Juanita Cruz y la lucha por su derecho a torear

por | 9 Ago 2014 | Retazos de Historia

El 1932 Juana Cruz de la Casa[1] (Madrid, 1917-1981) cumplió los quince años de edad justo cuando se cumplían cuarenta temporadas sin que las mujeres pudieran torear en las plazas de toros españolas. En junio de ese mismo año la aspirante madrileña convirtió en realidad el sueño de estoquear un becerro en publico, en la plaza de León, gracias a la permisividad y benevolencia del gobernador provincial, muy aficionado a la fiesta brava.

Ya miembro activo del escalafón novilleril, Juanita acudió al coso de Cabra en el mes de febrero del año siguiente (Manolete y Bebe Chico). Sufrió una furibunda crítica antifeminista, que no le impidió repetir comparecencia en el mismo recinto el Domingo de Resurrección (con reses de Gamero Cívico). Esa temporada la Veneno de Pardinas sumó 32 actuaciones en coliseos tan acreditados como los de Córdoba y Málaga, a pesar de las permanentes descalificaciones machistas que le dedicaba una parte de la prensa especializa, entre las que se incluía la omisión de su nombre.

El curso de 1933 los representantes legales de la torera madrileña pusieron en marcha una campaña dirigida a exigir el cumplimiento estricto de los derechos que la constitución republicana la otorgaba. Su apoderado y futuro marido inició una campaña de recogida de firmas tendente a reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres estoqueadoras, iniciativa que contó con el apoyo de Marcial Lalanda, que avaló con su firma el derecho de la novillera a torear. Domingo Ortega se negó a rubricar idéntico escrito.

Una vez que Juanita Cruz consiguió imponer sus derechos constitucionales –previa reforma del Reglamento Taurino–, una vez que el director general de Seguridad, Rafael Salazar Alonso, autorizó oficialmente la práctica del toreo femenino. La temporada de 1934 Juanita se vistió de luces en 53 ocasiones. A finales de julio, otra aspirante del género femenino, la aragonesa Pilar Tirado, que solo buscaba la fama, se convirtió en la primera espontánea femenina la tarde que se arrojó al ruedo de Zaragoza en el turno de Juanita Cruz, previa conversión de su bata de vestir en un capote de brega.

En la temporada de 1935, Juanita sumó 50 funciones con picadores desde su presentación en Granada el 5 de mayo de 1935 (Antoñete Iglesias y Joselito de la Cal y novillos de Perogordo). Ese curso tuvieron especial relevancia sus dos actuaciones consecutivas en el ruedo madrileño de Carabanchel, en esos momentos bajo los auspicios de José Escriche[2], quien colgó el cartel de “No hay billetes”.

El jueves 2 de abril de 1936 (Niño de la Estrella, Miguel Cirujeda y Félix Almagro), la lidiadora se presentó en Las Ventas con reses de las igualmente mujeres ganaderas Carmen de Federico y María Hernández, viuda de Aleas. A pesar de que el empresario Eduardo Pagés no confiaba en exceso en la espada de la Avenida de la Plaza de Toros, a su primer enemigo le cortó una oreja, a pesar de que resultó volteada y con el traje-falda destrozado, además de lesionada en la mano izquierda en el momento de entrar a matar. Fue necesario interrumpir la lidia el tiempo preciso para que le curasen en la enfermería. Una vez más, el machismo imperante quedó al descubierto tras comprobarse que todas las placas fotográficas que al día siguiente transmitían los diarios madrileños estaban sospechosamente tomadas en los momentos más deslucidos de su actuación.

Tras su triunfal presentación en la capital de la República le llovieron los contratos por doquier. Cuando las hojas del calendario alcanzaron el 18 de julio Juanita sumaba dieciocho festejos pasaportados. Camilo José Cela dejó constancia de las peculiaridades que ofrecía el toreo femenino en las jornadas prebélicas:

 A Juanita Cruz señorita torera le dieron un aviso en Valladolid, lo pone el periódico, la verdad es que tuvo poca suerte con el ganado que le salió mansurrón, a la Amanda Ordóñez le gusta más Enriqueta Palmeño, ¡dónde va a parar!, y la rejoneadora Beatriz Santullano, que monta a caballo como Dios, parece una centau­ra, no se dice centaura, bueno pues una amazona” [3] .

Los días 20 y 21 de septiembre Juanita ofreció sus dos últimas representaciones en los circos leales de Cartagena y Vista Alegre. A finales de mes, sus padres, junto a su apoderado, consensuaron que lo más conveniente para sus intereses profesionales era aceptar las ofertas que tenía para viajar a las plazas americanas, de manera que los primeros días de octubre la diestra abandonó la Península Ibérica a través de Port Bou camino del puerto de Boulogne-sur-Mer, donde embarcó en un transatlántico rumbo a Venezuela.

[1] Juanita Cruz nació en la calle de Jorge Juan de Madrid –entonces la Avenida de la plaza de Toreros–, muy cerca del coso de la carretera de Aragón, en el que presenció numerosos festejos sentada en la meseta de toriles en compañía de su amiga Encarna, hija del carpintero de la plaza en la que ambas jugaban desde niñas.

[2] José Escriche Asensio, empresario valenciano, era uno de los miembros de la Asociación de Empresas de Toros de España, que regentaba la de Córdoba. En los años sesenta, cuando Manuel Benítez “El Cordobés” se presentó con picadores en Los Tejares, Escriche continuaba al frente de la plaza. Con anterioridad se había ocupado de la gestión del coliseo madrileño de Vista Alegre –del que llegó a ser propietario–, de la plaza de Valencia –en los años treinta– y de las de Jerez, Aranjuez, Albacete (1935)…, y parcialmente de La Maestranza sevillana.

Tras el final de la guerra civil se convirtió en un acérrimo enemigo de Pepe Cámara, apoderado de Manolete. En el mes de julio de 1939 ofreció una de las primeras oportunidades a Luis Miguel Dominguín en la plaza cordobesa en una novillada nocturna (este, tras el éxito obtenido, repitió actuación en el mismo redondel), tarde en que brindó un utrero a Guerrita. Escriche, que residía en la capital andaluza, sufrió una grave dolencia ocular que le dejó ciego y retornó a Valencia, donde falleció en 1974.

[3] Camilo José Cela. San Camilo 1936. Alianza Editorial. Alfaguara, 2003.


El autor
Antonio Fernández Casado, empresario y escritor, que ha colaborado periodísticamente con numerosos medios como especialista en temas taurinos, es autor de los libros  de éxito, como: "Toreros de Hierro" (Diccionario de toreros vizcaínos); "Castor Jaureguibeitia Ibarra, Cocherito de Bilbao"; la "Guía histórica de fondas, posadas, hoteles, restaurantes, tabernas y txakolís de Bilbao" y “Diccionario Taurino Guipuzcoano” (de la plaza de toros de Arrasate al torero pintor Zuloaga). En estos días ha presentado sus dos nuevos trabajos: “Bizkaia Taurina (Plazas de toros vizcaínas)” y “Zacarías Lecumberri. El estoqueador aventurero”. Su último trabajo publicado se refiere al área empresarial: “Manual práctico de dirección de hoteles, marketing y ventas online del siglo XXI”. Ahora tiene en preparación un nuevo libro taurino: “Garapullos por Máuseres” (Las corridas de toros en la Guerra Civil, 1936-1939), que publicará Editorial La Cátedra Taurina.

 

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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