Juan José Padilla y Roca Rey, esa tarde soñada que se vivió en Pamplona

por | 13 Jul 2018 | Temporada 2018

PAMPLONA. Séptima de la feria de San Fermín. Lleno a rebozar, en una tarde con intermitencias de lluvia y sol. Toros de Jandilla (Borja Domecq), bien presentados y ofensivos, de notable juego. Juan José Padilla (de blanco y oro con remates negros), dos orejas y una oreja tras un aviso. Cayetano (de azul celeste y oro), ovación y una oreja. Andrés Roca Rey (de gris plomo y plata), una oreja y dos orejas.

Resultó apoteósica la salida a hombros de Padilla y Roca Rey, al grito de “Padilla quédate”.

 

Una grandiosa tarde de toros. De las que se recodarán por mucho tiempo. Y ni un gramo de triunfalismo; lo de este viernes en Pamplona rezumaba verdad por todos los poros. Ni de diseño sale algo tan completo. No ha podido tener una despedida más esplendorosa Padilla de esta plaza, que es la suya desde finales de los años 90. Pero tampoco hay programador que planifique una más rotunda entronización de Roca Rey en estos feudos forales.

 

La base, naturalmente, estuvo en una completa corrida de Jandilla. A falta de la de Miura, la más completa con notable diferencia de esta feria. Muy pareja de presentación, seria y ofensiva por delante y, en su diversidad, de un juego muy notable. El que abrió la función, ªDecano” de nombre, puede a aspirar a ser el toro de la feria: encastado, con fijeza, bueno ante el caballo –excelentemente picado por Adventus–, noble y repetidor. Pero todos tuvieron alguna o varias bondades. Y así, resultó noble el 2º aunque decía menos; tuvo movilidad el 3º aunque con menos virtudes;  abundó en calidad el 4º;  mantuvo un tono alto el cinqueño que hizo 5º y fue muy exigente pero con  recorrido humillado el cinqueño que cerró la tarde. Para fortuna del ganadero, lo lidio una terna que, además de lucir sus toros, los manejó con muy buena mano.

 

Con los antecedentes del percance de Arévalo a comienzos de esta misma semana, su Pamplona esperaba exultante de cariño a Juan José Padilla. La respuesta del jerezano, en tantos momentos al borde de las lágrimas, no pudo ser más rotunda. Fue el Padilla de siempre, pero en esta ocasión sacó a pasear toda la torería que lleva dentro, que no  es poca. Qué forma de templar a los toros, cómo los llevaba por abajo hasta muy detrás de la cadera, qué buena colocación siempre para darle unidad a las series.

 

Especialmente con ese excelente “Decano” se pudo ver a Padilla en una dimensión tremenda. Luego tenia que acudir, debía a hacerlo para satisfacción de sus pamploneses, a un toreo más de valor, a los adornos y rodillazos. Pero hasta esta parte, si se quiere más superficial de su faena, tuvo empaque. Como todo lo rubricó con un espadazo  arriba, las dos orejas estaban cantadas. Con el cuarto volvió a estar a buena altura. Hubo tres series sobre la mano derecha, llevando muy embebido a su enemigo, que tuvieron usía. Otra estocada arriba y la tercera oreja que cayó, en medio del delirio de las Peñas. Y de la sombra.

 

Qué forma tan bonita de despedirse de una afición, que se hizo suya desde aquel día primero cuando le cortó las dos orejas a un Miura. Y qué fidelidad la de una afición que siempre ha estado con el de Jerez. Lógico que a Padilla se le viera tan conmovido cuando abandonó la Plaza. Será uno de esos recuerdos que arrumbaran muchas penalidades del pasado.

 

Roca Rey rompió la plaza hace poco más de 48 horas. Hoy ha confirmado un reinado que puede durar muchos años. La verdad es que la verticalidad y la firmeza del torero limeño, apabullan; no se le ve fondo al sereno valor de este torero. Pero como tiene una cabeza, una intuición también, muy bien amueblada, cada día asombran más sus formas de hacer el toreo, cada día más depurado, más autentico. Un progreso continuo a la hora de someter a los toros, de añadir nuevos enteros a una muñeca prodigiosa para el temple.

 

Importancia tuvo la forma con la que se fajó con el exigente 6º, un cinqueño de inicios un tanto descompuestos, que exigía una mano muy firme y con corazón entregado. Roca Rey puso ambas sobre la arena, para construir una faena poderosa, muy reunida y con unos trazos de mucha nota. Dejó patente que lo suyo es ser primera figura. 

 

Pero ya en su primer turno dejó su esplendorosa tarjeta de visita. ¡Qué grandioso quite con el capote!. La faena, basada sobre todo sobre la mano derecha, fue in crescendo, hasta culminar con una serie rotunda. Sin mover una ceja cerró con unas bernardinas ajustadísimas. 

 

A ambos los mató con mucha verdad; en su primero, precedido de un pinchazo en buen sitio. Y todo ello, como sin echarle cuenta al fortísimo pitonazo que le recetó el 3º en el costado izquierdo, al inicio de la faena, que le dejó toda la tarde doliéndose.

 

Pero también volvieron a convencer en Pamplona las formas de Cayetano. Su faena al 5º, tuvo momentos excelentes toreando sobre la mano derecha, muy cargada la suerte y con muletazos limpios y hasta el final. Una estampa muy rondeña. La oreja fue muy válida. 

 

El geniudo comportamiento de su primero plateaba otras dificultades. Pero Rivera Ordoñez supo plantarle cara, en una faena que discurrió de menos a más. 

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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