de un pinchazo, dos estocadas de suerte varia y un descabello.

Sin embargo, lo grande vendría con el ultimo de la tarde. “Ya había hecho quites muy buenos, sobre todo uno en el cuarto de la tarde. Toreo muy bien de capa, pero falta lo definitivo, lo que en una sola tarde le ha consagrado. Se llevó al toro muy a los medios y allí embebido en la faena, toreó de manera asombrosa. ¡Gran estilo de muletero! Toreó con ambas manos, destacando cinco naturales. Unos molinetes, unos adornos justos, sin descomponer su línea sobria, impecable. Aún no se había perfilado para matar y ya pedían la oreja los espectadores, borrachos de entusiasmo. Citó a recibir y pinchó a un tiempo. Dos pinchazos más, muy recto y a volapié y después una estocada. Entonces se desbordó el entusiasmo de los espectadores y entre clamores vivas a Córdoba. Manolete cortó las dos orejas”.

El resto de una tarde grande

Pero no sólo fue Manolete. Toda la tarde tuvo su historia. Cuenta “Giraldillo” que don Juan Belmonte dio la vuelta al ruedo, tras rejonear y pasar de muleta al toro que abría plaza, al que mató pie a tierra de un pinchazo bien señalado y una estocada.

Juanito Belmonte Campoy estuvo valentísimo con el toro de su confirmación, que le cogió de mala manera y le destrozó la taleguilla, porque durante toda la tarde actuó con el pantalón de un monosabio. El éxito más destacado le llegó con su segundo, al que le cortó una oreja: “Tres pases por alto, muy buenos, y dejó que se refrescara el enemigo. Y luego vino una serie de pases de calidad. Iba todo el toro detrás de la muleta. La mano del torero mandaba en el toro –en todo el toro–, allí no había trampas efectistas de esas que nos tienen hastiados y sin ilusión. Hubo un asombroso molinete. Vibraba el concurso entusiasmado. Un pinchazo y un estoconazo, al que siguió un certero descabello a pulso. Y fue entonces la ovación y la oreja”.

“Qué decir de Marcial?”, se preguntaba el crítico ya en la parte final de su crónica, para después de pormenorizar el quite provincial que le hizo a “El Tigre” –al que libró de una cornada segura–, darse así mismo la respuesta con lo que había ocurrido en su primero: “Comenzó con dos pares de rodilla, de esos que a falta de calificativo más preciso se les llama escalofriantes. Toreó luego al natural, se hincó de rodillas, dio el de la firma-…¡Todo un curso de toreo! Marcial, cargado de triunfos, se estimulaba noblemente y sacudía su habitual desgano en honor a sus ahijados. ¡Cuando quiere es el más grande, o uno de los más grandes para ser más exacto! Dio una estocada muy buena  que mató y cortó las  orejas y el rabo”. En su segundo fue ovacionado.

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