La Casa Chopera llega a un fin de etapa en Bilbao, tras más de 60 años al frente de Vista Alegre

por | 18 Jul 2018 | Informes

Las próximas Corridas Generales de Bilbao  serán las últimas en la que de forma directa aparezca  como organizadora –con distintas formas mercantiles– la Casa Chopera. Será el abono 65 de los que han montado en la capital vizcaína, pero será el último que organice por adjudicación directa de la propiedad del coso. A partir del próximo otoño, como la plaza saldrá a concurso público  –ya regido por la Ley de Contratos Públicos–, convocado por el Ayuntamiento, si quieren continuar será ya compitiendo con otras empresas en las ofertas, asumiendo los riegos de las pérdidas o el beneficio de las ganancias.

 

Como es natural en tan dilatado periodo, se localizan luces y sombras en la gestión. Pero siempre han destacado dos figuras muy relevantes en el empresariado taurino: don Pablo Martínez Elizondo y su hijo Manolo Chopera, que es quien durante más temporadas estuvo al frente de la plaza.

 

Desde su juventud muy ligado al mundo del toro –comenzó siendo monosabio en la antigua plaza de donostiarra– don Pablo Martínez Elizondo (Tolosa, 1894-Pamplona, 1968) se inició siguiendo con sus hermanos Antonio y Manuel las actividades de su padre, don Severino, que destacó como contratista de caballos y transportistas de toros de lidia. De ahí dio el salto a la organización de espectáculos taurinos, en lo que llegó a ser un número 1.

 

La crisis de los años 40 y 50

 

En Vista Alegre comienzan a raíz de la crisis de espectadores y de ingresos que sufren las Corridas Generales en la última parte de la década de los años 40. Cuando en 1949 la Junta Administrativa entra en pérdidas  –150.000 pesetas de las de entonces–, para las dos temporadas siguientes acuerdan con don Pablo la organización del abono. Remonta en algo la captación de espectadores, pero no lo suficiente, entre otras cosas por la climatología adversa del año 1951.

 

Fue entonces cuando la Junta aceptó la propuesta por dos años de lo que se denominó Grupo Club Cocherito –integrado por destacados bilbaínos que militaban en este club–, gracias al cual la Plaza de Vista Alegre sale de su profunda crisis.  De un aforo cubierto del 45,1% en 1951, se pasó a más del 85%.   Pero cambiante de criterios, para las temporadas de 1954 y 1955 la Junta se ajustó con la entonces Empresa de Madrid.

 

Fue a partir del concurso privado que se organizada en el otoño de 1955 cuando ya la plaza pasa a estar gestionada por los Chopera de forma ininterrumpida desde 1956 hasta este 2018. Hay que tener en cuenta que la plaza bilbaína era de titularidad privada, por lo que tenía una gran libertad a la hora de contratar la gestión: no estaba  obligada a cumplir las normas de la contratación pública.

 

Pues bien en ese concurso de naturaleza privada que convoca la Junta  Administrativa, surgió una gran polémica. Se presentaron 12 plicas diferentes y la propiedad no elige a la que ofrecía una cifra más alta –que era la de Grupo Club Cocherito–, sino que decide otorgársela a los Chopera, aunque su oferta era inferior en 380.378 pesetas y se había calificado como 4ª entre todas las ofertas. La decisión generó una sonora polémica en la prensa local, encabezada por La Gaceta del Norte, mientras su entonces competidor silenciaba el asunto. 

 

A partir de aquel mes de noviembre de 1955 las Corridas Generales han sido cosa de la Casa Chopera, cuya gestión pasó mediados los años 60 a manos de los hijos de don Pablo,  Manolo y Jesús Chopera, que en una primera etapa estuvieron acompañados por sus primos José Antonio y Javier Martínez Uranga, hasta que ambas ramas familiares separaron sus negocios.

 

Cuando cambia la propiedad 

 

Pero llegó la crisis. No era  nada particular de la Casa Chopera: era la crisis y la inestabilidad que afectó al conjunto de la Tauromaquia de la época.  Cambiaron las circunstancias en América y Francia, pero sobre todo en España, donde  se vive una etapa compleja a partir de mediados de los años 70, que si políticamente tuvo el gran acierto de la Transición, para el mundo del toro trajo no pocos  motivos de preocupación. 

 

Aunque de forma algo más tardía, en esa dinámica la crisis se agudizó en Bilbao, coincidiendo con la nueva etapa política, que entre otros efectos provoca que la Plaza de Vista Alegre pase a ser propiedad en un 50% del Ayuntamiento, que hereda el Antiguo Hospital Civil –de naturaleza privada y copropietario del coso con la Casa de Misericordia–, que había entrado en trance de desaparecer, entre otras cosas por unas inversiones de alto riesgo, que acabaron por no poder asumir. Para evitar semejante pérdida, que para la vida de Bilbao era y es muy principal, la titularidad del centro hospitalario se traspasa a la Corporación municipal, que sin habérselo propuesto se encuentra con esa propiedad compartida.

 

Modificada en su mitad la Junta Administrativa, a quien correspondía desde que los promotores de la plaza la donaron a finales del siglo XIX, pierden en gran medida su influencia los representantes de la sociedad de Neguri –que hasta entonces eran mayoritarios–; lo que queda de los antiguos gestores pasan a tener que trabajar conjuntamente con los representantes políticos del Ayuntamiento.

 

No es cosa de entrar aquí  en la memoria histórica de todo aquel proceso, que no resultó ni fácil ni siempre acertado. Pero es lo cierto que los sucesivos alcaldes de Bilbao –desde Jon Castañares, José María Gorordo, Josu Ortuondo…, hasta llegar al recordado Iñaki Azkuna– fueron  muy respetuosos  y apoyaron la gestión de Vista Alegre, de la que pasaron a ser Presidente natos. 

 

Pero ya las cosas no podía ser como hasta entonces: la mitad de la Junta Administrativa quedaba ya pendiente de las sucesivas mayorías municipales que fueran saliendo de las urnas. Con todos ellos se fue entendiendo la Casa Chopera, para mantener la gestión.

 

La crisis 

 

Sin embargo, con anterioridad, a finales de los años 70, la Plaza –mejor dicho: las Corridas Generales– habían entrando en crisis. Lo que antes eran beneficios ahora se convierten en número rojos. Todo ello era fruto no sólo a las nuevas circunstancias políticas, sino sobre todo a lo que la historiadora Laura del Rey definió como “el  decaimiento social” de la afición a los toros en la villa vizcaína.

 

Por entonces regía el último contrato suscrito por Manolo Chopera y la Junta Administrativa, según el cual en 1976 la empresa abonaba a la propiedad un canon de 13 millones de pesetas, más el 33% de la recaudación bruta que excediera a los 30 millones. Se firma para cinco años, con un sucesivo incremento del canon, que para la temporada última, la de 1980, alcanzaba los 14 millones, además del referido 33%.

 

Pero los números no cuadraron. Por eso, las condiciones del acuerdo de la Junta Administrativa con la Casa Chopera se modifican: la Junta pasaba a ser la entidad mercantil responsable a todos los efectos de las actividades taurinas, en tanto los Chopera pasaban a ser los asesores externos –con distintas denominaciones según las etapas– de la Plaza, por lo que se les retribuye con un % variable en función de los ingresos registrados en taquilla.

 

En una buena medida, esta nueva fórmula de gestión discurrió ya bajo la responsabilidad de los hijos de Manolo Chopera, Oscar y Pablo Martínez Labiano, que se hicieron cargo a comienzos de los años 2000 de los negocios familiares cuando  enferma el mítico empresario. 

 

En el contrato actual, que comprende las cinco temporadas de 2014-2018, la Empresa Chopera tiene estipulado por su labor como asesores  un ingreso suelo mínimo de 72.000 euros, en el caso de que el porcentaje que le corresponde sobre los beneficio de explotación de los toros  no llegara a alcanzar esa cifra.  Pero se incluyen los posibles incrementos sucesivos en función de resultados. 

 

Se trata del contrato del que años más tarde el alcalde de Bilbao se lamentará, porque contiene una cláusula indemnizatoria a percibir por la empresa Chopera en caso de una resolución anticipada. Aunque no se ha hecho pública la cantidad, el edil bilbaino aseguró que se trataba un importe tal que financieramente no podía afrontarse. Es por lo que la decisión del cambio de gestión se tuvo que demorar en dos años, hasta dejar que expirara aquel contrato, algo que ocurrirá a finales de la actual temporada.

 

El nuevo concurso público  

 

La corporación municipal ya tiene preparado el borrador de la convocatoria del nuevo concurso público, materia que dirige en la actualidad el concejal Tomás del Hierro, que vino a sustituir en esta responsabilidad a Ricardo Barkala, cuando éste fue nombrado presidente del Puerto de Bilbao. 

 

Del concurso tan sólo se conocen dos factores importantes: que se regirá por la Ley de Contratos Públicos y que la empresa que resulte ganadora se deberá hacer cargo de los gastos de reparación y mantenimiento de las instalaciones del coso. Aunque no se han difundido, es el propósito del Ayuntamiento establecer algunas salvaguardas sobre la prioridad que se concede a la explotación taurina de la Plaza y sobre el mantenimiento de las tradiciones de la capital vizcaína. Lo demás ya queda pendiente del contenido de las plicas que concurran a esta convocatoria pública.

 

Aunque en la actualidad no gocen de su mejor imagen en la capital vizcaína, ni sus apoyos en algunos sectores de la Junta Administrativa tengan ya peso suficiente,  nada impide que los hermanos Pablo y Oscar Martínez Labiano –con el grupo mexicano de Alberto Bailleres, o sin él– opten a continuar en Vista Alegre. Lo que ya no será posible de reeditar es el régimen anterior: ahora ya no habrá libre y directa adjudicación, sino que tendrán que competir con todos los demás empresarios que se interesen por la Plaza. Pero para ellos mantener Bilbao será muy importante, porque hoy por hoy es la única plaza verdaderamente relevante en la que están presentes.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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