José Tomás y Morante: Elogio y refutación de la quietud

por | 7 Ene 2013 | Literatura taurina

"Elogio y refutación de la quietud," de Antonio José Pradel Rico, es la primera novedad editorial de temática taurina publicada en 2013. Se trata de una reflexión sobre el paradigma de parar en la tauromaquia fijándose en el toreo de dos toreros muy contrapuestos: José Tomás y Morante de la Puebla.

De los tres paradigmas que conforman el canon en Tauromaquia –aquello que desde antiguo se resumía en parar, templar y mandar–, para el autor quizá sea el primero de ellos, el más incierto y enigmático.

Por eso se interroga: ¿qué es exactamente lo que se para?, ¿se para el toro? ¿Se para el torero?,  ¿se para el tiempo cuando se torea con temple, mando y arte?

Dos matadores de toros significadamente diferentes como son José Tomás y Morante de la Puebla dan soporte al conjunto de la reflexión estética que en torno a esta cuestión realiza Pradel Rico se a la hora de indagar en ese sugerente concepto de la quietud en Tauromaquia.

Uno, el torero quietista por antonomasia; el otro, el torero de arte por excelencia en el siglo XXI. Sin embargo, a pesar de las diferencias manifiestas, estos dos artistas comparten algo sustancial que el autor va desgranando a lo largo de su libro.

Resulta indudable que estamos ante dos toreros que representan otras formas, diferenciadas  y a la vez pero complementarias, de entender el arte del Toreo. Cada representa una forma particular y genuina de vivir y transmitir el  arte. José Tomás, el torero de valor con más arte en la reciente historia de la Tauromaquia; Morante, el torero de arte con más valor que recuerdan los aficionados.

En este hipotético “mano a mano”, que en el relato de Antonio J. Pradel está lleno de matices, con sus luces y sus sombras, el autor vislumbra una nueva Tauromaquia para el futuro.

Confiesa el autor ser un ferviente partidario del torero de Galapagar. Pero eso no es óbice para que reconozca que “por regla general, todas las grandes figuras del toreo acaban generando a su alrededor —muy a su pesar, en la mayoría de los casos— toda una corriente de opinión compuesta por esa es- pecie de partidarios o hinchas intransigentes que para resaltar las bondades de su ídolo echan por tierra las cualidades manifiestas de los demás toreros. Esta actitud es, sin duda, de malos aficionados. Por lo que a mí respecta me considero más bien seguidor de esa máxima que dice: «El buen aficionado es aquel al que más toreros le caben en la cabeza».

Y apostilla: “Decantado claramente, en principio, hacia el concepto de toreo expuesto en su día por el de Galapagar, sin embargo, pronto me empezó a rondar por la cabeza (musarañas) y por el estómago (duendes) un extraño gusanillo. Se trataba de una emoción muy particular que yo no sabía entonces a qué obedecía. Esto ocurría siempre que le tocaba el turno al torero sevillano. Desde que, ya de novillero, Morante de la Puebla empezó a despertar el interés de los aficionados partidarios del denominado toreo de arte, tuve la leve sensación primero, y la absoluta convicción después, de que este torero era verdaderamente especial, único, diferente a todos los de- más por muchos motivos que luego iremos señalando. Empecé, por tanto, siendo partidario de José Tomás pero el que me gustaba de verdad (aunque entonces aún no lo sabía, o no quería reconocerlo) era Morante. Hoy me considero partidario de los dos, y es precisamente de esta larga y pausada reconciliación de donde surge el presente ensayo. Memoria o escrito que se pretende presentar con vocación de ser una especie de «armonía de contrarios».

Mantiene Pradel Rico que cuando se iniciaba la irrupción en los ruedos del torero de Galapagar, le emocionó su quietud, -“signo inequívoco de un valor extraordinario —sideral, habría que decir en este caso— para torear de verdad”,  pero luego transmutó ese sentimiento por el de su genuina afición: viene a decir el autor que “no competía con sus compañeros de terna, sino con los mitos del toreo que poblaban sus sueños de ser figura”.

Y al acercarse a la figura de Morante, deja constancia, de partida, de que estamos ante “un torero diferente porque no se parece a nadie, o mejor dicho, porque nos recuerda en algún momento a todos los toreros artistas que le han precedido en la historia de la tauromaquia del último siglo”.

Cuando se da la conjunción de ambos toreros, Pradel Rico nos recuerda una gran verdad: “no se puede concebir a un figurón del toreo sin su otra cara, su reverso, su doblez, su sombra. En efecto, no se puede concebir a Lagartijo sin Frascuelo, a Joselito sin Belmonte, a Pepe Luis sin Manolete, a Morante sin José Tomás. Es en el afilado contraste donde se agudizan definitivamente los perfiles, y los estilos de cada cual adquieren entonces mayor nitidez y claridad en su expresión. Y ni siquiera es necesario que entren en competencia directa, como sucedió en su momento con Pepe Luis y Manolete, por ejemplo. Los aficionados tienen ambos estilos en la cabeza y los comparan y contrastan inconscientemente”.

Sobre estos mimbres básicos construye su ensayo el escritor madrileño, un trabajo que se lee con gusto, y no sólo por que esté bien construido, sino porque trae hasta el presente del aficionado conceptos siempre vigentes.

►El autor: Antonio José Pradel Rico (Madrid, 1975) tiene formación en Bellas Artes e Historia del Arte. Ha publicado diversos artículos y ensayos sobre estética y pensamiento contemporáneo en las revistas «Orbis Tertius» y «Arte, Individuo, y Sociedad». También es colaborador habitual de «Cuadernos de Tauromaquia». En sus escritos taurinos se aúnan los conocimientos sobre arte y estética con la pasión por los toros y el flamenco.

Elogio y refutación del toreo",
Antonio José Pradel Rico.
232 páginas.
Ediciones Bellaterra.
PVP 15,00 €. 

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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